Entonces, ven aquí... Putita.

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Son las siete de la noche y voy saliendo del metro con la novedad de que está comenzando a llover, lo único que me faltaba para completar un día de mierda luego el trabajo, mi esposa está fuera de la ciudad y sin ganas acudo a la parada de camiones para por fin llegar a descansar.

Prendo un cigarrillo, el humo intenta calmar mis ansias y calentar un poco mi cuerpo, hace frío. Me siento en la banca compartida de la parada de camiones mientras las gotas de lluvia se hacen más presentes, la gente corre a refugiarse mientras que yo sigo fumando y notando un espeso tráfico como para complicar aún más mi llegada.

De pronto siento una presencia ante mí, una chica como de veinte tantos, con el pelo mojado intentando retirar la lluvia de su abrigo negro maldiciendo por ser (igual a mí) lo único que le faltaba para completar un día de mierda.

-Para colmo llueve, con una mierda.

Solo la miro y asiento con la cabeza mientras ella palmea su abrigo y saca su celular para hacer una llamada.

-Pues chinga tu madre entonces. –Dice ella luego de no tener éxito en su llamada.

-No te lo dije a ti, lo siento. No pretendía insultarte.

-No te preocupes, hay gente que merece más que una mentada. –Le dije mientras le ofrecí un cigarrillo como cortesía.

-Gracias, necesito más de uno, pero con este me conformo. –Me dijo mientras yo acercaba la braza de mi cigarro para encender el suyo.

-Es un pendejo, hay gente que suplica por arreglar las cosas y solo terminan demostrando que no valen verga. Perdón no quiero importunarte con mis problemas, pero estoy ardiendo de coraje.

-No te preocupes, tampoco tuve un buen día.

Sentados mirando la calle llenarse de lluvia, entre gente corriendo y el sonido de loa autos estancados, ahí estábamos dos desconocidos fumando un cigarro para consolarnos un poco luego de tener un día malo.

-Vives cerca de aquí? Porque la micro al parecer va a tardarse mucho. –Me dijo mientras cruzaba sus piernas y me miraba a los ojos. –Si, un poco pero no llevo prisa, al fin que nadie me espera.

-Yo tampoco quiero llegar a mi casa.

En ese momento y de reojo noté una pequeña sonrisa mientras soltaba el humo del cigarro, era este el único momento si no, luego estaría arrepentido.

-El día no ha terminado y no quiero contarlo como un día de mierda, ¿te parece si tomamos un trago? Yo invito.

-Si el trago viene de un mini bar acepto.

La tomé de la mano y nos fuimos a la orilla donde un taxi nos aventó las luces, ella entró y su perfume me golpeó la cara con su dulzura. –Al condesa. –Le dije al taxista y este intuyendo dijo que con gusto.

-Me llamo Mariela. –Me dijo ofreciendo su mano. –David Murrieta. –Le dije osadamente besando su cuello.

Su perfume era embriagante y me fui a consumirlo con ansias desesperadas, mis manos en su cara acariciaban sus mejillas mientras que ella con valentía puso su mano en mi verga, no estaba erecta, al menos no completamente, pero sintió que mi talla era impresionante y luego de verme a los ojos me beso en la boca como deseando que la hiciera mía.

Llegamos al Condesa, pagué el taxi y ella se adelantó a pedir la habitación, cuando entré ella ya había pagado y tenía la llave en las manos. Subimos corriendo las escaleras y justo al entrar en el cuarto una llama se encendió luego de prender las luces.

Entramos y nos quitamos la ropa que estaba mojada, ella estaba en un vestido gris oscuro sin mangas con unas medias negras, yo, solo en camisa blanca y pantalones grises parecíamos estar uniformados. Fui al mini bar y tome dos de esas pequeñas botellitas de whisky, sin vasos y casi de un solo trago brindamos por “Un día de mierda”

Me permití contemplarla, una piel clara y un cuerpo pequeño como el de una niña grande, sus brazos delgados con una cintura diminuta, unas piernas medianas con un trasero pequeño, pero con excelente forma y unos senos medianos con los pezones resaltando entre el vestido.

-Me vestí linda para él, y el pendejo simplemente no tuvo tiempo de verme, le encantaba que me pusiera este vestido de puta sin ropa interior adentro… y hoy quiero ser esa puta, pero la puta de alguien más.

-Entonces ven aquí, “MI PUTITA”

Sus manos rodearon mi cuello y yo la tomé de las nalgas para cargarla, ella me rodeó la cintura con sus piernas mientras me besaba con coraje tal vez sintiendo que estaba cumpliendo su venganza. No podía hacerme el ofendido, recorrí su vestido y abrí su culo desnudo para apretar sus pequeñas y perfectas nalgas, ella besaba mi cuello mientras yo caminaba lentamente a la cama.

La recosté boca arriba y la tomé de las piernas, su vagina estaba escurriendo y con ansias la miré a los ojos.

-Me tienes bien caliente David, me siento una puta, me excitó el que me recogieras en la calle para traerme a coger a un motel. Me excita sentirme una puta y te confieso que tuve un orgasmo de solo cruzar la puerta del cuarto. No quiero que me trates con ternura, quiero que me cojas como si te cogieras a una cualquiera, hazme vibrar de lujuria. Quiero ser tu putita y que me cojas como nadie me ha cogido nunca.

No tenía que pedirlo dos veces, a mí, que soy un maldito degenerado, a mí, que soy un amante experimentado y lleno de ganas por dejarla satisfecha.

-Si eso quieres Putita, te voy a hacer mi putita hasta el cansancio.

Me fui sobre su coño empapado para abrirlo con mis dedos y clavarle mi lengua, su sabor era exquisito, más dulce que salado y continuaba emanando fluidos, su clítoris erecto me llenaba de deseo, le daba unas chupadas casi como queriendo arrancarle la vagina, sus piernitas tambaleaban y se retorcían mientras sus gemidos me tenían más caliente que nunca.

Miraba continuamente a su cara y solo podía ver sus gestos de deseo, ella misma se quitó el vestido por arriba y con sus pequeñas manos apretaba sus tetas mientras sentía mi lengua recorrerla desde el culo hasta la punta de su clítoris. Mis dedos entraron resbalosos solo para culminar lo que ya estaba hecho, sus piernas abrazaron mi cara y entre gritos y jadeos ella dejó brotar un río que empapaba las sábanas de la cama.

Ella gritaba y se escurría mientras yo me recosté junto a ella para besarla en la boca, mis dedos moviéndose fuerte dentro de su sexo la hacían convulsionar intentando abrazarme, me miraba a los ojos mordiéndose los labios, ella misma me quito la mano de su vagina y solo se pudo volver a acomodar para quedar abrazada a mi cuerpo.

Sus piernas tambaleaban sobre mis piernas, su respiración intentaba calmarse exhalando aire caliente en mi cuello, sus tetas estaban calientes con los pezones tan duros como piedrillas, pero solo estaba dejándola calmarse porque esto apenas comenzaba.


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