Enredadera

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Enviado el , clasificado en Amor / Románticos
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Un encuentro esperado. Un avistarse curioso, pero promesa siquiera de terminar la tarde juntos.

Iluminado almuerzo de un sencillo menú,  regado por la claridad diáfana que se infiltraba desde todos los ángulos.

Mirarnos, bocado, mirarnos, sorprendernos con el tenedor a medio camino,, aturdimiento de pupilas enredadas.

La tremenda luminosidad gestó chispitas en los cuatro ojos...guardándose para el postre la calidez de una mano fuerte, varonil tomando la puntita del femenino cuerpo:  el dedo meñique. Poderoso conductor de energía, calor que poco a poco fue encendiendo las sensaciones.

Ya en la calle, como entrenada pareja, de la mano, sonrientes, con destino al más cercano parque.

Allí los postergados besos no se hicieron esperar. Una precoz pasión,,, hasta llamó la atención de algunos transeúntes.

Qué bello, de inusitado esplendor, estreno de anhelos viejos, ahora puestos al poniente sol.

Sentir que como enredadera contorsionista, audaz trepadora de muros o a punto de ser demolidos, así se irguió visceral y sordo ese amor espontáneo sin tener en cuenta, como la enredadera, las asperezas de la pared.

Rugosidades que hubo que sortear con más talento algunas veces, con más desgaste otras. Pero amor, pasión, ganas de permanencia, sabor dulce, amable, sanador... demasiado apetecible para no ser más que un recuerdo incomparable.


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