Desi

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Desi tenía un trabajo muy duro. Trabajaba en un supermercado colocando y reponiendo fruta. Tenía que levantar cajas muy pesadas constantemente. Y ya era bastante mayor. Tenía cerca de medio siglo y se encontraba agotada. 

Tenía que trabajar y luego ocuparse de su casa. No tenía ninguna distracción que le hiciera divertirse. Nada la satisfacía.

De vez en cuando se tomaba un baño relajante con una copa de vino y se masturbaba. Era lo único que le hacía evadirse un poco. 

Su marido la abandonó hacía muchos años y desde entonces no había tenido sexo y lo echaba de menos. 

Nadie la hacía caso, por lo menos en lo respectivo a su atractivo. Iba siempre despeinada y mal vestida. No se esforzaba para parecer más atractiva. Pero estaba cansada de eso. Necesitaba un hombre a su lado. Pero solo para follársela de vez en cuando como dios manda. En condiciones. 

A menudo llegaba a un punto álgido de ansiedad y hacía cosas impropias de una persona decente. Compraba calabacines y se masturbaba masajeando su clítoris con un calabacín metido por la vagina y otro por el ano. 

Masajeaba sus pechos pensando que era un hombre apuesto y viril, el cual la penetraba fuertemente por ambos agujeros.

Un día decidió cambiar de peinado y vestirse un poco más provocativamente para ver si despertaba interés en algún hombre.

Dio resultado. Un compañero de trabajo, bastante más joven que ella, comenzó a lanzarle piropos cuando se cruzaba con ella. 

Desi desconfiaba. No sabía si eran las típicas bromas del trabajo o es que quería algo más.

Empezó a masturbarse más habitualmente, pensando en su compañero. En encuentros furtivos en el baño y en rincones inéditos por los que apenas pasaba nunca nadie.

Un día pusieron a su joven admirador como ayudante en la frutería y Desi le tendría que enseñar.

Diariamente había que cortar muchas sandías y melones para venderlos por partes. Esto se hacía en un cuarto aislado en el que, la persona que cortara, se tiraba varias horas sin ver a nadie.

Llegó la hora de enseñar a su admirador el funcionamiento de la máquina de corte. Era un cuarto muy pequeño, para una persona, con lo que, el rato de formación tendría que estar muy pegados.

Mientras Desi le explicaba el funcionamiento de todo, el joven se juntaba más y más a ella. Sus alientos se pegaban. Desi pensó por un momento si su aliento tendría mal olor, como muchas otras veces.

- Perdona, pero lo mismo te estoy atufando con mi aliento, jeje - dijo Desi en plan broma

- No te preocupes, me encanta notarlo en mi rostro. Me encanta estar cerca de ti - le dijo el joven, mientras rozaba su pierna con una mano

Desi se puso muy cachonda y su vagina comenzó a segregar tanto flujo que por un momento pensó que le había bajado la regla.

Desi rozó la mano del joven con la suya propia y en ese momento no pudieron evitar darse un caliente morreo.

Cerraron el cuarto con pestillo.

- Vamos a darnos prisa. No vaya a ser que quiera entrar alguien -

El joven se agacho poniéndose de rodillas, le dio a Desi la vuelta, le desabrochó el pantalón por la parte delantera y se lo bajó hasta la altura de debajo de los glúteos. Llevaba puesto un fino tanga blanco que la dejó de momento.

El joven comenzó a besar, chupar y dar mordisquitos a los grandes glúteos de Desi. Después de eso, le bajó el tanga junto con los pantalones hasta los tobillos y comenzó a chupar su ano. Estaba muy sudado, pero eso al joven le gustaba y le ponía bastante más. 

Desi gemía y se sujetaba a la mesa de corte con las dos manos.

El joven le metió la mano entre las piernas y comenzó a masajear su vagina, introduciendo los dedos en el agujero y manoseando su clítoris. Desi se corrió sin poder evitarlo.

El joven la dio la vuelta y comenzó a chupar su coño, que ya estaba pero que muy mojado. Desi le acariciaba la cabeza y le tiraba del pelo, gimiendo con la cabeza hacia arriba y los ojos en blanco.

El joven se puso de pies, la levantó con fuerza y la sentó en la mesa de corte, donde normalmente se empaquetaban los alimentos. La abrió las piernas y le introdujo el pene en el coño mientras le daba un morreo. El joven siguió bombeando perdido en el éxtasis. 

- Para Dani, para - le dijo Desi, intentando apartarle, sin éxito

El joven siguió hasta que ríos de semen corrieron por el interior del coño de Desi y ésta volvió a correrse al unísono.

- aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, diosssssssss, cuanto hacía que no me follaban asíí, aaaaaaaaa

Una vez terminaron, Desi se vistió rápidamente.

- ¿Qué te pasa? ¿No te ha gustado? - le dijo el joven

- Pero, ¿estás loco? ¿Cómo se te ocurre correrte dentro? -

- Como tienes cincuenta años, pensé que ya no hacía falta... -

- Claro, como soy una vieja ya tengo el útero reseco -

Desi salió corriendo al baño, se sentó en el váter y con agua se intentó sacar el semen de dentro, metiéndose los dedos por su coño recién follado, dándose cuenta mientras lo estaba haciendo de lo estúpido que era. Como los misiles de ese pequeño follador llegaran a su objetivo, Desi tendría que enfrentarse a un problema el cual hacía tiempo pensaba que no se tendría que preocupar nunca más.


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