Las Islas Volantes

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Don Benito alzó la vista desde lo alto de su montura y observó las islas volantes que atravesaban el cielo de norte a sur.

Su caballo posaba de manera elegante y orgullosa, mientras que otras personas señalaban hacia arriba y enseñaban a sus hijos aquella maravilla que surcaba los cielos.

Cada isla es en sí misma una ciudad. Desde abajo se observan las cúpulas de cristal y torres de formas increíbles. Jardines y cascadas de aguas cristalinas que brotan de las montañas y fluyen sinuosamente formando pequeños ríos de aspecto plateado.

No se sabe su origen. Aparecen cada veintiocho días desplazándose suavemente en silencio a unos mil metros de altura. Su base es redondeada, de aproximadamente cinco kilómetros de diámetro.

Forman un grupo de siete y con el paso del tiempo les hemos dado nombre. Las hemos observado desde montañas más altas y sus ciudades son diferentes aún estando formadas todas ellas por estructuras cristalinas y metálicas integradas en frondosos bosques.

Sus nombres son importantes ya que cuando pasan y según el orden en el que aparecen, los antiguos observaron que se producían acontecimientos de naturaleza mágica en la comunidad, aunque había sus contrarios diciendo que nada bueno se puede esperar de un misterio que sobrevuela sus cabezas.

La Isla Radiante cuando aparece en primer lugar, se relaciona con la fertilidad, tanto en nosotros los humanos como en el resto de animales y plantas. Es como si todo brotara, como si no hubiera forma de parar el deseo de multiplicarnos.

La Isla Mentem tiene que ver con los momentos más extraordinarios en estudio e investigación. En ese intervalo de tiempo somos capaces de lo mejor y de lo peor.

La Isla Magnun aporta fuerza y determinación, también voluntad y  motivación para realizar cualquier cosa, negativa o positiva.

La Isla Oscura nos envuelve en un período de reflexión interior, pero también de ignorancia, torpeza y falta de visión.

La Isla de Fuego induce a los momentos más tensos en los enfrentamientos de ideas. Aquí empiezan las guerras. 

La Isla del Frío parece congelar todo movimiento. La rutina se hace más lenta, los pensamientos no fluyen libremente. Nos atascamos.

La Isla Última que siempre está al final, aporta estabilidad, pero también incremento y potencia al resto.

Muchos también creen que son las moradas de siete familias de dioses "protectores" de la comunidad. Pero muchos otros argumentan lo contrario.

Don Benito miraba que isla venía en primer lugar. Era importante el orden para observar el devenir. Pero aquél día todo cambió, la Isla Última venía en primer lugar y además las siete se detuvieron.

-¿Qué está pasando?- Se dijo el caballero.
Y salió cabalgando más rápido que el viento hacia el pueblo de Navarón, dónde se reunían en caso de emergencia.

El caballero Don Diego, decano de la Orden Esmeralda tomó la palabra:
- La profecía se está cumpliendo -  dijo alzando la voz.
"Cuando la última sea la primera sin movimiento, habrá llegado el momento".

- Pero no sabemos que significa - señaló Ari Taria, la Nigromante de la tribu Norden Lai. Y añadió:
-"Muchos dicen que es el principio de algo trascendental, que ascenderemos para habitar las islas".- Dijo señalando hacia arriba.

- ¡Pero también hay profetas que dicen lo contrario! - gritó alguien al fondo de la estancia.
- Sí, sí ... Están los Negatos, que opinan que las islas son cosechadoras de humanos - se oyó decir -
- Existen noticias de otras comunidades y pueblos alejados de nosotros, que soportan desapariciones de individuos y nunca más se vuelven a ver o tener noticias de ellos - advirtió un anciano del norte.

La gente estaba confusa. El mayor temor era porque se habían parado las islas. Se especulaban múltiples teorías, hasta que la verdad surgió de repente.

Amber Suit se despertó y se incorporó pesadamente. Miró a su alrededor y reconoció el lugar. Estaba en la "casa de los sueños". Salió de la estancia y se dirigió a la recepción. Preguntó si había una segunda parte del sueño " las islas volantes". Le dijeron que aún no se había publicado.

Se dirigió a la salida y en la calle caían finas gotas de lluvia de seis colores. Comprendió que no estaba en casa, así que tomó el autobús del sueño para ir a su nivel de realidad. Se durmió en el asiento de atrás y al despertarse estaba en la cama de su apartamento.

Mañana intentaré viajar a un nivel más profundo, se dijo. Tengo que encontrar la respuesta.
Se vistió y se fue al bar de la esquina a desayunar, antes de entrar en la oficina.







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