El policía corrupto
Por Victoriano Sanchez
Enviado el 26/06/2022, clasificado en Varios / otros
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Vilaplana entró en el servicio de caballeros y se aproximó tranquilamente al lavabo. Al servirse jabón del dispensador, le pareció escuchar un susurro que provenía de uno de los cubículos de los retretes.
Se detuvo para agudizar el oído y prestar mayor atención. Antes de poner las manos bajo el grifo, escuchó:
—¿¡Cómo quieres que te diga que no me llames en horario de trabajo!?
Vilaplana reconoció enseguida la voz. Sin duda alguna, era la de su compañero de la comisaría, el oficial Hernández.
Lo primero que pensó fue que mantenía una conversación telefónica con su esposa. La relación que tenía con ella no estaba pasando por sus mejores momentos y, aunque era una indiscreción, era conocida por la mayoría de los compañeros desde que nació su hija pequeña.
Impulsado por la curiosidad, o quizás por el morbo, se aproximó a la puerta atrancada del receptáculo y prestó atención. Enseguida comprobó que no se trataba de un asunto doméstico.
—Si tengo tiempo, me pasaré por el Bar de la Esquina a pagarte lo tuyo… —afirmó.
Esa misma tarde, Vilaplana se adelantó media hora a la hora de finalizar su turno para ver si podía averiguar algo.
Al entrar en el establecimiento, pidió al camarero una caña de cerveza y se instaló en una de las mesas del fondo, donde esperó.
A los pocos minutos, Hernández apareció con semblante serio y, sin saludar, se sentó en un taburete al comienzo de la barra. El camarero, que estaba de pie en el otro extremo secando unos vasos con un paño, al verlo dejó lo que tenía entre manos y se dirigió hacia él. Pero antes de aproximarse, se giró para recoger, de debajo de una botella de whisky, un manoseado sobre de papel y lo depositó sobre la barra ante Hernández.
Debido al barullo existente en el local y a la distancia, Vilaplana no podía escuchar la conversación. Tan solo pudo intuir, por los gestos y la expresión de su rostro, así como por la comunicación no verbal, el fastidio que el encuentro le causaba al oficial de policía.
Enseguida, Hernández recogió el sobre arrugado y, tras sacar un billete de color verde de uno de los fajos, lo dejó sobre la barra. Antes de que el camarero pudiera reaccionar, Hernández le lanzó una mirada de desprecio y, acto seguido, se dio la vuelta sin dirigirle palabra alguna y salió a la calle.
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