¿FEMINISMO O EVOLUCIÓN?

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Un día a mediados del año 2020 Guillermo Puig que era un excelente pintor figurativo de paisajes de mediana edad, fue a una tertulia literaria que se celebraba una vez al mes en la Biblioteca pública de su localidad, a la que asistían preferenemente distintos tipos de mujeres, las cuales se disponían a comentar una novela japonesa.

Guillermo se acomodó en una silla que estaba junto a una larga mesa frente a aquellas damas, y al empezar la sesión una de las de las contertulias que era una fémina morena y delgada tomó la palabra.

- Esta novela no me ha gustado nada, pero nada, nada... - dijo con una expresión despectiva-. Por lo que se ve, esta sociedad oriental es de lo más machista que hay. Se ve que tienen a la mujer casi como a un florero.

Las otras damas corroboraron su comentario.

- Bueno. Es que esta sociedad tiene un gran contraste. Si por un lado Japón es un país muy adelantado en tecnología, por el otro lado es muy tradicional. Y una sociedad cuánto más tradicional es, más machista es también -apostilló Guillermo.

Sus compañeras hicieron caso omiso de su observación. Parecía que no estaban interesadas en profundizar en el tema. Seguidamente cada una de las mujeres expresó su parecer respecto al libro, hasta que a tenor del mismo los comentarios subieron de tono para derivar en soflamas de un feminismo agresivo, por lo que la obra litetaria en cuestión dejó de tener prioridad.

-¡Pues si los japoneses son tan machistas, aquí los hombres tampoco se quedan cortos! ¡Los hombres han oprimido a las mujeres durante muchos años! ¡Cuán sacrificada ha estado mi pobre madre por mi señor padre...! - exclamó una joven algo obesa, morena; con el cabello recogido en una coleta.

Guillermo que con aquel griterío más similar al de un Mercado en hora punta que a una tertulia literaria había permacecido en silencio, se sintió incómodo; era como si allí él estuviera demás.

- Usted Guillermo puede darnos su opinión - le instó a hablar al hombre el cordinador, que era un funcionario de la Biblioteca.

- Bien. Yo he venido aquí a comentar este libro, y no ha debatir sobre feminismo.

 La sala estalló en condescendientes risas.

- Para empezar, a mí esta novela me ha parecido muy floja. Esta bien la descripción que hace sobre Japón. Pero la trama en sí no tiene ningún interés - juzgó el pintor-. Dicho esto el opresor patriarquismo del que siempre habláis es una cuestión cultural en la que todo el mundo ha participado a lo largo de los siglos. Tanto los hombres como las mujeres.

-¡Anda ya...! - gritó la fémina que había hablado primero.

- Sí. En un principio muy lejano se adoraba a la Madre Tierra, que era fecundada con la lluvia por el Padre Cielo, la cual con el correr de los años se transformó en distintas diosas de la fecundidad hasta llegar a la Vírgen María. De dicha veneración a la Madre Tierra, surgió la familia matriarcal. Las mujeres eran las que mandaban en el hogar; eran las que educaban a los hijos, y eran las que disponían las herencias para según quien; mientras que al hombre se le ordenaba ir a cazar, a procrear y nada más. Él era un simple comparsa en el ámbito famiiar - Guillermo hizo una pausa´para tomar aliento y prosiguió-. Mas un día aparecieron tribus de indoeuropeos que no se sabe bien de dónde venían, que eran agricultores y establecieron la idea del Dios-señor omnipotente, desplazando así a las deidades femeninas; por lo que de la misma manera que la vez anterior pero al revés, se creó la figura del patriarcado, que ha perdurado hasta la actualidad. Y veamos. En una aldea de cualquier lugar, ¿quién va más a la Iglesia a orar al Dios-Padre? ¿El hombre o la mujer?

En la sala de lectura se hizo un tenso silencio.

- Es evidente que la esposa del labrador ¿no? - continuó Guillermo con una sonrisa-. Las mujeres, en función de su aguda sensibilidad son las que se inclinan ante el Dios-Hombre Y si vosotras consideráis que las mujeres han estado oprimidas por el varón; que por cierto, claro está que hay hombres indeseables, ¿por que desde un principio ellas se han humillado ante esta deidad masculina impuesta por los indoeuropeos, y no se han rebelado contra esto para volver a ser las reinas de antes en la sociedad? ¡Buenas sois vosotras cuando os interesa un asunto! La respuesta es bien sencilla. Porque en el fondo las mujeres respetan a la autoridad moral reflejada en este Señor-Dios, en su sacerdote, en el rey del lugar y en el patriarca de casa que era una emanación de este mismo dios masculino.  Es decir, al Poder. Por tanto este machismo del que habláis es una rémora cultural, pero hasta cierto punto porque a propósito de la dependencia sexual del hombre con la mujer, vosotras nunca habéis dejado de tener la sartén por el mango. El varón no puede acostarse con vosotras si no queréis. En razón de esto los patriarcas de la Biblia hacían lo que ellos querían pero siempre con el beneplácito de sus señoras, claro.

- ¡Que cosas dices! - saltaron algunas féminas en tono ofendido.

- La verdad. Hace falta más cultura humanista para que las coss cambien - convino  Guillermo-. Lo que yo veo es que ahora vosotras estáis influidas por un  cliché, una sugestión feminista radical emanadada de la doctrina marxista que quiere acabar con la familia de siempre, y por eso cualquier defecto que el hombre tenga vosotras lo engordáis para degradarlo.  Al hombre se le adjudica el papel de opresor de la mujer; de malo de la película de igual modo como se decía que el patrón de una fábrica oprimía al pobre obrero.

- ¡Es que antes a las mujeres no nos dejaban ni votar en unas Elecciones Generales! - clamó la joven tertuliana obesa.

- Ya. Y también en el siglo XlX los hombres se batían en duelo, y ahora ya no. Yo más que confiar en el feminismo, puesto que todos los adjetivos que tienen el sufijo "ismo" necesitan a alguien que haga de malvado, me inclino decididamente por la evolución del género humano y de las costumbres. A LA REVOUCIÓN FEMINISTA le opongo LA EVOLUCIÓN HUMANISTA.

-¡No minimices las cosas! -gritaron las tertulianas.

- Para hacernos sentir culpables de algo que vosotras mismas lo habéis alentado, tenéis que recurrir a una mala costumbre de hace cien años, porque ahora ¿quién os impide a vosotras votar en unas Elecciones? Nadie. ¿Y yo tengo que sentirme mal por cómo eran las costumbres en la época de mi bisabuelo? Las cosas cambian, chicas, y a vosotras parece que os encanta la vieja demagogia. Claro. Vivimos en una sociedad en la que se sobrevalora la emoción que siempre es belicosa y simplista en prejuicio de la razón, lo cual es un desastre. Los hombres somos los insensibles y los malos y vosotras las mujeres las buenas y las víctimas de los mismos. ¡Pensad por vosotras mismas en base a vuestra experiencia personal de una vez, y abandonad estos clichés políticos si tan listas soís!

Y dicho ésto último, Guillermo se levantó de la silla muy soliviantado, y abandonó la sala de lectura para no volver más.

                                                                   FRANCESC MIRALLES 

 

 

   


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