SERVICIO DE SEGURIDAD

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Me desplacé a Valladolid con dos compañeros por asuntos de trabajo. Se celebraba la presentación de una nueva web erótica en un hotel y nosotros formábamos el equipo de seguridad del evento, dos mujeres y un hombre, así lo había solicitado la organización. Como la hora estimada de finalización era la una de la mañana, no teníamos más remedio que pernoctar en el propio hotel. Una habitación para Ricardo y otra para Mara y para mí.

El servicio fue más tranquilo de lo que esperábamos. Había un pequeño escenario donde las actrices y los actores animaban al personal a suscribirse, practicando sexo en todas sus variantes. Nuestro principal problema era cuando alguien quería subir al escenario y había que disuadirle como fuera, por las buenas o por las malas. También estaba prohibido a los asistentes practicar sexo en la sala, más allá de una paja o una mamada discreta.

A la una y media, ya con el salón cerrado se acercó Mara pare decirme que se iba a dormir con Ricardo, con tanto sexo explícito delante de sus narices estaba tan caliente que necesitaba una polla cuanto antes o se mataría a pajas. Nunca me los hubiera imaginado a los dos enrollados, aunque la visión a la que habíamos asistido no podía dejar indiferente a nadie, incluso a mí.

Diez minutos más tarde le dije al encargado que nuestro trabajo había terminado y me retiraba. Me miró descaradamente radiografiándome de arriba abajo con la mirada y me molestó. Le dije que era demasiada mujer para un tipo como él, le di la espalda y me marché contoneando el culo todo lo posible, que se jodiera.

Al llegar al ascensor coincidí con una pareja. Ella no tendría los treinta e iba vestida y maquillada como una pin-up de los años sesenta. Él cercano a los cincuenta, con traje negro, camisa blanca con chorreras y una pajarita en sustitución de la consabida corbata. Ambos estaban atractivos con la estética que habían elegido para la ocasión.

Imagino que fui muy descarada al observarlos, tanto que el hombre se atrevió a decirme que me habían visto trabajando durante espectáculo y estaba terriblemente sexy con traje azul marino y la gorra de plato del uniforme para estar identificable en todo momento entre los asistentes. Sin cortarse un pelo me preguntó si me gustaría un pase privado de ellos para mí sola en su habitación.

Pensé durante unos segundos alternativas a aceptar la oferta. La única que se ocurrió, era meterme en la cama a masturbarme hasta que me quedara dormida y eso sin un triste juguete para llevarme al coño. No lo dudé. Les pregunté que es lo querían realmente, ya que yo era totalmente hetero y me gustaban las cosas raras. Me dijo que simplemente ellos follaban mientras yo miraba y si por un casual me animaba, podía tocarles e incluso participar, pero eso solo dependía de mí.

Entramos a su habitación y me dijeron que me podía poner cómoda. Me quité la americana y me quedé con la camisa blanca que traslucía el sujetador azul claro que llevaba, sin relleno, simplemente la fina tela que sujeta el pecho. Por su parte, la chica se quitó el ajustado vestido blanco y se quedó en topa interior, con liguero incluido. Él no se quitó ni siquiera la chaqueta.

Se acercó a la chica por detrás y le desabrochó el sujetador, dejando al descubierto unos pechos generosos coronados por unos pezones grandes y oscuros. Se los cogió desde atrás con las palmas de las manos abiertas y los estrujó un poco para después ocuparse de los pezones ya contraídos y de punta. Los presionó con los dedos tirando hacia arriba y ella lanzó un suspiro. Los soltó y de nuevo volvió a pellizcarlos, esta vez tirando tanto que ella su tuvo que poner de puntillas para reducir la presión.

De pronto le dio una bofetada en un pecho y se lo enrojeció sin que ella hiciera intención de retirarse. Nuevas bofetadas cayeron sobre sus pechos alternándolas con tirones de los pezones, mientras ella se llevaba las manos al sexo por dentro de las bragas.

De un tirón él se las rompió por un lado dejándola el sexo depilado al aire. Le puso las manos en las caderas y las fue desplazando hacia el sexo. Pellizcó los labios mayores y tiro de ellos hacia los lados dejando el coño abierto. En ese momento un hilo de flujo se deslizó entre los muslos de la chica. Estaba cachonda a más no poder.

Con un dedo y muy despacio, empezó a hacer giros encima del clítoris. Ella le pedía más y el se lo negaba mientras tenía los ojos fijos en los míos. Cuando la chica empezó a convulsionar a punto de correrse le pellizcó salvajemente el clítoris. Ella gritó y se corrió. Tuvo un larguísimo orgasmo, tanto que pensé como era posible soportar tanto tiempo corriéndote.

Me sentía tan excitada por lo que acababa de ver que inconscientemente me había metido una mano por dentro del sujetador y me acariciaba el pezón, lo que me estaba poniendo a cien. Entonces escuché la voz del hombre diciéndome qué si quería masturbarme que lo hiciera, sería un alivio para mí y un deleite para ellos.

Me llevé la mano entre las piernas y empecé a acariciarme por encima de las bragas. La chica se puso de rodillas en el suelo sobre un cojín y empezó a chupársela con intensidad. Un tirón de pelo hizo que soltara la polla sorprendida. El hombre a modo de castigo le dio un bofetón en cada pecho y tiró de sus pezones hasta que consiguió ponerla de pies.

Si quieres Lily puede comerte el coño y participar con nosotros, nos dices lo que te gusta y tus límites y los respetaremos, me dijo. Para entonces la chica ya esta arrodillada delante de mí, acercó una mano hacia mi pubis mirándome a los ojos y esperando mi reacción.

No supe que contestar. Simplemente adelanté el culo hacia delante abriendo las piernas, la cogí del pelo y tiré hacia mí al tiempo que le decía que me comiera el coño enterito. Ni siquiera es una forma mía habitual de hablar, pero necesitaba agresividad y transmitírsela para que obrara en consecuencia.

Me quitó las bragas, me colocó sentada en el borde del sillón donde estaba y enterró la cara en mi sexo. Era increíble la forma de chuparme, incluso llego a aplicar los dientes con suavidad. El placer empezó a apoderarse de mi cuerpo y me hizo estallar en un orgasmo que aún recuerdo.

Él la inclinó hacia delante y en la posición que estaba le untó lubricante y le metió una especie de bala de considerable tamaño con un rabito parecido al de un conejo en el culo. Gritó, pero enseguida empezó a jadear cuando él encendió la vibración de la bala y la dio la vuelta poniéndola boca arriba tumbada en el suelo. Sin ningún tipo de preámbulo la penetró por delante.

Me dijo que me sentara encima de su cara poniéndole el coño en la boca. Yo desbocada y necesitando correrme de nuevo cuanto antes, no lo dudé. De nuevo me estaba devorando cuando él me dijo que le pellizcara los pezones sin compasión, que era lo que a ella le gustaba. Mientras, él hacía lo propio con su clítoris mientras la follaba.

Casi coincidimos los tres al corrernos y me quedé exhausta después del brutal orgasmo. Me incorporé como pude y me preguntó que a donde iba. Le dije que al baño a orinar y me dijo que el wáter estaba allí mismo, tumbado en el suelo boca arriba con mi coño en su boca. Iba a negarme cuando ella me dijo que por favor la meara encima. El hombre se la sacó y empezó a orinar encima de la chica, animándome a que yo hiciera lo mismo antes de que él acabara.

No aguantaba más las ganas, así que me deje ir encima de ella. Él tipo apuntó su chorro a mi coño alternando con el de chica. Nunca hubiera imaginado que pudiera permitir a alguien que me hiciera lo que me estaba haciendo, pero no me importó. Es más, podría decir que lo disfruté. Recogí mi ropa, me vestí y me marché a mi habitación. Necesita una ducha y asimilar lo que había ocurrido.


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