SOMOS HISTORIA

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Ramón Estapé que era un hombre de treinta años, necesitaba una compañía femenina pero no sabía muy bien como encontrarla dado el ambiente disperso de la ciudad y que además cada cual vivía demasiado encerrado en su mundo particular. Así que optó por entrar en una página web de contactos en su ordenador, donde conoció a una mujer joven llamada María Eugenia con la que congenió enseguida, por lo que no tardaron en quedar citados en un lugar céntrico de la gran urbe.

María Eugenia era una fémina de estatura mediana, con gafas; de cabello castaño recogido en una coleta, la cual tenía una agradable sonrisa que a Ramón le fascinó.

- Vaya, veo que eres más atractiva en persona que por Internet - le dijo él en un tono alegre.

- ¡Bah, bah. No exageres! - respondió ella muy halagada.

Ramón llevó a la chica a un agradable bar musical en el que se escuchaban unas piezas melódicas para que las parejas pudiesen ponerse románicas y se sentaron en una mesita que había al fondo de la estancia frente a una gin-tónic.

- Me dijiste que eres una administrativa del Hospital Clínico de Barcelona ¿no? - dijo Ramón para iniciar el diálogo.

- Sí, asi es.

- ¿Y te gusta tu trabajo?

- No está nada mal. Tú eres el contable de una empresa de productos lácteos...¿verdad? - se interesó María Eugenia.

- Sí, y me va muy bien...

- Verás. Antes de nada te he de decir una cosa - dijo ella poniéndose muy seria-. Ahora estoy pasando por una mala temporada porque mi matrimonio no ha ido nada bien, y mi marido y yo estamos tramitando el divorcio.

- Oh. Esto son percances de la vida. Lo siento y te comprendo perfectamente. Espero que tu mala racha pase pronto.

- ¿Tú estás divorciado? - inquirió María Eugenia.

- No, no. Soy soltero. He tenido algunas aventuras amorosas, pero no han llegado a buen puerto. En fin, qué le vamos hacer. Volviendo con lo nuestro - expresó él cambiando de tema-. ¿Qué es lo que más te gusta a ti? Yo cuando no trabajo lo que más me apasiona es la lectura.

- Ah, a mí también. No todo consiste en la vida en cumplir con nuestra obligación, comer y dormir.

- Exactamente. Creo que nosotros debemos de cuidar nuestra vida interior como una planta. 

- Yo suelo leer novelas escritas por mujeres. ¿Y tú?

- Bueno, yo leo un poco de todo. Pero me encanta la Historia - respondió él.

- ¿En serio? ¡Yo no puedo con la Historia! - exclamó María Eugenia.

- Entiendo. Por cierto. ¿Eres de Barcelona?

- No del todo. Mi familia es de un pueblo pequeño de la provincia de Huesca, donde teníamos unas tierras que apenas producían nada, por lo que emigramos aquí. Y mi padre, gracias a la influencia de un pariente que hacía años que se había instalado en esta capital quien está empleado en una fábrica de coches pudo colocarlo en dicha empresa, mientras que mi madre entró a trabajar de dependienta en una tienda bastante importante en el barrio de San Andrés - explicó María Eugenia-. Yo ingresé en una escuela pública, pero como era muy voluntariosa y siempre he tenido un espíritu de superación me he esforzado en estudiar a fondo, y esto me ha hecho estar en buena situación, pero yo sigo adelante.

- Como no eres una cosa, sino una persona, vienes de un pasado, para vivir el presente, que se proyecta en el futuro - le dijo Ramón-. Y así vamos todos desde el principio de los tiempos. ¿ Crees que podríamos evolucionar si no hubiese habido un hombre de la Edad de Piedra que se fijara en el hacha de su antepasado para poder mejorarla y cazar mejor? Creo que no. ¿Podríamos contar nuestra historia personal si hace más de cinco mil años los faraónes no hubiesen narrado sus gestas y hazañas para dejar contancia de su Imperio en la posteridad? Tampoco. Por otra parte nosotros somos hijos de la vieja cultura griega y nos apoyamos en los historiadores Herodoto y Tucidedes. Ya San Agustín dijo que el alma humana era la memoria; cosa que me parece exagerado. 

- Ya. Pero es que mi pequeña historia ya es agua pasada Ramón- replicó María Eugenia.

- Cierto. Pero te sirve de punto de partida, de referencia para mejorar en el presente. Lo que no se puede hacer es anclarse en el pasado, porque las cosas cambian. Yo he conocido a tipos de mentalidad muy rígida que se estancan en el pasado. Por ejemplo en sus costumbres, o con las peliculas, y creeme que son patéticos. No se puede hablar con ellos porque no entienden nada.

- Ya.

- Tú por ejemplo vas a una empresa a buscar trabajo, y te piden el curricúlum; es decir, tu historial profesional. A ti te duele el pie, y vas al médico, quien se pone al corriente de tu historial clínico para poder curarte. ¿Crees que la Medicina hubiese evolucionado con los antibióticos a lo largo del tiempo si no se supiese que en el pasado hubieran habido enfermedades infecciosas que mataban a mucha gente? Pero para ello hay que contemplar a la Historia y ver cómo vivian nuestros bisabuelos.

- Todo éso es verdad. Yo me refiero, a que no  me gusta la Historia porque siempre habla de las guerras del pasado que a nosotros ni nos va ni nos vienen. Y la escriben los vencedores de un bando, o los nobles de otras épocas.

- Esto es una manipulación política que va de espaldas al movimiento real de la vida. Pienso que hay que ver a la Historia con la suficiente perspectiva; o leer entre líneas para tomar conciencia de nosotros mismos. ¿Dónde estamos? ¿A dónde vamos? Queramos o no todos nosotros somos historia.

Como la pareja había entrado en una fase de óptma confianza, Ramón tomó cariñosamente una mano de la mujer y la besó, seguido de un prolongado beso en los labios de ésta quien se dejó llevar con toda naturalidad, por lo que su relación sentimental con Ramón se prolongó indefinidamente.

                                                                  FRANCESC MIRALLES

 

 

 


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