Yo sin cuerpo

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Enviado el , clasificado en Ciencia ficción
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En cierta ocasión, sin saber cómo, me encontraba rodeado de oscuridad. No sentía mi cuerpo, intentaba mover un brazo pero allí no había nada, las piernas no estaban. Parecía que sólo había consciencia. Yo existía pero sin forma. La sensación era extraña, ya que no estaba dormido. Simplemente no tenía cuerpo.

En aquella inmensa oscuridad apareció un puntito de luminosidad, como una cabeza  de alfiler redonda.
Miré, si se podía decir así y se hizo un poco más grande. Parecía que dentro de la luz se movía algo, miré más atentamente y eran personas que estaban ofreciendo algo mirando el punto de luz.
Si me concentraba, la luz fluctuaba y se hacía más grande, del tamaño de una sandía, entonces veía mejor la escena.

La gente que había allí parecía del futuro. Con vestimentas raras, tipo película de ciencia-ficción de serie B. Estaban haciendo ofrendas de fruta, flores y diversos cachivaches. También ponían velas e inciensos.

Pero "yo" no podía saber a qué rendían culto ya que al parecer, "yo" estaba dentro del objeto de culto. Descubrí que la sandía de luz podía moverse hacia los lados, así que tenía la perspectiva de todo alrededor.

Gire la luz observando y JODER!!!

Estaba en la terraza del Toutatis.
Una fábrica de cerveza artesanal, a la que acudíamos con frecuencia.
Que pasada!!!
Estaba todo igual, las mesas, las sombrillas, la petanca. Los árboles enormes formando un bosque y la fábrica al fondo.

¿Y "yo", dónde estaba?
Intenté mirar más allá de la luz y me caí dando vueltas en un  "túnel" que alternaba luminosidad y oscuridad. Aparecí de repente tal cuál yo, espatarrado encima de las ofrendas de frutas y verduras en pelota picada.

Me quedé mirando a la peña y nadie se movía, miré hacia arriba y allí estaba el "tótem" señalando otras birras. Santa Estrella Dorada, San Cruzcampo, Nuestra Señora Damm, San Miguel, etc...

Alguien vino enseguida y me cubrió con una capa dorada llena de piedras preciosas. Luego vino una mujer que parecía la sacerdotisa suprema y me coronó al tiempo que me ofrecía el cetro para gobernar aquel lugar.

Empezaron a llamarme el "Señor Emergente", porque había salido de aquella luz del "tótem" y esperaban que  cumpliera la profecía, que según ellos decía:

"Aquél que nacido de la luz y
emerja en pelota picada,
será el rey que traerá
la cerveza esperada"

Bueno, bueno, me dije... no te dejes llevar porque está peña  primero te adoran y luego te crucifican. Pero claro, que podía hacer yo. Estaba no se sabe cuándo, rodeado de fanáticos que adoraban un poste de pino que estaba petado de alusiones a santos y santísimas, que en realidad eran letreros de cervezas.

Así que, les enseñe a hacer eso, ¡cerveza!

La fábrica estaba impoluta. Los tanques y todo el material parecían nuevos. Al parecer aquello era como el Sanctum Sanctorum de aquella religión.

Empezamos haciendo una de trigo, porque la cebada, no tenían ni puñetera idea de que existiera. En cuanto al lúpulo, tampoco había. Así que, eche mano de la yerba que se fumaba por allí, la cual, pegaba de lo lindo.
Acabé poniendo frambuesas en el "dry-hop", lo que le dio un toque de frescura mística, adquiriendo un color rojizo como la capa de los sacerdotes.

"La primera", que así empezaron a llamarse los primeros quinientos litros, estuvo plagada de milagros. Todo hay que decirlo, ni dios estaba sobrio.
Desde el sumo y la suma sacerdotisa hasta los acólitos de menor rango la borrachera fue "milagrosa".

Además les hice "cookies" (receta de Thierry), y muchos alcanzaron el éxtasis. También hubo algunas transmutaciones.
Como no conocían el alcohol bebían la birra como si fuera agua bendita, aunque para ser honestos y no es porque la hiciera yo, estaba buenísima.

El desmadre continuó hasta la madrugada. Luego se presentó el concejal de fiestas del ayuntamiento, se cerró el grifo y se apagó la música.

Yo, aunque era el rey, no tenía jurisdicción fuera de la fábrica y su terraza, y los problemas con el consistorio parece que venían de tiempos inmemoriales.

Estuve allí dirigiendo la fábrica hasta que un día tomando birra en la terraza, apareció una pequeña luz en el poste objeto del culto e inesperadamente me sentí absorbido y tragado nuevamente hacia otra dimensión.

Lástima... no pude llevarme la capa de piedras preciosas.

 

 


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