Gimnasio - La colombiana

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La madre viene a verme cada semana, se ha vuelto un ritual que perpetua con una perseverancia encomiable. Debo decir, que le presto una atención singular y en cada una de las ocasiones se vuelve más adicta y disfrutona. Otra cosa es la hija, desde que viene la madre ella no lo hace, pero no creo que sea por eso, sino por un medio novio con el que la veo recientemente. Curiosamente hoy al pasar me ha hecho una señal de quererme decir algo y a la vuelta le he ido al paso y me ha preguntado si podíamos darnos unos besos, le he dicho ¿dónde? y me ha contestado que abajo en el servicio (es mixto con dos inodoros independientes). Luego, ante mi afirmación, ha añadido que vaya en unos minutos que estará esperándome. He cumplido y estamos los dos dentro de uno de los dos habitáculos besándonos. Igual que su madre se queda traspuesta, tanto, que me busca y la encuentra armada y se baja el ceñido pantalón de látex, se pone de espalda y se me ofrece. Tiene un cuerpo precioso y el culito es deliciosamente pequeño y redondo. Antes de nada, hundo mi cara en él y lo disfruto con verdadero placer. Estoy bien armado y al entrarle ya emite un gemido de gusto que me llama a pensar en el exterior. No tengo capacidad de control y la follo con deseo y vehemencia. Se corre de súbito, como sí, ni siquiera ella, sea capaz de entenderlo. Grita y se abandona. Tengo que ser consciente de la situación y corto, no podemos llegar a más y lo sé. Está todavía ida, la prevengo del riesgo y le digo que se quede un rato largo y salgo cuando adquiero normalidad. Cuando lo hago hay gente fuera que me mira curiosa, saco el móvil y pongo un gesto de sofoco, todos entienden que los gritos provinieron de internet y sonríen entre comprensivos y alarmados. Ya en la distancia y tras un rato observo, que cuando ella sale, curiosamente, nadie le presta atención. Menos mal.

Tres días después de este incidente, se me acerca una chica colombiana, que está realmente impresionante y a la que no presto la más mínima atención, precisamente porque no me gusta que se creen mitos de ningún tipo y menos con mi aquiescencia. Se sabe guapa por demás y con un cuerpo exuberante a pesar de ser chiquita, o más aún por ello. Su actitud, sin embargo, es de igual y me sorprende. A cualquiera le hubiera dado un patatús, pero yo vengo de recorrido largo y la recibo con ánimo abierto y gesto condescendiente y amable. Es tan directa que me sorprende,

Últimamente se habla mucho de ti

Al no lo esperarlo manifiesto sorpresa, no sé a qué se refiere, porque es lógico pensar, que madre e hija no van a ir dando cuenta de mis polvos y ¿entonces?

Me gustaría saber en qué sentido

Le digo con voz pretendidamente segura,

Venga

Me suelta sin darme respiro

Dime al menos, ¿se habla bien o mal? ¿Tú no lo sabes?

Tiene una sonrisa amplia que me desarma hasta lo más profundo y añade,

¿Cuánto me cobrarías?

Es tan directa e informada que me deja perplejo por unos segundos.

¿A ti?

Rompo, sin pensar, con mi regla de oro de no darle importancia

Te sorprenderías…

Me aclara poniendo en entredicho el concepto que tengo de ella.

Si hablamos de lo mismo, la primera será libre y luego cada uno pondrá su precio. No es nada complejo, a pesar de todo conmigo nada es complejo o al menos así lo pretendo. Quiero probar

Me confirma con la misma seguridad que inició el diálogo.

¿Prefieres un día en particular? ¿Y tú? Prefiero el viernes noche a las ocho. Faltan cuatro días me aguantaré la impaciencia.

Es lo que quedaba por decir y así lo entiende ella, 

Sé dónde vives no faltaré.

Los días que median se me hacen de un largo insoportable, en ellos no dejo de mirarla a lo lejos y aún no estoy muy convencido.

Como dijo cumple, se presenta a la hora y viene del gimnasio, así me lo dice y recién duchada, aclara con risa cantarina, está algo nerviosa y yo, de seguro, más. Le enseño la casa, no dejo de hablar, estoy de anfitrión locuaz. Nos quedamos en la terraza, se está muy bien, le cuento anécdotas simpáticas y la nota a gusto, le cojo la mano, le hago carantoñas y ella se deja hacer expectante. Me levanto y ella lo hace también, la pongo delante y la sujeto por detrás, para que perciba cómo se me despabila. Le masajeo los hombros y brazos para relajarla, su cuerpo es terso y hermoso, le beso el cuello mientras mira el horizonte. Cuando le doy la vuelta está preparada y nos besamos, lo hace a conciencia. Se deja llevar para valorar, tiene instinto y se lo percibo. Nos envalentonamos, nos gusta que suenen, nos paladeamos golosos. Tiene malicia y picardía, me encanta como corta y sigue haciendo paréntesis de gourmet en práctica. La voy acariciando toda, es una delicia sentir cada una de sus curvas, está tallada como una esfinge. Me acompaña con sus dedos por la espalda y el efecto es inmediato, la siente y la busca. Le paso el dedo por el arito y da un respingo, ya sé que lo tiene elaborado, mejor así, no se lo voy a perdonar, sueño con ello.

Me siento y pongo detrás suya y le pido que se quede erguida y echada hacia delante mirando a la calle, le bajo el látex y comienzo a saborearla como si fuera un bombón. Son caricias largas, intensas y ella va cediendo en su postura permitiéndome que llegue a todos sus huecos sensibles. Cuando me levanto y la ensarto ya está tan dispuesta que se acomoda a mis embestidas con rapidez. Sus flujos son abundantes y el vínculo se establece desde un primer momento. Lo disfruta y me lo hace patente, ahora le da igual todo, incluso que puedan verla desde abajo, estamos en una última planta. Hace gorgoritos cantarines durante un largo rato y luego se corre con espasmos, no quiere gritar, pero le doy fuerte y pierde el control. Cojo un cojín enorme le ayudo a posicionarse y me pongo encima y sigo. Cambio el ritmo continuamente, cuando lo acelero y alargo se corre de nuevo. Ya soy el dueño, la voy llevando de uno a otro sin descanso y ya no sabe ni dónde está, grita sin preocupación, no sabe, como yo, que no vive nadie al rededor (en este lado del edificio). Cuando la llevo a la cama ya no le sorprende nada, se deja hacer y lo disfruta como si fuera la primera vez. Tiene el coño más bonito que he visto nunca, lo disfruto como un poseso y ella me lo agradece con ronroneo de gata mimada y grita y se corre una vez más dando alaridos de pantera joven. No se lo puedo dejar sin premio. Le pido que me la ponga a tope y me hace una buena mamada, después se la inserto de primera y ya grita sin parar.


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