EL OBSERVADOR

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EL OBSERVADOR

Todo sucedía dentro de la rutina, lo más normal posible, si no era porque en el silencio de la noche se sentía el murmullo de las bombas cayendo, y una cortina de humo en la distancia. Yo, a lo lejos, observando al mundo como transcurría con su vida. Halla en la lejanía, en medio de todo el estruendo, un árbol que siempre se había  distinguido de los  demás por su belleza, por lo grande que era, por la alegría que comunicaba a la hora de observarlo. De  sus ramas salían una flor blanca, dicen, que quien la comía, cambiaba su forma de ver la vida. Era tal su hermosura, la paz y confianza que trasmitía, que siempre jugaban a su alrededor un grupo de niños, siempre estaba rodeado de un montón de críos, ellos le llamaban el árbol de la vida. Las bombas nunca caían cerca del, siempre pasaba de largo, ni lo rozaba, siempre se libraba  de salir con algún arañazo, no sabía cómo, ni de qué modo, o porque, siempre salía airoso de todo  y eso que se situaba en el centro del enfrentamiento, que se estaba desarrollando ay. Un día de pronto, el árbol empezó a sentirse  triste, su flor empezó a caerse, dejando sus ramas descubiertas a los ojos de todo el mundo  que  pasaba por ahí. Era tal su desolación  interior, que daba la  sensación que estaba trasmitiendo  que algo gordo iba a ocurrir, si todo eso seguía  así, pero nadie le  escuchaba, todo adulto pasaba de largo, ni se habían dado cuenta, que el árbol de la vida estaba triste.  Un día, estando los zagales jugando a su alrededor, una bomba cayó cerca de ellos, todos  los pibes desaparecieron y el árbol se le cayeron todas las hojas dejándolo  desnudo a la vista de todos. De este modo se unieron al árbol para siempre, donde todos juntos observan como a lo lejos el ser  humano destruye la tierra y la vida.                                                           

 

Cañones apuntando, disparos cayendo, soldados camuflados Él día se esconde y la noche aparece.                              Ríos de sangre rebosando de ilusiones perdidas. Cuerpo mancos, destrozados  unos por otros.                                  Santuarios, templos hechos casas de descanso.  Por rezos y vidas perdidas en el silencio. Todos                                  abran y ninguno escucha. Cañones apuntando, disparos cayendo, soldados camuflados  y  la vida destruyendo.


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