Pasivo de closet conociendo un nuevo amigo

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La verdad ni tenía pensado ver ese partido. Estaba tranquilo en casa, sábado a medio día, sin planes, de esos días que van lentos y algo aburridos cuando me llega un WhatsApp en el grupo de amigos: Carnita asada para ver el futbol, cáiganle a la granja y traigan lo que quieran.

Ya en otras ocasiones habíamos ido a tomar unas cervezas a esa granja en una zona despoblada a media ciudad. Mi mujer tenía pensado salir a un baby shower de una compañera de trabajo, por lo tanto, me pareció buena idea también irme con los amigos a pasar la tarde.

Me metí a la regadera y mi mujer entró minutos después, empezamos a bañarnos y a enjabonarnos mutuamente, ella tocaba mi miembro, se puso de rodillas y sin previo aviso comenzó a darme una mamada suavecita y rica. Cerré los ojos y me imaginé a mí mismo chupando otro pito jugoso y duro. De pronto ella se detuvo, enjuagó su boca, su cabello y me dijo que en la noche terminaba lo que estaba haciendo.

Llegué a la reunión, bajé un doce de cervezas, un paquete de carne seca y un kilo de costillas. Apenas estaba saludando cuando llegó un tipo al que yo no conocía y me lo presentaron - Te presento a un compa de mi jale anterior - Dijo uno de ellos, - Juan Carlos, mucho gusto - Se presentó con un apretón firme y cálido mientras me miraba a los ojos. Era un tipo alto, como de 1.80, manos grandes, pecho amplio y brazos fuertes; una sonrisa cálida y una mirada algo agresiva, su perfume era un aroma fresco, como recién bañado, no pude evitar imaginar que tal vez así olían sus huevos y me dieron muchas ganas de comprobarlo.

El partido ya empezaba, íbamos en la segunda o tercera cerveza y las chuletas comenzaban a chillar en el asador cuando el anfitrión nos dijo que nadie había llevado tortillas. Me ofrecí a ir a la tienda más cercana, Juan Carlos me dice - Yo te llevo, vamos en mi camioneta, tengo que ir por cigarros.

Me puse un poco nervioso al ir de copiloto con alguien que acabo de conocer, sin embargo, él de inmediato me sacó plática, el tipo de personas que caen bien muy rápido.

- Que pinche calor - dijo abriendo dos botones de su camisa, dejando ver su pecho peludo y esparciendo el olor de su perfume que yo inconscientemente inhalé profundamente y él lo notó de inmediato. Me miró sonriendo, bajó a su pantalón, casi tocando su miembro y me dijo -Si quieres también lo abro. Yo abrí grandes los ojos y no podía creer lo que me estaba diciendo, no tuve tiempo de reaccionar, me puse muy nervioso y mientras él abrió la hebilla de su cinto, terminó por abrir su pantalón, tomó mi mano derecha y la puso sobre su miembro semi duro, mi corazón latía con fuerza queriendo salirse de mi pecho y en mi mente estaba todo confuso.

Comencé a tocarlo con timidez, con vergüenza, con desconfianza. Él me dijo que todo eso sería super discreto, que nadie tenía por qué enterarse y de pronto olvidé mis dudas y mi pudor, bajé su bóxer, su verga dura y húmeda, deliciosamente perfumada la metí en la boca y comencé a chupar. Sentí el sabor de su líquido preseminal, pero no me incomodó, al contrario, me excitó muchísimo sentirme la puta de alguien a quien acabo de conocer.  Momentos después detuvo su camioneta, había conducido a su casa muy cerca de donde estábamos, abrió el portón eléctrico y entramos -¿por qué dejaste de chupar? tu síguele - me reclamó.

Su respiración se hizo profunda y pensé que ya no tardaba en explotar, pero me detuvo. Bajó de su camioneta y me ordenó -Baja tu pantalón. Me dio la vuelta y comenzó a frotar su verga mojada entre mis nalgas a la vez que pellizcaba mis pezones con violencia, besaba mi cuello, succionaba mi oreja y yo desconocía a la zorra en la que estaba convertido.

Luego me inclinó sobre el asiento y él bajó a morder mis nalgas y a lamer con ansiedad los alrededores y el centro de mi culo, cada vez que llegaba al agujero metía un poco su lengua y yo temblaba. Estuvo así creo que unos minutos o no sé cuánto tiempo. Se levantó, mi hoyo estaba totalmente mojado con su saliva y en su verga había un condón que no supe en qué momento se puso. Me inclinó un poco más, me dio dos nalgadas duras y apuntó su virilidad hacia mi agujerito, se frotó varias veces ahí haciendo que yo mismo fuera moviendo mi culo para penetrarme. Su verga cabezona como un hongo iba abriendo cada milímetro que entraba, despacio pero constante, yo jadeaba y respiraba hondo por el dolor que estaba sintiendo, pensé arrepentirme y huir cuando de pronto terminó de entrar completamente su glande y el resto de su miembro se deslizó profundamente arrancándome un grito parecido a un gemido.

Se quedó quieto unos segundos mientras yo sentía totalmente adolorido mi agujero, estaba como en otro mundo, como en una dimensión alterna cuando comenzó a moverse, hacia afuera lentamente y hacia adentro con fuerza, casi violencia, totalmente posesivo, gemíamos fuerte cuando me embestía. Me estuvo cogiendo un rato, él era un macho y yo su puta, no quedaba ninguna duda. Luego sacó con fuerza su miembro de mi interior, pensé que sonaría un típico "plop" como cuando descorchan una botella, sin embargo, mi culo totalmente dilatado y suave acarició sus dieciocho centímetros que se deslizaron hacia afuera. Él se sentó sobre el asiento y me indicó que me sentara sobre él de frente. Lo hice de inmediato pues lo necesitaba urgentemente dentro de mi, sin embargo, antes de meterlo, le quité su condón, lo lubriqué de nuevo con una breve mamada y lo monté.

Me abracé a su espalda, y sentí como mi pene se frotaba en su abdomen duro y peludo lo que me dio mucho placer. Juan Carlos estaba en un mete y saca frenético, me nalgueaba, chupaba con furia mi cuello y fue bajando a mis pezones primero el derecho, pero cuando llegó al izquierdo, me tomó de las nalgas jalándome hacia su cuerpo, con mi pene en su abdomen comencé a eyacular, yo estaba fuera de mí, jadeando, mojado por mi propio semen, totalmente perdido cuando sentí su cuerpo tieso, su miembro expandiéndose dentro de mí y un segundo después, chorros interminables llenando mi intestino.

No habían pasado ni diez minutos dentro de su cochera, nos limpiamos, arreglamos nuestra ropa, hicimos las compras en un superette y regresamos a la reunión. El resto de la tarde transcurrió de forma normal, como si nada hubiera ocurrido, solo tuve que ir varias veces a limpiarme porque mi agujero no dejaba de chorrear recordándome lo que había vivido.

Ya de noche mi esposa me envió un mensaje avisando que ya estaba en la casa, yo me despedí de los amigos y de Juan Carlos, quien solo me dijo: - Mucho gusto amigo, espero coincidir de nuevo en la próxima reunión.


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