Abdominales con final feliz

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Pedro se quedó a pasar la tarde en casa de su tía, como acostumbraba hacer a menudo. Jugaba por toda la casa y la recorría corriendo de aquí para allá. En el jardín. Por las habitaciones. Por el sótano. Hablaba con su tía, pero ésta no le hacía mucho caso. A veces la seguía de un lado a otro, mientras ella hacía las cosas de la casa. 

- Pedrito, me voy a duchar. Tu juega con lo que quieras o sigue hablándome si quieres, pero a través de la puerta -

Pedro habló hasta que comenzó el sonido del agua cayendo y ya tenía la sensación de que su tía no le hacía ni caso. Decidió irse al sótano, ya que allí había muchas cosas con las que distraerse. 

Había una guitarra de su tío. Juguetes de sus primas y también tenían un pequeño gimnasio. Había una cinta para correr y una máquina para hacer abdominales. Al lado de las maquinas había una cesta de mimbre donde su tía guardaba la ropa sucia. Pedro corrió un poco en la cinta, pero enseguida se cansó. Abrió la cesta y estaba llena de ropa de su tía y sus primas. Camisetas, pantalones, sujetadores, braguitas sudadas. Le dio por coger una de éstas y llevárselas a la nariz. Al principió le resultó un poco desagradable ya que el olor era bastante fuerte. Como a orina y algo más que no conseguía identificar. Las soltó de nuevo en el cesto, pero notó como su pequeña colita se ponía dura debajo del pantalón. Se tocó un poco y se puso mucho más dura. Cogió de nuevo las bragas y esa vez ya no resultó tan desagradable. Olió la parte delantera, que estaba amarilla y arrugada. Fue muy agradable. La parte trasera estaba marrón, pero también la olió. El pene se le puso ya muy muy duro. Su corazón latía muy deprisa.

Dejó las  bragas en su sitio y se puso a hacer abdominales en la máquina, para ver si se relajaba. A medida que subía y bajaba, su polla se movía y rozaba sus calzoncillos, cosa que le daba mucho placer. Se la sacó para que no le rozara. Parecía que le iba a explotar. Tumbado en la máquina, pasó de hacer abdominales a acariciarse la polla y mover la piel para arriba y para abajo. Se olvidó de su tía, que ya se habría acabado de duchar y podría aparecer en cualquier momento, buscándole. 

Justo cuando estaba a punto de correrse, su tía apareció por la puerta solo con un albornoz.

-¿Pero qué haces Pedro? -

-Aaaaa, lo lo siiiento, tía, a, aaaaaaaaaaaaaaaaaa - Pedro se corrió y le cayó todo el semen por encima del abdomen y el pecho.

Su tía le miraba con los ojos como platos. Pero se estaba poniendo cachonda. Hacía siglos que su marido no se la follaba.

- Lo siento tía. Qué vergüenza - 

-No te preocupes Pedro. No pasa nada. Pero la próxima vez si quieres dímelo y yo te ayudo, que tengo más experiencia-

La tía se abrió el albornoz y Pedro pudo ver su cuerpo desnudo. Sus grandes pechos y su vagina peluda. Se le empezó a poner la polla dura de nuevo. Su tía se acercó.

- Pedro, tócame si quieres. Tócame las tetas -

Pedro se las acarició tímidamente. Pero su vista estaba puesta en el paraíso peludo que su tía tenía entre las piernas. 

-Si, también puedes tocarme ahí abajo si quieres -

Le metió la mano entre las piernas y acarició la enorme raja de su tía, que se abría cada vez más, humedecida. Casi podía entrar la mano entera de Pedro. 

-Déjame Pedro. Túmbate y relájate -

Su tía comenzó a comerle la polla y Pedro sintió un placer enorme. Hacía mucho tiempo que su tía no saboreaba una polla tan joven y estaba como loca.

Dejó de chupársela y se puso encima de él a horcajadas. Metió la polla de su sobrino en su mojado coño ayudándose con la mano y cabalgó y cabalgó hasta que ambos se corrieron fuertemente, gritando al unísono.


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