En el claro

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Estoy en mi claro, sentada, estoy entonando la canción que mi madre naturaleza me transmite. Estoy junto al rio, he estado lavando la ropa, lavándome a mí, sobre todo, quitándome capas de cosas, creencias, deberes que me creía que importaban. Y las he dejado que se vayan.

He ido entrando poco a poco, la verdad es que, dormir en el claro me ha ayudado a conectar con mi mujer, con mi femineidad, con mi esencia más intuitiva, más amante, más nutriente y todo ello, porque me sabia amada sin medida y me sabia querida sin medida.

La noche ha sido muy especial, he llorado de amor puro, amor a los árboles, amor a los animales y a los búhos, amor a mis hermanas la luna y las estrellas. Y poco a poco la noche se ha ido yendo y yo me he ido desperezando.

Primero me he lavado, he agradecido a mi hermano el rio que me ayudara a quitar capas, he dejado que la ropa y todas las cosas que había llevado, pensando que eran necesarias, que se las llevara el rio. Y me he sumergido. He permitido que el agua me limpiara, todos los poros de mi piel y más allá.

He conectado con mi cuerpo y sobre todo con mi piel, ese lugar donde se da el contacto con el agua, y he observado como los poros se abrían, para soltar y mi luz propia, al principio, poco a poco se empezaba a ver, y en ese momento ha amanecido, la oscuridad y el color plata del sol ha dado paso en frente y esa luz exterior me ha ayudado a que mi luz interna brille también.

Ahí estoy, debajo del agua, sin preocuparme por nada, solo siendo yo misma, permitiendo que el agua y hasta los peces curiosos y las algas y la existencia me mimen, como yo les mimo.

Miro alrededor y veo como los míos, sobre todo en espíritu están conmigo y celebrando la vida y el proceso transformacional.

Y eso me anima, eso me hace brillar más. Eso me hace estar segura de que estoy en el buen camino.

Salgo del agua, renacida, el agua me ha limpiado y ahora dejo que el sol me acaricie, me caliente, mientras me conecto con los seres sobre el agua también.

He crecido, me he aceptado algo más, he dado otro paso hacia la autenticidad. Sonrío, miro a los míos y sonreímos serenos.

Algo del agua, la salida es sencilla, ahora veo los pasos a seguir. Solo elijo seguir los pasos, los pasos que la mejor versión de mí misma ya ha elegido, solo me dejo guiar. Sabiendo que la otra mejor versión de mí misma me está protegiendo.

Vuelvo al claro, me visto con las ropas claras que había traído y tatareando me pongo a cantar. La canción que me inspira la madre naturaleza y, esta vez la canción tiene letra, esta vez he aceptado al sol, y el padre me inspira la letra.

Agradezco otra vez al claro, a mis hermanas la luna y las estrellas y a mi padre el cielo y a mi hermano el sol, todo su cariño y perseverancia conmigo.

Y pido permiso al claro para hacer fuego, recojo los palitos que están secos, agradeciendo a cada uno de ellos por su servicio. Los amontono y chiscando los dedos, de la chispa surge el fuego, me sonrío, todavía hoy en día me asombro a mí misma y a la vez me rio de las dudas que en ocasiones me atenazan, soy humana me recuerdo y vuelvo a sonreír.

Y con esa sonrisa, empiezo a cocinar. Pienso en cómo me quiero sentir, en como quiero que los míos se sientan y como quiero que sea mi relación con la vida, y me dejo guiar, he empezado con agua y especias, y los tubérculos, y todo lo demás, ha ido rodado. El cocido está preparado y todo el aroma se mezcla con los olores propios del bosque.

Estoy satisfecha, he hecho muy bien, me noto más ligera y a la vez más conectada y más consciente de mi guía. Y se, que, por lo tanto, soy más luz para los míos, que a la vez iluminan el camino también para mí. Porque todos juntos creamos.

Empiezo a ver a los duendecillos del bosque jugar, ellos también quieren su parte, así que les ofrezco pequeñas raciones para que compartan con los suyos en el bosque. Están juguetones, con ganas de jugar, y yo juego con ellos.

Los restos de la comida, los he enterrado para que sigan con el ciclo de la vida, y nutran a esos árboles que tanto cuidan de mí y de los míos. Porque la clave es el amor.

Y el bosque está en plena efervescencia. La noche ha pasado ya, es pleno día. Y va a ser un día muy especial, va a ser el primer eclipse de sol que mi niña, Mayana, va a ver.

Y, como siempre pasa, cada vez que pienso en ellos, mi astado aparece, con mi niña. Vienen jugando, como no podía ser de otra forma, Mayana charlando de todo y jugando con su padre al que adora, y comentando excitada lo divertido que va a ser ver como la luna oscurece al sol.

Hemos estado hablando mucho del proceso y está exultante.

Llegan al claro y Mayana se despega de su padre por un instante para abrazarse a mí y contarme con todo lujo de detalles lo bien que se lo ha pasado con su padre y con sus tías preparándose para el eclipse y como se ha puesto sus mejores galas para honrar el momento.

Estoy muy orgullosa de lo que yo y mi astado hemos creado, a veces parece increíble y luego me acuerdo de que la magia está de nuestro lado.

Mi astado me mira, respira, se para a mirar y vuelve a respirar.

Has crecido, has madurado, eres más, me dice. Si, contesto, estoy embarazada, esta vez es un astadito. Contesto sonriendo.

Y él me sonríe de vuelta.

Mayana sigue bailando, está jugando con los duendes y con las hadas, Así, nosotros, tenemos nuestro momento, de conexión pura y profunda, de reconocimiento, de reconexión. Volvemos a ser uno. Porque somos uno y como uno, nos fundimos con EL UNO, y nos expandimos, incluyendo a Mayana, al bosque y a los nuestros, y somos un UNO más brillante, más puro, más amante. Y solo somos UNO.


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