Infidelidad consentida parte 4 (1/2)

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Y así fue como conseguí a mi segunda mujer, aunque tengo que admitir que extrañaba a Paula con ese cuerpito delgado, con su trasero y pechos pequeños pero apetecibles, con su vagina apretadita que tenía y la que me hacía eyacular tan rico dentro de ella, extrañaba su cuerpo pero ahora tenía otro totalmente diferente, Katy era voluptuosa con un gran trasero y unos pechos grandes que era tan excitante tenerlos entre mis manos, chupárselos, y lamerlos mientras la tenía encima de mi cabalgando mientras la penetraba.

Era curioso que conseguía chicas en una relación por un lado me sentía mal, pero por el otro, en el caso de Paula, ella me decía que no eran más que amigos y por el caso de Katy, me decía que su pareja la trataba mal y no la valoraba, hecho que aproveche para seducirla y terminar en la cama.

Nuestros encuentro sexuales siempre eran en su casa o en la mía, quería hacérselo en el trabajo pero allí si era muy reservada y aunque lo intente más de una vez tocándole el trasero, pegándome a ella o tocándole su vagina encima de la ropa, no caía por más caliente que se pusiera, fue una fantasía que no pude cumplir, pero todo eso lo olvidaba apenas pasábamos la puerta de la casa, la volteaba, nos devorábamos a besos comenzando por los labios y terminando chocando lengua con lengua, ya eran tantas veces que aprovechando que era más alto que ella la sujetaba de las mejillas, juntaba saliva en mi boca y la chorreaba dentro de su boca, era tan excitante verla recibir con total sumisión mi saliva que en más de una ocasión terminaba escupiéndola y ella igual lo recibía.

Quería desnudarla con rapidez pero ese cuerpo escultural tenía que ser disfrutados poco a poco, sin dejarla de besa le sacaba su chompa y le desabotonaba su blusa, una vez semidesnuda la volteaba, le lamia las orejas mientras con mis manos jugueteaba con sus enormes pechos, mis manos no se daban abasto con tanta carne, la verdad es que podías quedarte allí horas y no terminarías aburriéndote, pero mi pene ya estaba durísimo y ella no hacía más q rosar su enorme trasero contra mí, ya era tanta la excitación que en más de una ocasión simplemente la recostaba sobre su mesa, le subía la falda, le bajaba el calzón y le hacia un sexo oral, de esos que la lengua se te adormece. Primero le separaba bien los glúteos para tener una buena visión de esa vagina rosadita, me acercaba a oler esa fragancia tan rica que tenía y luego de ellos pasaba mi lengua, más de una vez me quedaba pegado por varios minutos solo en los labios vaginales, esto era porque Katy se excitaba tanto que ya todo estaba muy húmedo y la verdad que sabía muy rico sus fluidos vaginales, una vez que salía de ese hipnótico olor y sabor que tenía sus labios vaginales procedía a meter la lengua, esto ya era mucho más delicioso, sentir la carne húmeda de la cavidad vaginal, mover la lengua de arriba abajo, de derecha a izquierda, en todas las dirección, y mientras hacías esto escuchar los gemidos de esa sexy mujer, uf la verdad que era algo más que maravilloso.

Pero ya saben, hay que seguir pa delante, limpiándome los fluidos de mi boca procedía a sujetar su falda y poco a poco ir introduciendo mi pene, la escena era digno de recordar, ella recostada sobre la mesa, yo por detrás sujetándole de la falda y penetrándola poco a poco para que sienta el pene de su hombre, incluso su propia vagina me pedía a gritos, porque sentía como al meterlo de a pocos sus paredes vaginales apretaban más y más, una sensación digna de recordar, la humedad, las contracciones de su vagina y sus gemidos intensos.

Una vez completamente dentro procedía a moverme lentamente, la sacaba casi casi hasta la mitad del glande y luego la volvía a meter hasta el fondo, esto era algo que la volvía loca, tanto que hasta babeaba mojando la mesa. La primera vez que me di cuenta fue cuando al sujetarla del pelo y girarle el rostro hacia mí para mirarla, vi su cara de excitación y como chorreaba baba de su boca, esa cara era única, ni Paula la ponía, eso hacía que me excitara mucho más y decidiera envestirla con mucha más agresividad. Ahora, después de más de 1 encuentro sexual, decidí ponerle un espejo frente de ella, para que así viera la cara que ponía y lo honesta que era con solo sus expresiones faciales.

Aunque no siempre estábamos solos, a veces sonaba una llamada, de una persona que no hacía más que interrumpir esos momentos tan excitantes, no es que no pudiéramos simplemente ignorarlo, es que nuestros encuentros sexuales eran tan espontáneos que Katy olvidaba apagar el celular o ponerlo en silenciador, así que terminábamos escuchando su ring ton o la vibración del celular varias veces. Ya era tanta la frustración que decidí ir más adelante en esta relación sexual que teníamos, así que le empecé a decir a Katy que contestara mientras se lo hacía, obviamente ella se negaba, no porque no pudiera, sino porque ella era consciente que no podría dejar de gemir, así que opte por decirle que se lo metería lentamente, ella al inicio no acepto, pero parece que algo en ella se despertó y la idea de hacerlo si le apetecía, pero no tenía el valor de hacerlo.

Todo esto terminó un día de tantos que la tenía sobre la mesa, hicimos el mismo ritual de siempre pero ahora yo tenía algo en mis manos, era su celular, listo para dárselo a penas timbrara, obviamente ella no lo sabía, hasta que empezó a vibrar y se lo puse a su costado, ella me miraba a través del espejo que tenía en frente mientras me decía que no podía hacerlo, yo empecé penetrarla suavemente y mirándola directamente a los ojos le ordene que contestara, ella ya me pertenecía, estábamos en esa etapa de la relación donde no se negaría a nada así que sujetando su celular procedió a contestar, el juego ahora consistía en que ella no gimiera y yo controlara las ganas de hacerla gemir con fuerza, obviamente yo sabía que era el cuerno y el pata era la pareja, pero su flaca me pertenecía, pero hacerlos terminar haría que estos encuentros sexuales dejaran de ser tan excitante y prohibidos, lo prohibido sabe mucho más rico.


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