La Llave Oscura

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La llave oscura apareció sin más, sin buscarla, de hecho Simón no sabía ni que existía. La encontró en su finca, en un terreno de dos hectáreas mientras araba la tierra de las viñas. Estaba en perfecto estado a pesar de haber estado enterrada. Negra como el azabache, no parecía haber estado allí, más bien parecía haber salido de un cajón.

A Simón le resultaba difícil entender su forma y la cantidad de detalles grabados, así que se la llevó a su casa para estudiar con más atención sus relieves. Dió media vuelta y observó algo enterrado que sobresalía un poco. Apartó la tierra y descubrió un pequeño cofre también muy ornamentado. Parecía ser de hueso o marfil.

Estaba flipando, además estaba impoluto. Lo abrió y había un pequeño libro. Pasó las páginas y le dió la impresión de ser un diario. Además de estar manuscrito, contenía muchos dibujos y grabados. Incluso aparecía dibujada la llave.

Dejó aparte los tesoros y removió la tierra por si acaso había algo más. No encontró nada nuevo, así que volvió a casa divagando en torno a los objetos encontrados.

Ya en su estudio Simón inspeccionó detenidamente la llave y la parte del diario donde estaba dibujada. Entender la escritura fue imposible. Investigó a través de internet, pero los carácteres del diario no coincidían con ninguna lengua o escritura conocida. Preguntó a lingüistas, filólogos, antropólogos, pero todo fue inútil.  Muchos pensaron que era una invención de alguien.

De pronto apareció una muchacha de nombre Iria Nova, interesada en la interpretación del diario. Dijo tener un máster en lenguas arcaicas anteriores al paleolítico. Simón pensó que sería interesante mostrarle algunas copias y fotos.

Los resultados fueron impresionantes. Iria averiguó que la escritura pertenecía a una especie desaparecida hace cincuenta millones de años denominada Amat y que la llave abría una puerta hacia un mundo oscuro.

Simón preguntó a Iria qué era ese mundo, si el diario ofrecía alguna información y dónde estaba la puerta. Ella contestó que necesitaba tiempo para interpretar la escritura, ya que el texto era cambiante. Influye el clima, el estado emocional del que lee, los ruidos, el lugar... La muchacha dijo que tendría que alinear todos esos aspectos y con suerte obtendría resultados.

Pasaron los días y Simón estaba nervioso porque el diario estaba en poder de ella. La llave cada vez estaba más negra, no sabía cómo, pero esa negrura se tragaba la luz. Tenía que guardarla en un recipiente hermético, dentro de un baúl, que estaba en una habitación a oscuras.

Al cabo de una semana, los dos tuvieron una reunión, donde Iria informó de los resultados de la investigación:

"El texto, comenzó diciendo ella, está vivo. No es comprensible para nosotros porque en nuestra existencia nunca hemos pensado en impregnar una parte de nuestra mente a unas letras escritas. El soporte, que parece papel, no lo es, está formado por imágenes mentales solidificadas y es indestructible. Por eso, la comunicación con lo que creíamos que es un diario, es en realidad entre nosotros y los seres que existen en la escritura."

Simón estaba anonadado, le  costaba asimilar aquella realidad, así que Iria dejó pasar unos minutos y prosiguió su relato:

"Ayer cuando se estabilizó la comunicacion con las letras del diario, lo primero que me preguntaron, señaló Iria, fue para qué queríamos la llave. Porque sí la teníamos, siguieron preguntando, será para usarla. Así que yo señalé de manera afirmativa y pregunté cuál es la naturaleza de la llave y a donde conduce. Me dijeron que a un planeta oscuro, donde no existe un sol, sino una luna llena casi permanente, similar a la de este mundo."


Simón no paraba de hacer gestos de incredulidad mientras ella relataba apasionadamente la experiencia de su investigación.

"La llave, siguieron diciendo las letras, es de origen atemporal. Se trata de un fragmento de material expulsado de un agujero negro. Los hijos de los antiguos lo diseñaron como una llave y le otorgaron una sola función: Abrir la puerta al mundo oscuro."

- ¿Como es ese mundo? -  pregunté emocionada.

"Te costará entenderlo, dijeron, existen seres sin forma que se sustentan de la energía de los formados, individuos "emergentes" de los pensamientos de otros que también comparten el mundo oscuro, los Logos. También existe una especie similar a la humana, enemigos ancestrales de los "sin forma", luchan contra estos con diversos resultados. Va por eras, unas veces ganan unos y otras dominan los otros no. Una simbiosis de existencias difícil de asimilar. Vosotros no podríais vivir en ese mundo, a no ser que la llave abriera la puerta de sur. Allí habitan todos los seres con forma, los llamados de manera genérica séptuples, ya que son siete razas diferentes."

En un determinado momento Iria  notó que la comunicación cada vez era más silenciosa, también más fluida, sin un ¿cómo?

El espacio circundante cobró vida y se sintió trasladada hacia un pasado remoto donde se desarrollaba la cultura "Amat". Nada menos que cincuenta millones de años atrás. Las letras escritas en el soporte psíquico le indicaron donde estaba. No daba crédito, no había una tribu con humanos antiguos en taparrabos viviendo en cuevas.

Iria se encontraba en el centro de una gran ciudad, que con solo echar un vistazo a su alrededor, se dió cuenta del nivel de conocimiento y desarrollo de esa sociedad. Los edificios parecen de cristal surgiendo como puntas hacia el cielo, abundan las formas cónicas y piramidales rodeadas de bosques que parecen emanados de la fantasía.

"Los Amat son como nosotros, dijo Iria, aunque más altos y de piel azulada, con ojos negros y sin pelo. Impresionan por su tamaño, incluso su cabeza es más grande, alargada hacia arriba."

Las letras hablan y ella toma notas y apuntes mentalmente con la técnica de "absorción analítica". Incluso puede comprender la escritura que figura en algunos lugares. Pasó un tiempo en aquella ciudad, tomando conciencia de su magnitud y volvió a su estado natural después de horas, quizás días o semanas, en aquél momento no lo sabía.

Apareció en su estudio, donde  había perdido la noción de todo, excepto de la experiencia vivida. El libro se había expresado.

Iria tomo un respiro y observó a Simón. Él, que no la había interrumpido en ningún momento, estaba extasiado con la historia.

Pero esto sólo era el principio...

 


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