La Memoria

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Los recuerdos son extraños. Mirar al pasado es raro, porque realmente no recordamos lo que pasó de verdad. ¿Qué pasó realmente? Me lo pregunto muchas veces, qué es verdad y qué es producto de nuestra mente. La cantidad de veces al día que nos confundimos y acabamos inventando cosas que realmente no sucedieron son demasiadas.  Luego discutimos por la razón, por ver quién revive de manera más “objetiva” lo que pasó. Lo que se dijo y lo que se dejó de decir. A veces no recordamos cuáles fueron exactamente nuestras palabras. Recordamos transmitir un mensaje distinto al que dimos. Ya no hablo de palabras exactas, si no directamente del contenido del mensaje. Lo curioso es que nos pasa a todos. Entonces, ¿por qué tenemos tanta confianza ciega en nuestros recuerdos?. ¿Por qué construimos nuestra personalidad y nuestra realidad en torno a ellos? Supongo que no hay realmente una forma más eficaz de hacer las cosas, que es la que nos queda y la que nos dió la naturaleza. Entiendo la base biológica, los recuerdos con carga emocional, impactantes, que nos duelen o que nos dan miedo; incluso aquellos que nos dan placer o alegría son los que mejor se conservan. Lo que no entiendo es por qué cada vez que recordamos algo tenemos que distorsionarlo. Somos máquinas imperfectas, será esa es la mejor explicación, aunque no me quedo conforme. La magia de la naturaleza y la orquesta en sintonía que puede latir durante años, años y años… no es capaz de recordar cosas ni una sóla vez exactamente como sucedieron. Qué irónico. Con lo que puede cambiar la vida. Amoldamos nuestros recuerdos para que se ajusten a la realidad mental que tenemos construida, necesitamos que tenga sentido toda la parafernalia que nos montamos. Y a veces cuando revivimos nuestros recuerdos los acabamos cambiando para que se amolden a nuestras propias expectativas.  Pienso en cuántas veces me ha pasado a mí, y cuántas de estas veces me habrán cambiado drásticamente la vida. Deduzco también que es acumulativo, no es que una vez entendiera mal que mi padre me odiaba cuando no tocaba. Es que lo entendí muchas veces, tantas que me lo creí. Me pregunto hasta qué punto sería mejor que funcionásemos como una IA. Como ordenadores que almacenan datos, como se postuló en teorías pasadas. Careceríamos entonces de sentimientos entiendo. Porque, realmente, esta modificación de las memorias, estos “errores” al codificar, al recuperar y al volver a codificar las memorias, son producto de nuestros sentimientos y emociones. Le insertamos carga emocional a situaciones y momentos que provocan que se modifiquen y se sesguen los recuerdos, o ¿son las situaciones vividas en sí las que causan las emociones?. Porque si no entendiésemos lo que son las emociones tampoco podríamos aplicarlas a posteriori a nuestros recuerdos, o en el propio momento de codificación. Ojalá poder meterme en mi propio cerebro y entender lo que pasa en todo momento. Qué es lo que estará pasando ahora mismo para que luego pueda recordar que estoy escribiendo, y que lo que estoy escribiendo me resulta estimulante y a la vez triste. ¿Está mi cerebro trabajando duro ahora para recordarlo, o lo hará más tarde? Realmente no lo sé, supongo que nadie lo sabe con precisión. Se saben cosas sueltas, se supone que esto está en mi MCP y que habrá un proceso de consolidación y codificación que hará que mis recuerdos pasen a mi memoria a largo plazo, cosa que está mediada en parte por el sueño. Tan complejo y a la vez tan simple, como todo en el cuerpo humano. Damos por sentado que siempre vamos a recordar, y algún día dejaremos de hacerlo. Tengo tantos recuerdos llenos de tintes emocionales, tantas melodías, tantas letras, tantas canciones, tantos nombres, tantos paisajes, tantas imágenes. Cosas que si revivo, si escucho, si veo, si las pienso, me recorren por el cuerpo todas esas sensaciones que identificamos con la emoción. A veces es tan intenso que es como estar viviendo el suceso en primera persona. Parte de la magia de recordar, el “revivir” en cierto modo el momento. Y es precisamente revivir lo que hago escribiendo esto, revivir el terror y el miedo. Revivir el sufrimiento y las desgracias, los llantos y las ganas de desaparecer. El dibujo de un garabato negro y caótico, el pensar en cómo sería el mundo vacío, sin nada. 

Pero aunque no hubiera nada, siempre quedarían las memorias.

"Las noches son mejores si nos vamos los dos."

 


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