El reencuentro, parte I

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Hola, me llamo Alex y voy a relatar la experiencia que viví con mi amiga y compañera Marta. Como ya os conté en uno de mis relatos anteriores, trabajo en una gran empresa con sucursales en casi toda la geografía nacional. Anteriormente había trabajado con ella, pero lo cierto, es que llevaba un montón de años sin verla, ya que, por cuestiones laborales tuve que trasladarme a otra ciudad. Solamente habíamos hablado por teléfono unas cuantas veces e intercambiado algún que otro mensaje desde la última vez que nos vimos. Hasta que un día a través de un mensaje, me enteré que ella tampoco estaba trabajando en la sucursal donde habíamos coincidido, sino que, también había tenido que trasladarse por motivos laborales.

Bueno antes de seguir os contaré cómo es mi compañera: Marta es una mujer increíble, lo primero que llama la atención al verla es su físico, tiene una cara preciosa, en la que destaca una sonrisa sempiterna, es una rubia especialmente atractiva y sexy, ya que, tiene un cuerpazo impresionante, es una mujer que a primera vista deja prendado, pero lo mejor de ella es lo que no se ve……es una mujer muy inteligente, con muchas ganas de aprender, con una gran facilidad para los idiomas. Le gusta viajar y es una gran conocedora de la geografía española y me atrevería a decir que a nivel mundial, puesto que, ha viajado por muchos países.  Y una de las cosas que más odia aparte de la hipocresía y de la mentira, es que la vean como un objeto, no soporta que simplemente la vean como un cuerpazo con una cara bonita, ella sabe de sus capacidades y quiere ser valorada por ello, no por ser una “tía buena” Además de esto, es una gran compañera, siempre dispuesta a echar una mano a quien lo necesite.

Bueno a grandes rasgos, esta es Marta, mi compañera. Yo la verdad es que la recuerdo con mucho cariño, aunque he de confesar que al principio me daba un poco de cosa hablar con ella. En los años que estuvimos trabajando juntos, trabajamos codo con codo, compartimos muchas experiencias laborales y era la chica perfecta, guapa, sexy, siempre con una sonrisa, siempre voluntaria para todo y con una seguridad en sí misma que me tenía abrumado…por eso me daba cosa dirigirme a ella, me sentía inferior, vulnerable, era como hablar con la chica más guapa de las cheerleders, por poner un ejemplo cinematográfico, no sé si me explico bien.

Los contactos entre nosotros se fueron haciendo más frecuentes y en uno de sus mensajes me dijo que estaba embarazada, cosa que me sorprendió bastante, ya que, no sabía que tenía pareja estable. Fue entonces cuando me comentó que estaba cansada de no encontrar pareja, los años iban pasando y como ser madre, era una de sus mayores ilusiones, había decidido dar el paso. A partir de ese momento me empecé a interesar por su salud y por la evolución de su embarazo. Solía escribirle cada día preguntando por ella.

Los médicos aconsejaron a Marta guardar cierto reposo y coger la baja médica en el trabajo, ya que, no era bueno estar de pie tantas horas, también le sugirieron que dejase la bicicleta y el runing (deportes que le apasionan) y ante la inminente llegada del calor, por el comienzo del verano, lo mejor era que estuviese relajada y descansada.

El caso es que aprovechando que yo disponía de unos días libres, comentamos la posibilidad de juntarnos y para ello quedamos en vernos en mi ciudad y así ponernos al día. El día fijado para vernos estaba hecho un manojo de nervios, ella iba a venir en tren y yo le había comentado que iría a buscarla a la estación. Hacía un calor sofocante, no sabía que ponerme y al final me decanté por unas bermudas azules y una camiseta roja con la cual me sentía cómodo. He de confesar que antes, me había depilado casi por completo, me gustaba en verano ir así, era más cómodo y más práctico a la hora de cuidarse con cremas solares, hidratantes, etc…

La hora se acercaba y tenía los nervios a flor de piel, hacía mucho tiempo que no veía a Marta y me encontraba en el vestíbulo de la estación como un colegial esperando a su novia a la salida del instituto.

El tren llegó puntual y las escaleras mecánicas comenzaron a funcionar, subiendo a los viajeros del andén hasta el vestíbulo. Me levanté y me coloqué frente a la salida de dichas escaleras, para poder divisar a mi amiga cuando subiese por ellas. Tras varias oleadas de gente… divisé a Marta, en cuanto me vio, sacó su sonrisa más increíble…...y no dejó de sonreír hasta que nos abrazamos. Yo mientras ella terminaba de subir no podía dejar de pensar en lo guapa que era y en lo sexy que estaba. Venía vestida con un vestido azul de verano, uno de esos que lleva tirantes y tiene un poco de escote, lo acompañaba con unas sandalias bajas del mismo color. Su embarazo apenas se notaba, (la tripa aún no había crecido demasiado, dado que, estaba embarazada de pocas semanas), salvo por el incremento de tamaño de sus pechos. Marta tenía unas tetas espectaculares, no eran grandes, pero tampoco pequeñas, usaría una talla noventa aproximadamente, pero las tenía erguidas, nada caídas y con una forma redonda, muy sexy. Eran una seña de identidad…...todo el mundo se fijaba en lo bien que tenía mi amiga puestas ese par de tetas. Ese día en particular, pude observar como el tamaño de sus pechos había aumentado, la redondez de sus formas era más que evidente y la tela del vestido apenas podía disimularlo.

Marta avanzaba con decisión y seguridad hasta que al llegar a mi lado se lanzó en un cálido abrazo.

Hola guapa, que alegría volver a verte. Dije yo. Hola Alex…cuanto tiempo, que ganas tenía de volver a vernos, contestó ella. Eyy…mírate, estás increíble y embarazada… no me lo puedo creer, dije con una gran sonrisa. Sí, aquí me ves, ¿quién me lo iba a decir? Tanto tiempo deseándolo y ya ha llegado el momento, ahora te pongo al día, dijo Marta.

Salimos de la estación y nos dirigimos al aparcamiento donde tenía mi coche, nada más montar en él, me dijo que estaba deseando comerse una hamburguesa en un famoso restaurante de comida rápida. Que tenía antojo de eso… y claro ¿cómo vas a negarle algo a una embarazada?

Total, que nos fuimos hacía el centro de la ciudad buscando el restaurante en cuestión, en el cual comimos las deseadas hamburguesas, mientras nos poníamos un poco al día. Una vez que terminamos de comer nos fuimos a casa, puesto que, no era plan de andar por la calle con ese calor a esas horas y así más cómodamente podríamos terminar de ponernos al día.


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