Arte callejero III

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Pero la guinda del pastel es la mujer-mariposa gigante, echa de hierro, sostenida de alguna manera a una altura sobre la casa misma, visible por el otro lado.

Debido a la vegetación y a las estaturas, las paredes no son nada visibles, así que dejaré libre mi imaginación y pensaré en demonios empotrados, sirenas que cantan y engañan a los marineros, gárgolas y minotarurios. Ángeles y demonios en un conjunto artístico, complementandose uno a otro. (Limitar mi imaginación sería un pecado).

Una cruz de calles con lados no iguales. En la más estrecha, por otro lado de su casa, el escultor había dejado parte de su obra que no cabía o tal vez no lo consideraba digna de ponerla a lado de su casa.

 


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