Muerto de sed

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A Will Grames le encontraron de madrugada, en su majestuoso butacón retro en el que tantas veces se había sentado a beber, haciéndose notar y casi sin caber en él ese enorme globo que llaman barriga y que le colgaba al andar; amaneció envuelto en su inmensa bata de seda fina de rojo sangre y oro, con uno de sus caros habanos, que algunos algunos envidiosos cuestionaban que fueran cubanos, a medio caer de sus labios y que se había apagado hacía horas.   

Estaba claro que había pasado una de sus noches de cine, puros y whisky en su inmenso salón de su no menos inmensa mansión de Carolina del Norte de finales del S.XIX, viendo una película de gangsters y mafiosos varios de los años 30, de su extensa y casi interminable colección que tanto le gustaba.    También se sabía que había tenido una de esas noches, por el whisky que reposaba a su lado, en su antigua y fina mesa de caoba, limpia y pulcra que hacia brillar y lucir aún más su carísimo whisky no apto para cualquier bolsillo ni paladar.   

Lo que más llamaba la atención de aquella escena, era que la botella whisky estaba a más de medio beber, algo muy extraño y nada habitual, sobre teniendo en cuenta que todos los que habitaban la mansión sabían que hacía no mucho que la había adquirido y que él no bebía tanto en una noche, por más larga que fuera su noche de los años 30. Algunos de sus empleados cuchicheaban entre dientes, y decían y se preguntaban si habría muerto de sed, chiste algo macabro y malo, pero nada extraño entre quienes sabía que nunca había caído bien a la mayoría de sus empleado, e incluso a algunos miembros de su propia familia.

La verdad es que el viejo, aunque apenas era un cincuentón, era un millonario egocéntrico y altanero que a pesar de no ser especialmente alto, aunque si ancho, muy ancho, miraba a los demás por encima del hombro y hasta de sus cabezas jactándose de cuanto tenía, hasta el punto alardear de no conocer con exactitud toda su fortuna, y lo cierto es que en eso, era de las pocas cosas en las que no mentía, no tenía ni idea, todo lo dejaba en manos de sus asesores, los cuáles podrían hacer con ella lo que quisieran porque ni él ni nadie les cuestionaba.

Lo dejaba todo en manos de ellos, no permitiendo que nadie más metiera la mano en ella, especialmente su familia, de la que no se fiaba, sentimiento mutuo y familiar dentro de la mansión.

En especial no se fiaba de su mujer, quien no se casó con él por su amplio atractivo, por más amplio que fuera él, y lo era. No tenía reparos en hacer suya la fortuna y gastarla en todo antojo y capricho que tuviera, así como tampoco se esforzaba mucho en disimular la escasa fidelidad que le guardaba, bien era sabido por todos en el círculo de ególatras millonarios que se acostaba con cuanto a su sombra se le arrimaba. Aún siendo una cuarentona, todavía estaba de muy buen ver, y todo billete que gastaba también, llamando la atención todo aquél que se llamase o no Andrés, ¿me entendéis?.

Los hijos no se quedaban atrás, eran unos malcriados dejados en manos de las niñeras desde su infancia, que vieron como sus padres se centraban más en el verde y oro que en ellos mismos, que crecieron viendo como el diamante y la piel eran más importantes, así que no dudaron en sustituir a sus padres de la misma manera, creciendo más pendientes de la herencia material que de cualquier otra que les pudiera llegar. Así que todos ellos, podrían ser sospechosos si el fallecimiento se hubiera dado en extrañas circunstancias y no hubiese muerto de sed.

Sacaron su cuerpo del afortunadamente, amplio salón en el que se pudieron mover bien, una vez acabada la investigación en el, cuando ya empezaba a palidecer, para seguir indagando en él. Todos habían sido interrogados, cuestionados y avisados de que debían estar localizables en todo momento hasta que el caso estuviese cerrado, algo que les mantendría sin salir de la ciudad una temporadita que parecía no dejarles a algunos con muy buena cara.

La investigación que fue algo lenta, determinó que Will Grames falleció por la ingestión de un veneno hallado en su impagable whisky, que le provocó sequedad en la boca, además de  otros síntomas como hipertensión y sudores, lo que le provocaría un paro cardíaco fulminante, además la sequedad, probablemente le habría dado sed y le habría obligado a beber más, y como lo único que tenía a mano y no le hacía levantarse era aquella botella, bebió de ella más de lo habitual, de ahí que la botella estuviera a más de medio beber, así que sin pretender ser macabro ni tirar de humor negro, se puede decir que en cierta manera, habría muerto de sed.

 


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