LA NIÑA MÁGICA.

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LA NIÑA MÁGICA.

En un pequeño pueblo rodeado de montañas vivía una bella niña llamada Zoe, de cabello largo y ojos azules como el cielo. Tenía cuatro años y crecía al cuidado de sus padres en una casa de troncos, muy parecida al chocolate, rodeada de flores silvestres, plantas de fresas y árboles de jugosas manzanas, la fruta favorita de Zoe.

Gerónimo, el papá de la niña, se dedicaba al cultivo de café mientras que Alba, la mamá, cuidaba de los animales de la granja con la ayuda de Zoe, que, por cierto, amaba jugar con los conejos, los perros y los cabritos.

Cierto día, cuando ambas estaban en el corral de los conejos, Alba vio que una de las hembras tenía la panza un poco hinchada. Zoe, asustada, pensaba que a su amiga Pompi le sucedía algo malo. Mamá e hija subieron a la camioneta y fueron a buscar al veterinario para que revisara a la coneja. La niña preguntaba a cada momento por el estado de su amiguita. De repente el doctor se dio vuelta y con una sonrisa dijo que Pompi iba a ser mamá. ¡Zoe dio un gran salto de conejo celebrando la hermosa noticia! Se sentía feliz porque la familia se agrandaba y la granja estaría de fiesta.

La niña estaba tan ansiosa que pasó todo el día preguntando a su mamá cuándo nacerían los bebés de Pompi.

Llegó la noche y Zoe no podía dormir. Cantaba canciones de sus princesas favoritas porque estaba muy contenta, pero, poco a poco, por el cansancio de un día de mucho juego y diversión, cayó en un profundo sueño.

Mamá besó la frente de Zoe y se retiró a su habitación. Era muy tarde. Todo estaba en silencio. Los animales de la granja también dormían.

¿Qué estaría pasando en la madriguera de Pompi?

De repente se oyó el alboroto de los pájaros que dormían en el árbol que da sombra a los conejos. ¿Quién andaba allí?

¡Era Zoe! Quería saber qué estaba pasando con su amiguita Pompi y cuando la encontró, ¡qué felicidad, no estaba sola! ¡Habían nacido los bebés y ahora la familia de la granja tenía cinco nuevos integrantes! La niña no pudo contener su deseo de tomar un conejito entre sus manos. ¡Era tan suave y tierno!, pero, ¡¡¡ohhhh, qué sorpresa!!! El pequeño que había nacido de color blanco se volvió al instante de color azul, como los ojos de Zoe. ¿Qué increíble acto de magia había ocurrido? ¿Será que la mirada dulce y llena de amor de Zoe había provocado que sus bellos ojos azules tiñeran a bebé conejo de ese color? Jamás había existido un conejo azul. ¿Se había convertido en la niña mágica del pueblo?

Zoe dio un grito de alegría y comenzó a reír sin parar, tanto que hizo despertar a todos los animales de la granja y comenzaron a festejar junto a ella. Las cabras retozaban, los perros chapoteaban en la laguna de los patos y los conejos saltaban alrededor de la niña.

Ya habían asomado los primeros rayos de sol de la mañana. Las carcajadas de Zoe hicieron despertar a su mamá y cuando fue a verla, descubrió que su bella niña estaba protagonizando un maravilloso sueño. La despertó con caricias, pues era hora de ir al jardín a jugar con los demás niños.

Mientras Zoe desayunaba chocolatada con galletitas hechas por mamá, su carita aún estaba llena de felicidad. Compartió con su madre el sueño mágico que había tenido; mamá dijo que, después de todo, no era tan mágico porque cuando miramos con amor a los demás, como Zoe había mirado a bebé conejo, todo se vuelve bello y nos sentimos inmensamente felices, simplemente porque todos nacimos para SER FELICES.

 

 

FIN…

 


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