El Polvogym

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Por fin abrieron el tan ansiado club de gimnasia “polvogym”, la idea de este gimnasio es brillante, gestada por un sujeto que lleva muchos años recorriendo gimnasios de todo tipo, por todo el mundo y que al final de sus entrenamientos, siempre se quedaba como vacío, como que le faltase algo, está claro un buen polvo para distender los músculos cargados, recurriendo como último recurso a un buen «pajetón» en la ducha a modo de sustitutivo.

Y no me extraña nada, pues si duro es el entrenamiento, más doloroso resulta ver esa multitud de culos en «leggins» enmarcados, como insinuando es por aquí chicos, chochos sudorosos quedando al descubierto tras esas aperturas imposibles que invitan a meter la cabeza, ejercicios que simulan que tienes encima a tú pareja y se la estás clavando o flexiones, que en vez de quince haces veinticinco, pues la chica de enfrente te está mirando y te imaginas que está debajo o puestas a cuatro patas y tú detrás oliendo su cercano coño, cambias tú ejercicio al instante, haces un poco de cuádriceps de rodillas, espalda y cadera atrás aguantas la posición y con un golpe firme hacia adelante como que la enculas y así coordinados, ella se inclina hacia abajo y estira mostrando el culo en todo su esplendor y tú embestidas repetidas y en tú mente perversa penetrándola.

La clase estrella se llama «follafit», consiste en ejercicios orientados al sexo, con la pareja que elijas, la primera clase estaba petada, diez chicas y diez chicos, al final de la clase es cuando tiene lugar la corrida general, lo único no permitido es eyacular en ningún orificio de tú pareja.

Comenzó la primera clase, la monitora en tanga y topless, calentando al grupo con movimientos obscenos y música infernal, se fueron formando las parejas, así a ojo al menos dos eran de chicas y una de chicos, aquí todo está bien visto,  yo me agarre rápidamente a Ana una chica que conocía del anterior gym, rubita,  pequeña y con todo muy bien puesto, que cada vez que me ve por los pasillos me da un abrazo y un par de besos,  que como dice no ver bien, a veces caen en mi boca, lo cual me encanta.

No voy a detallar todos los ejercicios, uno de ellos sentadilla completa mientras el compañero en el suelo boca arriba hacía una elevación a toque de lumbar, a mí me tocó abajo y cada vez que Ana se agachaba en su sentadilla profunda yo aguantaba la posición picha arriba tocando suavemente su culo y chochín, ella hacia movimientos circulares en cada bajada que ya me estaban reventando el pantalón, que ya me quité para las últimas repeticiones,  la baja intensidad de luz y la potente música favorecía nuestra concentración y así un ejercicio tras otro, lo complicado de éste entrenamiento era controlar no correrte hasta el final.

Ejercicios variados a cuál más calientes, ya todos chorreando sudor y algún otro efluvio, con descansos medidos para aguantar hasta el final, quedaban diez minutos y la monitora que también se había quedado desnuda pajeándose en cada ejercicio anuncio la parte final.

—Uno por delante a cuatro patas otro por detrás pegadito al culo del de delante, la de delante agarrando culo del de atrás y el de atrás apretando tetas de la de adelante, «desde luego parecía muy técnico», pensé.

—Tenemos cinco minutos chicos, chicas, toallas cerca para limpiar los fluidos, por favor, comenzamos lentamente el meneíto, —indicó la monitora, «vaya final feliz que me esperaba», pensé.  Antes de posicionarnos, ya que estábamos en la esquina del fondo la susurré a Ana...

—Si te parece incumplimos la norma y me dejas que te la meta dentro.  

—Estoy mojadita y deseando, —accedió gustosa.  

Cogimos posición y recogí con mis dedos el chorretón de líquido que soltaba su vagina y me embarduné mi miembro ya erecto.

—Estáis todos colocados, ya sabéis la norma, solo rozamientos no penetración, —dictó la monitora, «al carayo las normas», dije para mí, mientras la penetraba suavemente para que no chillase en exceso y al ritmo frenético de la música comenzamos todos a movernos como nunca lo habíamos hecho en el gym, dale que dale, oía jadear a todos y a mi Ana unos suspiros retorciéndose de placer.

La sobaba las tetas con ganas y ella una mano en el culo y la otra me masajeaba los huevos, quité una mano de una teta y con mi mano sudorosa y líquido del coño de Ana, metí dos dedos en su ano, dio un giro rápido de cabeza y con una sonrisa pícara asintió a que se la clavase por atrás, metí suavemente la cabeza del pene, que curiosa se introdujo rápidamente hasta el fondo.

—Aaay,  — exclamó Ana de puro placer.

—Queda un minuto, —dijo la monitora, que ya casi balbuceaba, pues se estaba viniendo toda, «ufff que momento», pensé, arremetí con fuerza contra Ana dándolo todo, ella ya se estaba corriendo, mis últimas embestidas fueron de infarto y en el último segundo me corrí derritiéndome de placer junto con mi querida compañera, que no quería sacarla de ninguna manera.

—Chicos se acabó la clase, nos vestimos y limpiamos todo lo que podamos antes de que pase la limpieza, —concluyó la monitora. Todo el mundo comentaba al salir lo bien que le había sentado la clase, deseando repetir, al igual que Ana y yo.


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