En el tren parte 1

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Después de un tiempo de los hechos iniciales del parque no había pasado nada muy emocionante.

Seguía con mi vida cotidiana entre mi trabajo y una que otra salida con mi novio. Por cosas de la vida no habíamos tenido mucho sexo, yo ya andaba muy cachonda y quedamos de dormir juntos una noche, yo feliz esperaba la llegada de mi novio, pero en vez de eso recibí una llamada de el que por motivos que no vale mencionar no vendría, en síntesis, me quedé con las ganas y así me dormí.


Ya por la mañana luego de una ducha me vestí me puse un vestido muy ajustado el cual me hace ver mi trasero muy redondo y grande lo mismo con mis pechos se ven muy apetecible.

Me dirigí hacia el trabajo para ello tome el tren, era la hora pick y la estación estaba llena de personas, cuando se acercó un tren la turba humana me llevo hasta el interior. Estaba muy apretada casi no me podía mover, de repente tras los movimientos normales del tren sentí un roce en mi trasero al principio no le di importancia, pero luego cada vez más seguido el roce era más persistente. Trataba de ver quién era el atrevido, pero no lo logré. Luego de un rato la mano que me rosaba se quedó con toda la palma pegada en medio de la división de mis glúteos, la sentía cálida y ese calor me traspasaba mi vestido y ropa interior, moví mi mano hacia tras y tomé la mano que me tocaba y la saqué, pero apenas volví mi mano a delante, llego de nuevo a posarse en el mismo lugar como reclamando un terreno ya adquirido. fueron varios los intentos de liberarme de mi opresor, pero siempre volvía una y otra vez que al final me di por vencida. Ya a esa altura tanto toqueteo me empezó a gustar esas caricias impertinentes, me quede tranquila y deje a mi anónimo acosador que disfrutara a sus anchas de mi culito, ya no solo se conformaba con tocarme, sino que me apretaba mis nalgas. El ambiente era caluroso eso me calentaba cada vez más hasta que en un intento de ver a dueño del tan insidiosa mano logre verlo, era un hombre maduro canoso con un poco de barriga, en una ocasión normal un hombre así no tendría oportunidad ni de acercase a una joven bella como yo, pero como ya estaba con deseos reprimidos y acumulados al verlo de esa forma me éxito demasiado y sentí un hormigueo exquisito en mi vagina.

Estaba mi glúteo izquierdo siendo frotado cuando en mi otro glúteo se poza otra mano, al principio pensé que el maduro cano usaba ambas manos pero me lleve una sorpresa al mirar que seguía con una mano mientras se afirmaba con la otra de las barandas. Al mirar hacia el otro lado veo un joven alto muy delgado con rostro muy bonito estaba pegado a mi costado y con una mano me palpaba de arriba abajo llegando casi al
fin de mi culito, se pegó tanto en el costado de mi cadera que lograba sentir un bulto grueso y largo, ya descaradamente me lo restregaba mientras ambos hombres me tocaban mi culito por todas las áreas del mismo sin dejar ni un rincón sin explorar.

Yo ya estaba toda mojada y empapaba mis bragas, miraba a mi alrededor pensaba que todos podían ver lo que me hacían, pero no, todos estaban como somnolientos y preocupados de cualquier cosa menos lo que ocurría en este espacio del tren.

La mano del maduro empezó a levantar mi corto vestido mientras que el joven no se quedaba atrás y ayudaba a la acción desde el otro lado, sentí frio en mis nalgas producto de la altura de mí vestido que llegaba a mi cintura dejando totalmente expuesto mi culito a merced de ambos acosadores, cada uno apoderándose una nalga directo a la piel, una sensación exquisita. Gozaba mientras que el maduro cano pasa un dedo por dentro del calzón y hurgueteaba en la raja de mis nalgas, primero lo hacía superficial luego ese dedo se abrió paso hasta llegar al orificio de mi culito. Al tocarlo me produjo un escalofríos que me recorrió por toda la columna vertebral un reflejo involuntario se produjo de apretar mi hollito como protección del dedo invasor. Al hacerlo quedo trabada la yema de ese dedo, fue tan rico sentirlo que relajé mi ano para luego
dar otro apretón a ese dedo. Esto por varias ocasiones más, y cada vez que soltaba avanzaba el dedo un poco más.

Yo estaba extasiada aún, cuando mi otro acosador joven se inclinaba un poco y estirando al máximo su brazo logro separar mi calzón en mí entre piernas y cuidadosamente pasa un dedo directo a la superficie de mi vagina, como ya estaba mojada empezó a acariciarla suavemente mientras mis jugos ya corrían por mis muslos, no podía más de la calentura cuando un dedo se abrió paso entre los labios vaginales para introducirlo hasta la mitad, en ese momento se me escapo un gemido que si no es por taparme la boca me hubiesen escuchado todos en la máquina.

Continúa en el tren parte 2...


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