JULIA

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Julia, una chica de ciudad con raíces provincianas, acaba de llegar de la ciudad donde todo se volvió tedioso y gris a la casa de campo familiar que apenas recordaba, una casa vieja y pequeña que ya probablemente sería de sus abuelos o incluso alguna generación anterior. La casa apenas tenía unos muebles viejos de hierro y madera, y olía a humedad y cerrado, hacía muchos años que nadie iba a ella, casi no recordaba nada de lo que se encontró. Lo que más fresco tenía en su cabeza era el vergel que la rodeaba, aunque no de manera muy nítida, pero si recordaba todo un entorno verde intenso que no había cambiado, salvo en que ahora era aún más frondoso que cuando iba de niña.

Julia llegó a media mañana en su pequeño coche al calor del campo, un calor ya notable, el verano estaba cerca y parecía que allí ya había llegado, estaba todo en silencio salvo por el sonido casi musical de la naturaleza que la rodeaba, y por ella misma. Tras inspeccionar más o menos cuanto la rodeaba y después de medio instalarse en la vieja casa, recordó que cerca de ella había un lago al que solía ir toda la familia en las vacaciones veraniegas, recordaba el olor a tierra mojada tras la lluvia y que su madre no la dejaba ir sola o no la dejaba bañarse en según qué momentos. Abrazada por el calor del campo, cogió una toalla de playa y se encaminó al lago. Al llegar no encontró a nadie, ni a nada, parecía un lugar abandonado, solo cuidado por el entorno que lo acompañaba. En soledad, Julia extendió la toalla a unos pasos del agua y se quitó la ropa, se quedó totalmente desnuda bañada por el sol y el calor que se hacían con cada rincón de su cuerpo, y así, medio sudorosa, se metió en el agua. Primero la tanteo con la punta de los pies, sus largos dedos la permitían mantener cierta distancia con el agua; estaba fría, pero no mucho, seguro que con el tiempo su cuerpo se adaptaría a la temperatura y ya no notaría el frío. Se metió casi hasta los hombros, el agua le cubría la mitad de su larga melena negra.

Pasado un rato en el que había nadado e incluso buceado hasta el fondo del lago, Julia se quedó en el lugar donde dejó su toalla, era un lugar donde hacía pie, un lugar donde no le cubría ni la mitad del cuerpo y el agua apenas le llegaba por debajo de las caderas, envuelta en el silencio del lago, a su espalda escuchó una pequeña tos nerviosa de hombre, era una tos como de disculpa que rompía la paz de la que había disfrutado hasta ahora. La molestó un poco, pero decidió ignorarla y se quedó dónde estaba. La tos se convirtió en voz, una voz joven, no de hombre maduro, de hecho y a juzgar por sus palabras, era más bien un joven aún muy verde. Él se disculpó tímida y tartamudamente diciendo: —perdón, no sabía que había nadie aquí —, Julia mirando hacia atrás, pero sin verle, le dijo que no pasaba nada, que podía quedarse, y se quedó dónde estaba, delante de él sin inmutarse, con casi todo su cuerpo desnudo a la vista de él. Él, tímido, no dejaba de mirarla, no podía apartar la vista de su desnudez hasta que un nudo en la garganta y el sudor del cuello le hicieron ir unos pasos atrás más allá de la toalla de Julia, había notado que aquella imagen en el lago le estaba provocando sensaciones que no había tenido antes. Por su parte, Julia se perdió en el agua, de un momento a otro, aquel chaval que la sorprendió, la perdió de vista, apenas le dio tiempo a ver su cuerpo desnudo tragado por el lago. Al cabo de unos segundos que se hicieron minutos, Julia emergió en medio del lago y por un breve instante, él le vio sus pechos empapados hasta que bajo la cabeza por no parecer un descarado, y porque no sabía que más hacer, mil pensamientos le asaltaban, la sudoración y una extraña tensión en la entrepierna hacían visible su tensión, sopló. De repente escuchó como ella salía del agua, y no pudo evitar verla salir, desnuda y chorreando agua como una cascada. El agua resbalaba por su cuerpo, goteando como lluvia. No podía dejar de mirar su generoso pecho desnudo, ni su frondosa entrepierna perlada por el agua. Julia por su parte, le miró divertida y como si no pasara nada. De camino a la toalla le preguntó: —¿nunca has visto a una chica desnuda? —. Él respondió que no, que allí apenas había gente, y mucho menos chicas que se bañasen desnudas, Julia rio casi compadeciéndose de él al tiempo que se tumbaba cara al sol sabiendo que él aún la miraba, miraba sus pechos que casi caían a cada lado del cuerpo, brillantes por el sol y el agua, miraba su peluda entrepierna de la que él pensaba que tenía que hacerle cosquillas en los muslos de sus largas piernas, eso le excitaba aún más. Esos pensamientos acentuaban el calor y la erección, la respiración era más pronunciada, aunque él procuraba silenciarla. Incómodo y excitado pensó en decir que se iba, ese pensamiento fue interrumpido por Julia que en ese instante se levantó y dijo que se iba a dar otro baño, y se fue ante la atónita mirada de su acompañante que no medió palabra. Julia nadó y se sumergió en el lago, y volvió a aparecer de nuevo diciendo: —¡métete, el agua está muy buena —, 'buena estás tú', pensó él que no sabía que decir, ella le animó con un "no me dejes sola". Él, tembloroso, aceptó y se desvistió hasta quedarse en ropa interior, le daba mucho corte quedarse a la par que ella, se le notaba la erección que parecía haberle bajado con los nervios...

Continuará…


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