The FukBoy Vol. 9: Coraza de Amor

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—¿¡Como que HiperMan os está buscando!? —Preguntó Exaltado Manolo, antes de destrozar la mesa de la guarida de un porrazo—. ¡Idos a tomar por culo de aquí! ¡Eso nos ha pasado por federarnos! ¡Seguro que es cosa del alcalde! Mira que llamarnos muerte a DirtyEar.

—Idiota —lo llamó HoodMan—. No tiene nada que ver. O sea, es cosa del alcalde seguro, pero no por eso. Ha debido de averiguar que el chico y yo nos escapamos del laboratorio de clones.

—¿¡Que!? —Preguntó Fusible sorprendido—. O sea, sois idénticos, como salidos de una cadena de montaje, ¿pero clones…?

—Cro…, lacs.

—Crolacs es el único que nos entiende —aseguró HoodMan—. El chico es el santo grial. La culminación del proyecto Clon. El soldado perfecto. Puede replicar todo tipo de poderes adaptando su cuerpo a los cambios químicos sufridos por las mutaciones, y ahora el alcalde lo ha encontrado. Le borrará la memoria igual que a los demás, e irá directo a su escolta personal.

—Gualaaaaaa, pero si no sé ni dividir con decimales… —mencionó sorprendido el joven Fukboy—. Espera, ¿borrarme la memoria…?

—Y si el chico es tan poderoso, ¿por qué no copió los poderes de HiperMan y le dio una paliza? —Pregunta Manolo.

—A ver, tampoco te pases —le pidió HoodMan—. Que es un puto clon.

—¡Basta! —Pidió demolición—. Traedme plutonio. Lo borraré del mapa junto al resto de la ciudad —sugirió manteniendo un traumático crescendo de carcajadas a cuál más psicóticas.

—No idiota, no funcionaría —le aseguró Fusible, parando en seco sus risotadas—. Es el jodido HiperMan, el último hijo de Plutón. Su padre lo mandó en una nave a la tierra antes de que su mundo fuera reducido a un planeta enano por el abuso de las energías fósiles. Mantiene la ciudad a salvo del General Grod, su maligno medio tío. Su piel es impenetrable, su fuerza debastadora, se mueve a la velocidad del sonido, sus sentidos están super desarrollados a niveles inimaginables para unos simples mortales como nosotros, puede ver a través de todo, excepto de la uralita y para colmo vuela. Su única debilidad es la plutonita, un mineral proveniente de su mundo, así que yo tan solo veo dos posibilidades. U os sacáis una roca de plutonita del culo, u os largáis de aquí.

—Espera —le pidió HoodMan—. Eso de la uralita es una gilipollez.

—Que no idiota, que es cierto —le aseguró Fusible.

—En el distrito pobre hay mogollón de uralita —les recordó FukBoy.

—Bien —dijo Manolo malhumorado—. Nos esconderemos allí hasta que se calmen las aguas. Pero por separado. Yo me iré con Fusible y Crolacs. HoodMan irá con FukBoy, después de todo, es a vosotros a quienes buscan. Podéis llevaros al perro y a la niña con vosotros…, espera, ¡por qué coño hay aquí una niña! ¿Es que no entendéis el concepto de guarida secreta? Ahora lo sabe todo. Tendremos que matarla.

—¡¿Qué?! —Preguntó FukBoy aterrado—. Nosotros no hacemos esas cosas, ¿no?

La joven del cabello negro se limitó a agachar la cabeza y a esconderse tras el chico del pelo de gallo. HoodMan se colocó entonces tras ella, y le sisó una grapadora y un par de bolígrafos que había robado.

—Yo me ocuparé de la chica —aseguró—, de momento nos marchamos.

En cuanto estuvieron preparados, nuestros héroes atravesaron la ciudad sobrepasando la última de las murallas, caminando casi todo el rato a través del sistema de alcantarillados. En cuanto salieron al otro lado, FukBoy sugirió ir directamente a la casa de BigNigga. Según él, su más fiel amigo, y quien posee la chabola más grande de su barrio. Nada más llegar, el joven pelo gallo llamó a la lavadora estropeada que hace  de puerta. HoodMan se fijó en el techo. Realmente era un gran pedazo de uralita, casi como todos los del distrito.

—Paaaara para para para para, ¿quienes son estos? —Preguntó preocupado BigNigga nada más asomar—. ¿Ese es tu padre? ¿Tu hermano? ¿Y la chica es tu novia? Nononononono, no quiero saberlo. Paso de tus movidas, cuanto más lejos mejor. ¿Por qué no os escondéis en tu casa?

—Tío, no tiene techo, se lo llevaron en cuanto me fui. Este es mi clon, o yo el suyo, no me ha quedado claro. En cuanto a ella…, solo es una ladrona. Velaska es mi único amor.

—¿Una ladrona? Pues aquí no va a poder sisar nada. ¡¿Y como que tú clon!? Espera, ¿Velaska? ¿La heroína?

—Sí, resulta que somos héroes federados.

—Oye…, ¿por qué demonios te llamas BigNigga? —Le preguntó HoodMan—. Eres más blanco que la leche…

—Porque mola y punto…, idos de mi casa.

—O te callas o te doy un bofetón y te azuzo al perro.

—¿Y tú eres un héroe federado? Pues verás, el caso es que me gustaría hospedaros, pero ya hay aquí otro héroe, así que…

FukBoy posó su mirada sobre un hombre de roca. Durante todo aquel rato, pensó que se trataba de una estatua, pero no. En realidad es una persona. Alguien que, en cuanto HoodMan vio, se echó las manos a la cabeza.

—¡Dios! ¡No! ¡Cualquiera menos él!

—¿Quién es? —Preguntó el pelo gallo.

—¡No lo preguntes! ¡Es un pesado!

—Mi nombre es: Coraza de Amor —mencionó el pedregoso ser—. Encantado de conocerte.

—Eres un héroe fede…

—Mi poder proviene del odio.

—Te dije que era un pesado —le recordó HoodMan.

—Del mismo odio que le proceso a el amor. Verás chico, de niño, yo tan solo quería una cosa. Ser amado. Pero las mujeres no pueden amarme, pues estoy maldito. Una y otra vez, la decepción y el desengaño destrozaron mi dolorido corazón.

—Quiero irme —aseguró HoodMan intentando escapar de la chabola, mientras que FukBoy trata de detenerlo—. Prefiero enfrentarme cara a cara contra HiperMan.

—Cállate —le pidió el pelo gallo, mientras observa como BigNigga se ha puesto ya los cascos—. No nos importa tu vida.

—Una mujer tras otra. Cada vez que conocí el amor, el ser amado me traicionó. No me hicieron ningún caso. A más intenso fueron mis sentimientos, más honda fue la decepción. Miré con rabia y envidia a todas las relaciones a mi alrededor. Odiaba que fueran tan ilusos, a sabiendas de que, tarde o temprano se les rompería el corazón. ¡Ingenuos todos! Pero seguí enamorándome. Hasta que la conocí. El amor de mi vida, mi alma gemela. Mi musa. Mi todo. Era un poco caprichosa, sí, y mal educada también. Muy vaga y especialmente insensible conmigo, pero yo la quería igual.

—¡Yo lo mato! —Amenazó HoodMan, apuntándole con su cañón laser, mientras que FukBoy trata de detenerlo para que no revele su posición—. ¡Me ha contado esa historia diez veces! ¡Lo odio! ¿Me escuchas? ¡Te odio! ¡Te odio tanto que me duele! ¡Nadie llorará en tu funeral!

—¿Y sabéis que pasó?

—¿Te dejó por pesado? —Le preguntó la escuálida ladrona.

—¡Calla niña! La historia la estoy contando yo. Me dejó…, y me quedé solo una vez más. Entonces desarrollé esta coraza impenetrable. Coraza de amor.

 


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