INDAGANDO EN LA PESQUISA DE MI VERDAD (7 de 2)

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                                                         CUENTO (7 de 2)                                              

                                        No hay dos y  tres, sin uno

Hace mucho, mucho tiempo, cuando todavía el ser humano no entendía de enfrentamientos entre sí, cuando todos nos respetábamos y aceptábamos como éramos. Cuando la pareja se respetaba y  era duradera, cuando no había divisiones de razas, lenguas o creencias religiosas, en un punto perdido del mapa llamado Coas (canada) había una aldea donde se estaba preparando una unión entre dos jóvenes. Todo  transcurría como  siempre en armonía y sin ningún problema entre los aldeanos, aunque se estaba desarrollando en circunstancias muy diferentes a lo acostumbrado. La joven estaba encinta, se había quedado embarazada. Esto no estaba permitido, tenía que llegar virgen al altar y siempre se había respetado. En esta ocasión por primera vez, no se había tenido en cuenta las normas, costumbres, ni leyes. Estos dos jóvenes sin saberlo estaban a punto de  desarrollar un conflicto que cambiaria la historia de la humanidad. Trascurrido un tiempo, ya avanzado el estado de ella, empezaron las discusiones entre los aldeanos, familias de los cónyuges y entre la pareja, cada día era más fuerte que el otro. Un  día antes de que el parto se presentara, apareció un Ángel en la aldea y les comunico a todos que la joven tenía dos niños, pero que por todo lo que había trascendido la cuestión del embarazo, el creador, había decidido que uno naciera diferente al otro y que cuando aprendiéramos a convivir con nosotros mismos, cuando volviéramos a respetarnos y aceptarnos, todo volvería a la normalidad. Solo entonces seria cuando no veríamos las diferencias entre unos y otros. Dicho esto desapareció. Nació dos bebes muy hermosos. Los dos nacieron sanos y fuertes, los dos eran niños, solo que uno era blanco y otro de color. Desde aquel suceso el ser humano  jamás dejo de enfrentarse uno a otro.

Hera tengo que hirme .Diciéndome adiós vi como se iba alejando, era como si algo tirara de él y desde lo lejos, un llanto de niño. Se escuchaba como un estruendo y con lágrimas en los ojos, le desee suerte en camino y pidiéndole que nunca se olvide de mí, pues yo siempre lo llevare conmigo.


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