Un café con espuma

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Voy a mi cafetería favorita a diario, no precisamente por su café, sino por lo explosiva de una de sus camareras, siempre me dirijo a ella para consumir.

—Un café mediano sin espuma «please», —la requiero,  ella siempre me lo sirve veloz.

—Cafetito rico —me dice, mueve con una cucharita la parte de arriba del vaso y siempre queda un dibujito precioso de unos labios, «sin duda rico está pero medio vaso es espuma.»  

Ya en mi silla y cuando ella me mira cojo con la cuchara la espuma y voy rodeando el platito con ella, mientras ella saca la lengua y se relame los labios.    

«Creo que la gusto», aprovecho para coquetear con ella con mi boca, lo que la pone nerviosilla, de hecho sirve una «fanta» a alguien que ha pedido una «cocacola», «sin duda está perdiendo el sentido, al menos no distingue los colores,  espero que si los sabores.»

Cojo mi vaso de café con un poquito de espuma que quedaba y me voy al baño, ella me observa, estoy tan caliente que me masturbo con fuerza en quince segundos,  parte de mi cuantioso semen lo expulso en el vaso,  me limpio y salgo con medio vaso cargadito.

Mientras ella me observa, mezclo lentamente los líquidos calientes, resultando una textura agradable, con aspecto de descafeinado, lo pruebo y mientras me mira me lo paso por los labios, noto que ella se está tocando detrás de la barra y hace caso omiso a lo que la piden los clientes, que acelerada atiende su compañera.

—Puedes venir un momento, —la llamo, se acerca nerviosa al final de la sala donde me encuentro, con una faldita corta de volantes, llega a la mesa que es sobre alta y coloca su coño en una de las esquinas.

—Prueba éste café, por favor, pues no se si está buena la leche, —la comento, mientras comienza a probarlo uno de mis dedos más atrevido de la mano izquierda, oculto al resto de clientes busca su coño apoyado y lo masajea suavemente.

—Ahhh pues a mí me parece riquísimo, tomaré un poco más, —exclama,  ya retorciéndose de placer y una vez se tomó casi todo el jugo cogió el vaso y se fué al baño.  Me imaginé lo que estaba haciendo y me puse más caliente que cuando me corrí antes, a los cinco minutos escasos salió entre acalorada y relajada y me acercó el vaso de café.

—Prueba a ver si ahora está más rico, —me dijo.

—Rico no lo siguiente, era el café más caliente y sabroso que había tomado nunca, me relamí varias veces, mientras ella me miraba con cara de satisfacción,  «propia de una hostelera orgullosa de su profesión, dando siempre lo mejor de sí al cliente.» Después de pagarla me despedí hasta otro día y la susurre al oído...

—El próximo café nos le tomamos en mi casa,  que nos desvele toda la noche, para comernos nuestros jugos,  recién salidos de nuestras fuentes de placer.

—Si, por favor, —exclamó, un par de cafetitos pronto, con mucha espuma, sonrió picaronamente y yo con ella. 

 

 


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