SEXO DE DIARIO

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Llevo años casada con mi marido Julio y desde siempre nos ha gustado experimentar en el sexo. Imagino que esta circunstancia ha contribuido a que sigamos disfrutándolo y sin aburrirnos uno del otro. Alguna vez hemos practicado intercambio de parejas y aunque nunca hubo reproches, la verdad es que no nos gustó demasiado. Posiblemente por falta de intimidad o motivación. Chuparle la polla a un tío mientras miras como otra se la chupa a tu pareja, no va conmigo.

Hace tiempo que incorporamos en nuestros juegos sexuales distintos artículos adquiridos en sex shops. Poco a poco hemos ido ampliando la colección de aquellos que nos han llamado la atención. Otros los hemos ido desechando porque no cumplían las expectativas, nos cansamos de ellos o fueron sustituidos por otros similares más actuales y sofisticados.

En tiempos nos acercamos al dolor como fuente de placer y lo desechamos. Me gusta mucho la estimulación de los pechos y prefiero sensualidad a agresividad, aunque reconozco que alguna vez le he pedido a Julio que me hiciera daño en los pezones y lo he disfrutado, pero solo en determinados momentos.

El primer juguete que compramos fue un vibrador pequeñito con una sola velocidad y era demasiado fuerte para estimular el clítoris. Sin embargo, resulto ser idóneo para estimular la zona anal. Gracias a este juguete, ambos descubrimos que nos excitaba ponernos saliva y metérnoslo casi entero. Con esta experiencia empezamos a valorar el sexo anal que tan agradables momentos disfrutamos.

Con el tiempo empezamos a tener cierta confianza con los dependientes del sex shop y nos orientaron en muchas ocasiones. Siempre me acordaré del día que Emilio nos sugirió que jugáramos con nuestros ojetes y fuéramos poco a poco descubriéndonos a nosotros mismos. Esa misma noche Sancho me folló por el culo con la polla y le follé a él con un consolador pequeño sujeto a un arnés y este atado a mi cintura. Gastamos casi un tubo entero de lubricante entre los dos.

Debo reconocer que me pone mucho cuando le follo el culo, aunque sea con una polla de goma. Ahora entiendo la sensación de poder de los hombres cuando nos follan, entrando y saliendo de nuestro cuerpo. Si yo me excito solo haciéndolo, sin tener la suerte de que sea mi propia carne la que se adentre en él y sin la fricción de ambas pieles, que no sentirán ellos con la polla aprisionada cuando nos contraemos teniéndola dentro, por delante o por detrás, da lo mismo.

Empezamos a buscar novedades por internet y estábamos al tanto de lo que se publicaba. Es increíble cómo ha evolucionado este mercado en poco tiempo, en todos los sentidos. Hoy puede decirse que ya no es necesario tener a alguien a tu lado para obtener el mejor sexo. Lástima que no aporten la calidez y ternura de un compañero. Ahora bien, en cuanto a satisfacerte, puedes obtener estimuladores para cualquier parte del cuerpo.

Experimentamos con un huevo vibrador con mando a distancia y nos fuimos a cenar a un restaurante. Durante la cena, de vez en cuando, Julio accionaba el interruptor que llevaba en el bolsillo y el huevo empezaba a vibrar dentro de mí vagina. Mi reacción era inmediata y si veía que era capaz de no dar muestras externas de lo que me estaba pasando, sabía la intensidad hasta que hacía que me retorciese en la silla del restaurante.

Tuve dos orgasmos sentada en la mesa y sin siquiera tocarme. Simplemente apretando los muslos y rozándolos uno contra otro. El segundo fue el más intenso e inesperado. Estaba tomando un sorbete de limón al cava cuando de pronto sentí un pinchazo en las entrañas. Julio había activado sin querer, al menos eso me dijo, al máximo el interruptor del huevo. Entre lo inesperado y la intensidad, empecé a jadear en la misma mesa. Al darse cuenta lo apagó y yo sin ser muy consciente le dije en voz alta que volviera a encenderlo. Ya estaba en pleno orgasmo. Más de un comensal se giró hacia nuestra mesa al escucharme, era evidente a que obedecían.

Al salir del restaurante, ya en el coche, me dijo que estaba muy cachondo y que se la chupara. Contesté que se lo tenía que ganar y le puse como condición que me invitara a tomar una copa. Además, yo me saqué el huevo del coño y le dije que se lo tenía que meter en el culo y darme el mando a distancia. Iba a estar a mi merced durante un buen rato.

Mientras estábamos sentados en la barra del pub, de vez en cuando lo activaba a baja intensidad, hasta que vi en su cara el deseo y decidimos pagar y marcharnos. No llegamos siquiera al coche, nos metimos entre unos arbustos y le dije que se la sacara. La tenía dura como pocas veces se la había visto. Nada más metérmela en la boca active el mando y se puso como loco a follarme golpeándome la garganta. Ni dos minutos tardó en correrse y con tal cantidad que no fui capaz de tragarme la leche al ritmo que se corría. Me puso el vestido perdido de semen y decidimos irnos a casa a follar de verdad.

Siempre procuramos innovar en nuestra actividad sexual, aunque los excesos los dejamos para el fin de semana. Para diario, hemos descubierto una forma tremendamente placentera sin prácticamente esfuerzo. La llamamos la de andar por casa.

Tenemos vibradores en forma de huevo alargado con un rabito para poder sacarlos una vez cumplida su función. Julio se mete uno por detrás y yo uno por delante y otro por detrás. Algunas veces simplemente me siento encima de él y me penetro con su polla, por delante o por detrás. Tanta vibración nos produce corridas impresionantes sin necesidad de movernos, simplemente dejándonos llevar.

Otras veces, en vez de penetrarme hacemos el sesenta y nueve y es igual de placentero sin hacer esfuerzos. Tan solo con las vibraciones y que Julio me presione un poco con la lengua en el clítoris, no hace falta ni que me chupe, es suficiente para que me corra. Simultáneamente me meto su polla en la boca con la punta pegada a la garganta y presionándosela como si tragara. Es increíble cuando nos corremos al tiempo y me trago directamente el semen.

Una vez satisfechos, nos damos un besito de buenas noches y nos dormimos relajados.


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