La ciudad sin pàjaros

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El primer ministro de esta ciudad estado, líder, dictador, amante de la política, político de turno o buscador de oficios públicos de turno odiaba a los malditos pájaros. Eran unos fastidiosos e incomprensibles seres que les daba por cantar al amanecer, fuera o no bonito el día. Ignorando, claro está, los sentimientos delicados y elevados del monarca. Como osaban esos seres tan pequeñitos a cantar así por las mañanas. No lo entendía el monarca.

 

El rey se tomo la molestia de pensar cuidadosamente sobre la situación de los pájaros. Había tolerado los maullidos de los gatos a altas horas de la noche. Había pasado por esta vez el edicto que dictaba asesinar a cada gato de la ciudad a no ser que se dignara a ir contra su naturaleza y no maullar a altas horas de la noche. Tan iracundo lo ponía. Sin embargo perdonó a estos seres por despertarle sentimientos nobles.

 

Pero esos bandidos. Pájaros por doquier molestando con su cantar. Había dictado colocar varios anuncios en la ciudad. Prohibiendo que todo pájaro cantase después de ciertas horas de la noche. El rey había determinado hasta escuela para pájaros. Quería que estos supieran leer y escribir sólo con fines de cumplir sus órdenes. Los pájaros comenzaron a cumplir sus normas en cuanto se dieron cuenta que les iba la vida en ello. No en vano se habían volado cabeza de pájaros por doquier. Se habían construido pequeñas guillotinas para asesinarlos de la mejor manera posible. El rey se quedaba extasiado contemplando estos lindos actos finales.

 

Pero pronto los pájaros comenzaron a revelarse. Sabían ya leer con sus ojos, y como los tenían a lo lados, salvo los predadores, podían leer dos libros a la vez. Así se volvieron más inteligentes que el monarca que osaba matarlos. Y a comenzaban a ocupar puestos en cargos importantes y a influir sobre sus compañeros no pájaros, y escribir con el pico.

 

Tan enojado se puso el rey que mandó a matar a las crías menores de los pájaros, y la ley fue cumplida sin chistar. Los pájaros no se opusieron. Eran como judíos que veían su lento caminar hacia los campos de concentración, o debería decir el lento andar del ferrocarril. En fin, cuestión de relatividad temporal.

Pero los pájaros empezaron a formar un periódico, pequeño al comienzo pero que tuvo repercusiones después. El periódico se llamaba pájaros Marat. Y había una lechuza que se encargaba de opinar y dar temas para contar a los pájaros menores que se encargaban en escribir. Así influían sobre los temas de interés y pajareaban sin cesar. Como se habían vuelto tan listos habían creado su propia lengua. Y pues así no hacían molestar al condenado monarca por si se le ocurría leer sus pajaradas. Lo cierto es que el periódico era satírico. Se burlaban a más no poder del monarca. Y a cada rato andaban conspirando bien en broma bien en serio. Por lo que los pajaros habían recobrado su moral pajaruna y comenzaban los cantos alegres nuevamente. Y nuevamente los asesinatos alegre.

 

El rey se dio cuenta de eso. Sabía que no podía entender una palabra de aquel idioma de pájaro. Y se tuvo que disfrazar de buitre para poder ir a la escuela de pájaros. Quería aprender el pajonés. Pero no era lo suficientemente rápido para poder captar los giros del lenguaje. Se molestó aún más. Pero se enteró por un pájaro políglota, que por cierto no se había percatado del pésimo disfraz del monarca, de que lo que hacían era confabular en su contra y burlarse de él.

 

Más molesto aún esta vez si se propuso acabar con ellos de una vez por todas. Pero esta vez los pájaros se habían cansado de estar allí y se fueron sin más. Así el rey se quedó solo y sin pájaros. Y los pájaros formaron pajarolandia. Una ciudad adyacente. Luego el monarca hizo las pases con los pájaros por intereses comerciales. Y así se formó una linda ciudad de pájaros que no aceptaban dictadores tozudos y tenían un sistema de elecciones que no era por votaciones, sino al azar. Teniendo en cuenta que era mejor elegir al azar que imponer a unos cuantos adictos al poder y con ansias expansionistas. Así la ciudad era gobernada de forma equilibrada y no tenían problemas comerciales con sus vecinos.


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