Un sueño hecho realidad (1/2)

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Esa noche, estaba teniendo sueños fuertes, sensuales y muy excitantes, hacía frío, pero ella sudaba. Daba vueltas en la cama, soñaba que dos gigantescos y musculosos hombres la levantaban en el aire, mientras intentaban beber desesperadamente sus jugos vaginales. Se despierta sobresaltada, mira a los lados, su esposo dormía placenteramente. Mira el techo, con la poca luz que se colaba por la ventana, el viento y las ramas de los árboles hacían siluetas destellantes. En la oscuridad del cuarto, recordaba lo que había soñado y comenzó a sonrojarse. De los nervios intenta ver el reloj que descansaba vagamente sobre la mesita de noche. Eran las cinco de la madrugada. Se vuelve a acurrucar entre las sábanas intentando conciliar el sueño. Pero lo que había soñado la mantenía despierta. Tras no lograr dormir, se sienta en la cama, mira a su marido que dormía del otro lado sin percatarse de lo que le estaba pasando. Se pone las pantuflas y la bata que estaba sobre la silla. No enciende la luz, con la que entraba tímidamente entre las cortinas alcanzaba para ver toda la habitación. Sale del cuarto estirando los brazos, un bostezo aburrido se le escapa de la boca mientras camina pachorrientamente y arrastrando los pies hasta la escalera. Baja escalón por escalón lentamente. enciende la luz del pasillo y de la cocina.

Afuera el clima estaba tremendo, el invierno mostraba su peor faceta. El zumbido del viento le hacía dar escalofríos. Ya en el living, mira el hogar, apenas había unos carbones encendidos. Agarra del cajón unos trozos de leña y los coloca sobre los carbones. Luego se sienta a lo indio sobre la alfombra peluda. Atizando lentamente logra encender el fuego. Coloca las manos tratando de atrapar el calorcito que despedía el hogar. Su mirada se perdía entre las llamas, su mente viajaba a ese sueño que la tenía loca, enardecida porque su cuerpo pedía a gritos una noche como esa.

Prepara café, mientras lo espera, alimenta al perro que dormía en el viejo sofá. En la casa, el olorcito irresistible a café se iba esparciendo en todas direcciones. Aspira profundamente el delicioso aroma cerrando suavemente los ojos. Cada movimiento que hacía, los aromas que percibía, el calor del fuego y el sonido del viento la hacían viajar a ese sueño que quería vivir ya con ansias. Vierte el delicioso y humeante líquido dentro de una taza y con ella entre las manos, se vuelve a sentar frente al fuego a observar cómo las llamas danzaban entre los carbones encendidos imaginando vivir esa noche especial.

El reloj la saca de sus pensamientos lujuriosos, devolviéndola a la cruel y triste realidad. Vivir atada a una familia que no le prestaba ni la más mínima atención a la cual ella necesitaba con urgencia. Apurada prepara el desayuno, minutos después el caos familiar comenzaba a desatarse. Entre los ruidos de los hijos más el saludo apurado y frío de su marido la sacó por unas horas de lo que había soñado esa noche.

Después de que, el silencio vuelve a adueñarse del lugar, se queda sentada mirando la mesa vacía de gente, pero llena de cosas. Al comenzar a levantar los restos del desayuno. Sobre la punta de la mesa, descubre el celular de su marido que estaba bajo el repasador. Sin tocarlo recoge los utensilios de la mesa, limpia y ordena todo sin darle tanta importancia al celular.

Sale de la cocina, a los pocos minutos regresa con más curiosidad que antes, el celular permanecía en el mismo sitio en silencio, ni una luz salió del dichoso aparato. Vuelve al dormitorio, para esto ya eran las 11 de la mañana. Mientras iba haciendo el aseo del cuarto, decide hacerle una visita a su esposo. Hacía tiempo que no iba a verlo a la oficina.

Busca entre sus pertenencias, la mejor ropa que tenía, mientras buscaba recordó que, era su aniversario de bodas. Así que, ¿Será casualidad o causalidad que pase esto?, Pensaba mientras se iba cambiando. Se maquilló muy sensualmente como lo hacía cuando eran novios, se pone unos zapatos de tacón. Va hasta la cocina pone el celular en su bolso, toma las llaves. Luego se mira en el espejo que estaba detrás de la puerta y se va.

En el auto comienza a recordar las cosas que habían pasado juntos. Desde la actualidad, y más para atrás todavía, todos los acontecimientos importantes hasta los más estúpidos que habían vivido. Todo parecía haber pasado tan rápido y no había vivido casi nada.

Era joven, por lo menos se sentía así. No aparentaba ser mayor, mas bien aparentaba tener unos diez años menos. Su mente y sus ganas eran mucho más joven que su apariencia. Ella quería vivir cosas que tal vez ahora ya no le daban tanta vergüenza como antes, ni le daba miedo vivirlas como en aquellos momentos de juventud. Quería sentirse nuevamente plena, llena de vida.

El viaje se le hizo más bien corto. Entra al enorme edificio, que parecía un gigante devorando personas. Sube el ascensor que la llevó al cuarto piso. En recepción no había nadie, mira para todos lados sin conseguir a ninguna persona. Decide avanzar, en el lugar sólo se podía oír como sus tacones pisaban las baldosas blancas y negras del damero. Atraviesa el pequeño corredor que la lleva hasta el escritorio de la secretaria, al igual que en recepción, no había nadie.

Desde el escritorio, pudo observar que la puerta de la oficina estaba semi abierta. Permanece inmóvil junto al escritorio tratando de oír si alguien estaba ahí. De pronto oye voces risueñas que salían de la oficina. Por la lejanía no podía entender que decían. Al irse acercando, su corazón comenzó a latir con mucha fuerza. Se asoma muy sutilmente, alcanzando a ver, la espalda de su marido con los pantalones abajo, que envestía a unas largas piernas con fiereza. Una voz juvenil perreaba y jadeaba juntamente a los gemidos masculinos de su marido.

Inmediatamente los ojos se le llenan de lágrimas. Su mano se dispara automáticamente hacia su boca tapando el grito silencioso que acababa de soltar. Da unos pasos hacia atrás, da una media vuelta y sin decir nada vuelve junto al escritorio de la secretaria. Con la vista nublada por las lágrimas y las manos temblorosas, abre como puede el bolso. Saca el celular y lo tira con furia sobre el escritorio. Sale casi corriendo del edificio, mirando para todos lados como buscando a alguien, pero no ve a nadie conocido que pudiera abrazar. Para ella parecía una ciudad desierta. No comprende que estaba pasando. Después de un instante se agarra la cabeza con ambas manos. La lluvia comienza a caer con fuerza. Con el cuerpo totalmente empapado, comienza a correr como loca.

En un semáforo cercano, intenta pasar corriendo, no ve la luz roja. Un automovilista casi la atropella. El ruido de la frenada la hace detener en seco, cayendo de rodillas y con los codos al suelo quedando en forma fetal. Otro automovilista que estaba estacionado, observa toda la escena, e instantáneamente sale del auto corriendo hasta donde estaba ella.

_ ¿Estas bien?, ¿te pasó algo? ¡en que te puedo ayudar!_ dice mientras tocaba su hombro. Ella levanta la cabeza asustada y medio desorientada.

_ Espera, toma mi mano_ dice estirando el brazo tratando de levantarla. Ella lo mira y luego a su mano, siempre asustada y con un poco de desconcierto. Le toma la mano intentando levantarse, un dolor en la rodilla la hace trastabillar. El muchacho la toma de la cintura tratando de que no vuelva a caer al suelo.

_ ¿Podés caminar?_ le dice mientras la sujeta fuerte. Con la cabeza medio mareada le afirma y la lleva junto a su auto.

El muchacho que casi la atropella pregunta_ ¿Está bien, señorita? ¿quiere que llame a una ambulancia?_ le dice asustado sacando el teléfono de su bolsillo.

El muchacho que estaba con ella, mientras le abre la puerta observa toda la escena.

_ sí, estoy bien, sólo es mi rodilla, a la ambulancia no la necesito, gracias_ dice mientras se va sentando en el asiento del acompañante.

_ Le dejo mis datos por cualquier cosa_ Con manos temblorosas le da un trozo de papel, ella lo mira y le dice.

_ no, gracias, no hace falta. Yo fui la culpable. Quédese tranquilo_ termina de entrar en el auto, se toca la cabeza como tratando de recuperar la conciencia.

_ gracias señorita ¿me puedo retirar entonces?_ dice extendiendo su mano para saludarla.

_ sí, sí, no hay problema, puede marcharse_ tratando de persuadirlo para que se marche. Luego le da la mano.

El muchacho le da el trozo de papel al otro muchacho diciendo_ Toma por cualquier cosa, podés ubicarme acá_ le da la mano y se retira.

Coloca el trozo de papel en su bolsillo, cierra la puerta del coche. Luego se asoma por la ventanilla diciendo _ ¿te llevo a algún lugar?_ sin esperar la respuesta da la vuelta al auto y se coloca al volante cerrando la portezuela.

Toda la escena transcurre bajo la copiosa lluvia, todos se habían mojado hasta los huesos.

Él abre la guantera y le da unos pañuelitos.

_ Toma no muerde_ le dice intentando arrancarle una sonrisa.

Ella lo mira asustada, luego lo toma haciendo una pequeñísima mueca. Se mira tímidamente por el retrovisor y limpia suavemente su rostro donde las marcas negras de maquillaje habían dejado su rastro. Se quedaron en silencio mirando cada uno por su ventanilla. La lluvia golpeaba fuertemente sobre el auto.

Después de unos instantes, le dice sin quitar la mirada de la ventanilla. _ ¿vas a responderme lo que te pregunté?_

Ella sin quitar la vista de la suya, intenta responderle. En ese preciso momento una lágrima rueda por su mejilla cayendo en su pecho mojado. La lágrima hace un pequeño chasquido sobre la blusa. Inmediatamente, él gira la cabeza clavando su mirada en ella sin decir nada.

Ella prosigue, enseguida sin mirar a su acompañante, sigue mirando por la ventanilla.

_ hoy es nuestro aniversario_

Sus lágrimas comienzan a fluir sin cesar, pero no hace nada para detener el llanto.

_ Lo encontré haciendo el amor con una chica_ Lleva una mano a su rostro_ y no hice nada, simplemente me fui_ soltando un sollozo extremadamente fuerte.

El sin pensar, la abraza fuertemente junto a su pecho como si fuera un ser muy querido. Ella no lo detiene, por todo lo contrario, más bien se abraza a él con mucha fuerza. Necesitaba mucho ese abrazo de oso. Tan triste resultó ese momento que comenzó a llorar a la par de ella.

Después de un rato de llorar juntos, los dos secan sus lágrimas como pueden.  Ella le da los pañuelitos que tenía entre las manos. Se los ofrece dejándoselos caer entre sus piernas. Los dos clavan las miradas uno hacia el otro, el momento comenzaba a ponerse cálido. De la vergüenza que le ocasiona el momento, para romper el encanto, toma un pañuelo de la caja y luego se seca la cara haciéndose la distraída.


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