El Sueño

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Enviado el , clasificado en Intriga / suspense
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El viernes se celebró la boda Luis y después de la comilona, los amigos prolongamos la charla en la cafetería de nuestras reuniones de estudiantes. Fue muy gratificante volver a ver a tantos compañeros con los que apenas tenía contacto.

Creo que el camarero cambió los cafés. Yo le pedí un descafeinado, dado que tengo problemas para conciliar el sueño, pero no me sirvió tal, sino uno con su cafeína completa. Esa noche me costó mucho dormirme.

Al día siguiente volvía a trabajar en el hospital donde ejerzo como titular en la morgue desde hace nueve años en una ciudad de tamaño medio.

Mientras escribía mis notas en el ordenador, me trajeron el cuerpo de una joven sin identificar víctima de un presunto suicidio. Al poco apareció un hombre de unos 25 años que venía a reconocer el cadáver. Abrí la sábana y vi la cara de una hermosa mujer. El joven asintió con la cabeza reconociendo en ella a su novia. Después de darme toda la información que requería sobre la finada, lo dejé solo con los restos de ella. Lo oí sollozar y pedir repetidamente perdón.

Cuando el hombre se marchó, procedí a hacer la autopsia. No había señal alguna de violencia y sus pulmones se encontraban llenos de agua. Había sido encontrada en el río, cerca de un pozo natural de conocidas y traidoras corrientes. Descubrí que estaba embarazada de un par de meses. Mientras examinada sus manos vi que llevaba un anillo de plata en uno de los dedos de la mano derecha, cosa rara porque despojan a los cadáveres de toda ropa y joyas al traerlos a esta sala. Pensé que lo había colocado el joven que la reconoció. Saqué el anillo depositándolo en una pequeña bolsa de plástico azul con idea de devolvérselo más tarde.

Me fui al despacho junto al depósito para redactar el informe. No fue muy trabajoso. Era más que evidente que se trataba de un suicidio y procedí a rellenar las preguntas de rutina.

Empecé a acusar la falta de sueño y a cabecear delante del ordenador hasta que se me cerraron del todo los ojos.

La silla empezó a ganar altura hasta que me vi sobrevolando el río montado en ella. Dando vueltas alrededor del pozo había una mujer. A continuación, la misma joven llevaba en una mano el cuerpo sin vida de un bebé minúsculo. La otra la extendía hacia mí reclamando el anillo. En la siguiente escena veía a mis compañeros de la noche anterior mientras yo fijaba la mirada en mi café en el que se dibujaba un torbellino. Uno de mis amigos me daba pequeños golpes en el hombro mientras me llamaba por mi nombre. Desperté. Un compañero me informó de que iban a llevarse de la morgue a la muchacha cuando me pareció ver una bolsa azul debajo de su camilla. Con cierta aprensión abrí un poco la sábana que la cubría.

En su mano derecha se encontraba el anillo de plata.

 


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