Casa de citas (1/2)

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Madrid,1979.

 Pilar tiene una casa en el centro, de planta baja y doble piso, digamos que era la Madame de lo que entonces se llamaba "casa de citas". Allí vivían 5 mujeres más en régimen de pensión completa dándole la mitad del dinero de cada servicio a la Madame.

Cierto día llamaron a la puerta y cuando la dueña abrió se encontró con una chica joven que le preguntó si allí vivía Pilar, ésta le dijo que sí, y entonces Consuelo, que así se llamaba la chica, le dijo que eran del mismo pueblo y que por favor la dejara trabajar allí:

-Lo siento cariño, pero aquí no hay sitio para más.

-Por favor no tengo dinero, ni tengo nada.

-Y tu familia.

-Mis padres me pegaban y me obligaban a trabajar como una burra, y se quedaban todo el dinero.

-Este trabajo tiene cosas desagradables.

-Yo haré todo lo que usted me diga Dª Pilar, se lo juro. Estoy desesperada.

-Bueno te quedarás un par de días, y luego te buscaremos algo.

-Gracias Dª Pilar le prometo que no se arrepentirá -dijo Consuelo abrazada a su nueva jefa con lágrimas en los ojos.

Pilar que, aunque llevaba el negocio con mano de hierro tenía buen corazón, intuyó que esta chica no era la más adecuada para este trabajo, el caso es que estaba bien físicamente, 18 años, con un buen culo, dos grandes pechos, un poco rellenita y el pelo más bien rubio, más de media melena, 1,65, no muy agraciada de cara, pero con dos bonitos ojos negros.

En los días siguientes la pobre Consuelo, que se había instalado en la habitación de Pilar durmiendo en un camastro, sólo comía y dormía y poco a poco iba mejorando su aspecto; esa misma mañana le pidió a Pilar que quería empezar a trabajar:

-¿estás segura?

-sí, quiero agradecerle cuanto antes todo lo que está haciendo por mí.

-¿has hecho esto antes?

-sólo con un medio novio que tuve en el pueblo.

-Bueno está bien, vete al salón, si tienes alguna duda le preguntas a María, ella sabrá que hacer, pero te voy a hacer una advertencia, en esta casa no te negarás a nada, el cliente siempre que pague manda, ¿entendido?

-sí Dª Pilar, tranquila que no tendrá problema conmigo.

El primer día solo tuvo un cliente, un hombre mayor al que le costó bastante, y aunque a Consuelo no le gustó nada, se sentía satisfecha por poder pagar a su jefa, le quiso dar todo el dinero a lo que Pilar se negó, y le dijo que ese dinero era suyo, ya que ella se lo había ganado.

Pasaban los días y por su carácter dócil y apocado Consuelo pronto fue la criada de todas las otras víboras, hacía la comida, limpiaba la casa...por su inocencia nunca le negaba un favor a ninguna compañera que a veces se pasaban y se mofaban de ella, lo que provocaba las lágrimas escondidas de ésta, pero en términos generales era mucho más feliz que en su casa, donde su madrastra la tenía acobardada con continuas palizas desde los 6 años, de ahí su carácter asustadizo.

Al mes siguiente llamó a la puerta una mujer gordita de unos 45 años muy emperifollada, con el pelo corto y recién salida de la peluquería. Todas se alegraron de ver a Dª Luisa, como le gustaba que la llamaran, era muy muy exigente, pero igual de generosa. Pronto salió a atenderla Pilar, que tras darle dos besos y dejarse sobar un poco, le dijo que tenía una novedad, Dª Luisa dio un gritito de alegría y le dijo pícaramente al oído de Pilar que le encantaba la carne fresca.

Consuelo estaba estupefacta, el lesbianismo era un tabú para ella, y mucho más que se pagara por ello, no quería ni pensar en ello. A Dª Luisa le encantó la actitud sumisa de Consuelo, y guiñándole un ojo a Pilar le dijo me la llevo. Entonces Pilar se llevó a Consuelo a un rincón y le dijo:

-No quiero ningún problema, es nuestra mejor cliente.

-Pero es que nunca he estado con ninguna mujer, y no voy a saber.

-No Dª Luisa es inflexible y si te ha elegido a ti te quiere a ti, además de ella depende nuestro negocio, si no fuera por ella y por sus contactos en el ayuntamiento, ya nos hubieran cerrado, así que haz todo lo que te pida y no me falles.

En ese momento Dª Luisa venia hacia ellas y cogiendo a Consuelo de la mano miró de una manera cómplice a Pilar que le dijo: diviértase, a lo que le respondió: siempre lo hago.

Cuando estuvieron solas en la habitación, la sonrisa dulce de Dª Luisa se borró de su rostro que se volvió duro:

-Quítate la ropa zorra-le dijo a la vez que le daba un bofetón, Consuelo no salía de su asombro, no sabía a qué se debía ese brusco cambio de actitud, no sabía si había hecho algo mal.

-¿no me has oído imbécil?-el otro bofetón revolvió todo el pelo de la pobre Cosuelo; DªLuisa empezaba a perder la paciencia, era una mujer acostumbrada a que se le obedeciera rápida y puntualmente. Entonces de un tirón le arrancó la minifalda con vuelos que llevaba y le dijo:

-cómeme el coño.

Pero Consuelo estaba bloqueada, lo único que podía hacer era llorar, esa mujer le recordaba a su madrastra que le pegaba por la más mínima razón o sin ella, ese recuerdo la paralizaba por completo.

-Ahora te vas a enterar estúpida - dijo la ofendida clienta saliendo de la habitación. Consuelo se quería morir, sabía que Pilar se iba a enterar de todo y le había fallado cuando no podía fallarle. Desesperada se tiró a la cama y se echó a llorar.


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