Una historia de ladrones nocturnos

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La mañana era fría, casi gélida, el viento, azotaba en las ventanas del caserón y dentro sin querer mirar hacia afuera para no sentir ese frio estaba ella.

Vestida de negro riguroso, se diría viuda reciente o una joven de esas que ahora gustan vestir por completo de ese color incluso en el carmín  de sus labios. Había pasado la noche paseando la casa de aquí  para allá, sobre todo había merodeado por la cocina, ?como era posible que una familia de este nivel económico tuviera  tan pocos víveres en la cocina? , era lamentable como estaba de vacía la alacena.

Fue ya presintiendo la luz del amanecer cuando dio con unas chuches en el cajón superior del segundo  armario  por la izquierda, era en  el último que pensaba mirar, por fin algo de azúcar para su estómago que ya clamaba de inanición. Un poco de agua del vaso que reposaba en la encimera y todo parecía volver a al normalidad. ¡Qué alivio y que placer le producía siempre  tomar un poco de azúcar! había recuperado las fuerzas.

Ahora que podía pensar con normalidad cayo en la cuenta de la hora, se había olvidado totalmente de  que la estaban esperando en casa, probablemente estén preocupados al ver que ella era la única de las amigas que no había vuelto. ¿Cuantas veces le habían dicho que había que volver antes del amanecer? Que esas horas eran peligrosas, había que volver.

Había que salir de la cocina, cruzar el pasillo, pasar por la puerta del cuarto de baño, girar  a la derecha, llegar al salón …….,siempre que pasaba por el salón observaba aquel agujero en la pared, algún día comprobaría hasta donde llegaba, y todo esto había que hacerlo muy rápido sin que los habitantes de la casa se percataran de su presencia, sabía muy bien que no les gustaba su presencia ni la de sus amigas.

Consciente de que ya no podía esperar, concentrando toda  su atención en la maniobra inicio la salida. Al salir de la cocina, vio por debajo de la puerta del cuarto de baño que había luz, maldita sea, había alguien ya levantado, se había retrasado demasiado ahora era posible que la descubrieran en plena huida .No había más remedio que intentarlo, si no se movía tarde o temprano la puerta del baño se abriría y  descubrirían su presencia, ya le había pasado otra navidad, cuando un niño buscando sus reyes de madrugada, casi la descubre.

Tenso los músculos , miró al fondo el pasillo para iniciar la carrera a la vez que  al puerta ,de golpe, se abrió inundado de luz el pasillo que había permaneció a oscuras toda lo noche, el miedo la atenazó y se quedó quieta, muy quieta, tan quieta que no se percató de la zapatilla azul, probablemente del dueño de la casa que la destripaba, contra el parket mientras gritaba

Malditas Cucarachas


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