Nuestro primer dogging

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Mi esposa y yo nos decidimos y fuimos al parque en donde averigüe que se practicaba el dogging. Ella llevaba una falda muy corta y una hermosa tanga rosa. Una blusa muy ligera sin sostén.

El parque estaba más bien solitario y solo vimos dos carros en los que un tipo aparentemente solo platicaba con los ocupantes. Le subí la falda hasta la cintura y le empecé a acariciar su pubis que ya estaba húmedo de la pura emoción. Cerró los ojos y abrió las piernas tanto como pudo mientras me frotaba la verga.

De pronto alcanzó a ver que se acercaba un tipo de buen parecer. Instintivamente cerró un poco las piernas. ¿Estás seguro? Tanto como tú, le contesté. El tipo se acercó muy discretamente y ella empezó a gemir más excitada al ser observa mientras yo la masturbaba. El no hizo nada. Parecía esperar la señal de aprobación, pero ya estaba recargado en el carro mientras se acariciaba su notorio bulto.

Luz tomó una de sus manos y la bajo inventándolo a frotarla. Yo me aparté y me desabroché para sacar mi miembro que ya goteaba un poco. Él fue muy gentil y la acariciaba muy suavemente y solo le metió su enorme dedo cuando ella casi lo obligó a hacerlo. Con la otra mano acariciaba alternadamente sus pechos. De pronto ella parecía olvidarse de mí, pero cuando se venía una y otra vez, se me quedaba viendo mientras meneaba su lengua mojándose los labios de una manera absolutamente libidinosa.

Cuando nuestro amigo por fin sacó su miembro, los dos lanzamos un “hoo” de sorpresa. Increíblemente grueso, venudo y duro como un palo. La verga perfecta.

Ella se abalanzó para meterlo casi todo en su boca. Lo chupó con vehemencia mientras le acariciaba unas bolas enormes. Parecía un toro. Yo no pude más y me vine chorreándole la cara a mi esposa. Entonces ella abrió la puerta, se quitó la tanga y fue ensartada por ese esplendido garrote. Al mismo tiempo se metió mi modesta verga en la boca. Yo sentía el vaivén del mete y saca de nuestro amigo.

Casi pude percibir cuando ella tenía un orgasmo más al mismo tiempo que él. El parecía poseído y duro una eternidad vaciando su leche dentro de mi esposa. Cuando por fin el recobró la respiración, simplemente se subió los calzones, el pantalón, abrochó su cinturón y solo dijo un lacónico gracias y se fue casi de prisa.

Mi esposa que sudaba por todos lados cuando se sentó estaba exhausta. Todavía con la falda arriba pude ver cómo le escurría semen por ambas piernas. ¿Te gustó? Muchísimo le dije. Estuvo increíble ese tipo, ojalá lo volvamos a encontrar.

Me besó y pude saborear un poco del semen que ella había obtenido del sexo oral que había practicado. Así sin subirse la falda se fue todo el camino hasta llegar a la casa. Uno que otro trailero nos agradeció el erótico espectáculo de mi mujer con las piernas abiertas mientras se masturbaba recordando la súper cogida que la acababan de dar.


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