MUJER CONTRA MUJER (1/2)

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Eran mediados de mayo cuando decidimos mi novio Fede y yo marcharnos unos días a Benidorm aprovechando que a él la empresa le debía horas extraordinarias y no se las iba a pagar, pero se las podía coger en días libres si quería. Juntó con un fin de semana eran cinco días de vacaciones para disfrutar del sol en la playa, incluso darnos un baño en el mar si la temperatura del agua lo permitía. Si no siempre teníamos la piscina del hotel.

No es un sitio demasiado atrayente para gente joven, salvo en verano, cuando la marcha es constante y se llena de gente buscando sol, playa, juerga y sobre todo sexo. Es el paraíso de los jubilados europeos durante el resto del año, todos los hoteles ofrecen música y baile por las noches con los éxitos del verano de hace cuarenta años. Todas las noches tiene llenos los salones.

A nosotros nos daba igual el entorno, nos bastaba con un poco de sol, toda la comida basura que quisiéramos y una habitación con una cama grande donde revolcarnos hasta hartarnos de sexo. Para eso Benidorm era el sitio ideal y los hoteles en esa época son baratos y al alcance de nuestras posibilidades económicas.

Habíamos reservado en un hotel con treinta y dos pisos, un rascacielos horrible de los muchos que abundan en la zona. Como nos ofrecieron la pensión completa prácticamente por el mismo precio no lo pensamos. Lo que nos interesaba era ir la playa un rato a tomar el sol y el resto del tiempo matarnos a polvos.

Nos dieron habitación en el piso veinticinco con vistas al mar y sin otros edificios delante que rompieron las preciosas vistas de la costa, los pueblos colindantes y la increíble vegetación de la zona. Teníamos una terraza con dos sillas, dos tumbonas y una mesa. Por ambos lados daba a las terrazas de las habitaciones contiguas separadas por un cristal amarillo que permitía ver a los vecinos, aunque el color daba sensación de intimidad.

Al segundo día de estar allí, nos acabábamos de levantar de la siesta, después de dos polvos que nos dejaron agotados, nos estábamos tomando una cerveza en la terraza cuando Fede empezó a meterme la mano por dentro del bikini y a sobarme los pechos. Instintivamente miré a los lados para ver si teníamos curiosos en las terrazas de los vecinos y no se veía a nadie, así que le dejé hacer y acabamos follando de nuevo en una tumbona.

Me corrí dando rienda suelta a mis emociones y sin cortarme un pelo a la hora de gemir. Dos días en el hotel follando a todas horas, me tenían el coño increíblemente sensible hasta el punto de que era tocarme y ya notaba pinchazos en el clítoris. Después de dos orgasmos seguidos se la chupé a Fede y los dos quedamos satisfechos para aguantar hasta la noche.

Nos bajamos al bar de la piscina a tomar una copa antes de cenar. Nos sentamos en una mesa y al poco llegó una chica tatuada que ocupó la mesa contigua. Se quitó el pareo que llevaba cubriéndola el bikini y nos llamó la atención la serpiente que tenía grabada en la piel. Empezaba justo debajo del cuello, se perdía en el sujetador y aparecía de nuevo por la espalda para rodearle el cuerpo, hacía un par de curvas sobre su estómago y se perdía de nuevo por la braga del bikini. Era fácil imaginar donde acababa la cabeza.

Nos saludó con un escueto buenas tardes e hizo una seña al camarero para que la atendiera. Le pidió un Bloody Mary y se puso a mirar su móvil. Cuando Fede decidió darse un baño y me dejó sola en la mesa, se dirigió a mi diciéndome que le había dado envidia vernos en la terraza. La miré extrañada, no sabía a qué se refería y me lo aclaró. Era nuestra vecina de habitación.

Enseguida supe a que se refería y no me hizo ninguna gracia que alguien nos hubiera visto follando. La miré un poco despectivamente y le dije que me parecía una falta de respeto observar a la gente en su intimidad y que si quería excitarse lo hiciera con otro tío y no mirando a mi novio.

Sonrió y me dijo que para nada le interesaba mi novió, hizo una pausa mirándome a los ojos y resultó un tanto incomoda. Cuando se decidió a hablar me dijo que quien le interesaba era yo. Me quedé perpleja y un tanto cohibida, en un acto reflejo me eché la toalla por encima. Sin dejar de sonreír me dijo que era inútil que me tapara, tenía cada centímetro de mi cuerpo desnudo grabado en su memoria mientras me corría con mi novio comiéndome el coño.

Solo imaginarme expuesta de esa manera a los ojos de una tercera persona hizo que me pusiera colorada y no supiera donde meterme. Para acabar de arreglarlo, me dijo que no había podido evitar masturbarse mientras nos veía y se imaginaba que quien me comía el chocho era ella. Iba a contestarla una fresca, pero en ese momento llegó Fede y preferí callarme. Conociéndole era capaz de montarla una bronca o invitarla a hacer un trío.

Se acabó de dos tragos su bebida y se levantó. Según se marchaba se giró y nos dio las buenas tardes. Fede me preguntó que me pasaba, me notaba rara. No le dije nada de lo comentado por la mujer y disimulé diciéndole que empezaba a tener frío. Nos acabamos las copas y nos fuimos a la habitación a ducharnos para bajar a cenar.

Nos sentamos en una mesa y cuando el camarero nos estaba tomando nota de la comanda se acercó el maitre y nos preguntó si nos importaba compartir la mesa con una señorita, la sala estaba llena y en la barra no se podía servir nada por el tema del Covid. Fede me miró y yo me encogí de hombros, así que le dijo que no había problema.

Levantó la mano hacia la barra e hizo una señal a alguien para que se acercara. Cuando la vi venir me quedé de piedra, era nuestra vecina de habitación. Nos saludó diciendo que parecía que le destino nos estaba haciendo coincidir, el maitre le retiró la silla y se sentó. Cuando nos sirvieron la cena a nosotros ella pidió una ensalada.

Nada más acabar de cenar le dije a Fede que nos marchábamos, no estaba cómoda con la chica delante. Además, llevaba un vestido muy escotado y se le veía la serpiente entrando y saliendo del vestido y era como un imán. No conseguía dejar de mirarla disimuladamente y ella lo sabía.


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