SEGURO QUE VUELVO A ESE CINE.

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AY JO, AY JO, AL CINE A DISFRUTAR…

Hacía unos meses que las restricciones por pandemia habían terminado y tenía ganas de una tarde diferente. Se me ocurrió ir al cine a ver cualquier bodrio de la factoría de acción americana. Mis únicas intenciones eran pasar el rato, atiborrarme a chucherías y regocijarme la vista con la variedad de mujeres que me encontrara en mi ociosa tarde.

Recordé que la sala de cine cercana a casa había tenido que cerrar por la lamentable pandemia, pero le encontré el lado positivo a tener que trasladarme a la otra punta de la ciudad: pasaría inadvertido y no correría el riesgo de encontrarme con vecinos o conocidos.

Una buena ducha, ropa bastante cómoda y traslado al centro comercial junto a la zona portuaria para pasar la tarde. La llegada hasta allí se había eternizado por culpa de un interminable atasco que parecía no tener fin. Por culpa del mismo, había perdido la oportunidad de entrar a la sesión anterior y lo que en principio parecía ser un inconveniente, se tornó en una ventaja que jamás me hubiera imaginado lo que bien que terminó acabando.

Nada más entrar en la zona del cine, me dirigí hacia el puesto de golosineo y allí me demoré un buen rato haciendo como que elegía mi surtido de tentempié para esa tarde. Mi demora solamente tenía una explicación y era contemplar el paisanaje de cuerpos, minifaldas y pectorales que sobresalían en el entorno.

Me fijé en un grupito de tres treintañeras que estaban de muy buen ver, especialmente una que llevaba una camiseta holgada que dejaba entrever un escote de vértigo y un pantalón corto bastante ajustado que le marcaba unas nalgas que invitaban a perderse en ellas. Mi caseta de campaña empezó a despertar y tuve que hacer verdaderos esfuerzos para que no creciera demasiado y me pidiera a gritos salir del pantalón. No me había puesto ropa interior y con lo morcillona que se había puesto, se marcaba en el chándal mi polla juguetona.

Yo seguí a lo mío. Elijo por aquí, elijo por allá y mientras no perdía atención a los tres bellezones que se movían entre risas y buen rollo por la tienda. Presté atención para oír a qué película iban, coincidir con ellas en la sala y poder seguir contemplándolas en el anonimato de la proyección. Mi sorpresa fue saber que iríamos a la misma película y que no haría falta colarme en la sala de ellas.

Una vez echas las compras, las seguí hasta la taquilla y me puse en cola justamente detrás haciendo como que miraba el móvil de forma despreocupada. La fila avanzó y paró, pero yo continué. Seguro que te imaginarás que, ¡oh casualidad!, tropecé con la de nalgas prominentes y mi contenta verga tuvo un choque nada fortuito con aquel culo que pedía a gritos ser comido a mordiscos.

-¡Ay, perdón!; mi cara era un poema. No sabía si roja de vergüenza o roja por el momento tenso de que mi polla hubiera ido a medio empotrarse contra aquellas nalgas que invitaban a la lujuria.

-No tienes porqué disculparte, son cosas que pasan, me dijo con media sonrisa en su cara.

La cola siguió avanzando, presté atención para ver en qué fila se sentaban las chicas y pedir mi butaca junto a ellas. Quería ver si pasaba algo interesante o sería una tarde sin pena ni gloria.

Después de la taquilla y aprovechando que ellas se habían ido al baño, entré en la sala y ocupé mi butaca. Así el fortuito encuentro sería por parte de ellas y no por mí.

Se fueron atenuando las luces, símbolo de que aquello iba a dar comienzo y entraron ellas en la sala, se dirigieron hasta donde yo estaba, ocuparon sus asientos y mis nalgas preferidas se sentaron justo a mi lado. ¡Qué suerte!

Paisajes de ensueño, personajes tostados por el sol del Caribe y protagonistas enredados en diversas acciones alrededor del planeta. Y…, siento un roce en mi muslo, giro mi cara y allí, sonriendo pícaramente, me encuentro la mirada penetrante de mi compañera de fila.

Miro su mano, miro sus ojos y vuelvo a sentir su mano en mi muslo, esta vez con más intensidad y más arriba. No para de mirarme y de mostrarme su más maravillosa sonrisa, al tiempo que su mano sigue subiendo y roza mi más que apreciable bulto. Decido que es mi momento y pongo mi mano sobre la suya acercándola a mi polla en plena tensión, separada simplemente por la tela de mi pantalón. No se echa atrás, la agarra con fuerza y comienza un ligero movimiento, intentando hacerme una sutil paja que me está sabiendo a gloria bendita.

La otra mano hizo un trabajo rápido y efectivo desatando el cordón del pantalón. Levanté ligeramente mi culo y tiré del pantalón hacia abajo, dejando fuera mi erección que fue agarrada con fuerza por la que resultó ser Nayra. Joder, qué mano más suave.

Aquella mujer comenzó un lento movimiento arriba y abajo consiguiendo llevarme a los altares del placer. Su mano subía y bajaba sin prisa, sin pausa y provocándome un empalmamiento de la polla como hacía años no tenía.

Aproveché los tiros y la intensidad de la música para decirle con un gesto que no parara, que le diera caña a su mano para que la paja llegara a su fin. Los lechazos no se hicieron esperar y su mano acabó llena de semen. Sin prisas, sacó un pañuelo, se limpió y siguió viendo la película como si no hubiera pasado nada.

Tendré que volver a ir a ese cine.


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