Mi primera vez 2/2

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Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
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Después de ese rápido encuentro en mi casa, seguimos chateando como lo veníamos haciendo desde hacía unos meses, pero ya no aguantábamos más ...Ya teníamos que vernos en otro lugar para materializar todo aquello con lo que fantaseábamos.

¡Llegó el día! ¡Estaba muy muy ansiosa y asustada! Nunca lo había hecho. Llegué al motel por mi cuenta con lentes oscuros, chaqueta y bufanda parecía otra persona. En el cuarto ya me estaba esperando él, se sonrió con mucha picardía viéndome como venía disfrazada, mientras me iba quitando cada accesorio de mi indumentaria. Yo no sabía ni que decirle, pero no necesitábamos decirnos nada, nos abrazamos y empezamos a besarnos. ¡Que besos! ¡Madre mía! Que delicia de besos...Empecé a desabotonar su camisa, besé su cuello, bajé por su pecho, lamí sus pezones erectos mientras tocaba su polla por encima del pantalón. ¡La tenía durísima! Rápidamente me arrodillé frente a él, liberé su pene delicioso ¡y lo besé con locura! Bajé su pantalón, lo tumbé en la cama me metí entre sus piernas, me tragué toda su polla, lamí sus bolas metí mi lengua entre su culo que rico. Yo ya estaba desnuda, él no dejaba quietas sus manos, me incorporé y me senté de una sobre su polla. Ansiaba sentirla dentro de mí y así lo hice, que rica sensación sentirla dentro de mí. Yo subía y bajaba galopando sobre él mientras mis tetas golpeaban su cara, él las lamía, las chupaba, las estrujaba. Luego me levanté y él se sentó, me volvió a besar la boca y me haló cogiéndome de mis piernas hacia el borde de la cama, se arrodilló en medio de ellas y empezó a lamer mi húmeda vagina. Parecía perrito tomando agua, ¡que rico! Luego se levantó y ahí en el borde de la cama me penetró con fuerza una y otra vez, de frente de lado. Eso me daba una paliza deliciosa y yo disfrutando al máximo, hasta que no pude más y ¡llegué al éxtasis! El aún no, ¡que aguante de este muchacho!! Pensaba yo, entonces, él se sentó y yo me le pegue a su polla hasta que se vino en mi boca. Me tragué todo su semen, ¡y me supo a gloria!

Después nos recostamos un rato en la cama, luego nos bañamos y nos despedimos sin prometernos nada... al otro día lo encontré en la calle y sólo nos sonreímos recordando nuestra travesura... después de ese encuentro seguimos chateando, pero aunque él quería repetirlo, yo no quise volver a exponerme y esa fue nuestra única vez.


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