La Llave Oscura (3/3)

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Estamos atravesando un desierto iluminado por una gran luna llena, abajo hay movimiento, aunque no parece vida humana, más bien da la impresión de ser una jauría persiguiendo a una bestia enorme pero veloz. Las luciérnagas no dejan de ocupar los flancos y alumbrar donde es necesario.

Sobrevolamos a baja altura la región de las Neipas, mujeres muy inteligentes que dirigen y administran su sociedad. Se establecieron en la zona más inhóspita y construyeron un hábitat perfecto para la existencia pacífica y la supervivencia. Los hombres son secundarios y básicamente se utilizan como sementales. Su organización gira en torno a la vida confortable.

Vemos a lo lejos, en el horizonte, una pequeña luz brillante, que se va haciendo más grande a medida que avanzamos. El Vivo no dice nada. La libélula sigue en línea recta sin desviarse, acompañada por sendas luces a sus costados.

- ¿Qué será? - Nos preguntamos

Es como una gota de luz en un desierto de piedra oscura. Poco a poco vamos descubriendo que se trata de una gran cúpula cubriendo un espacio inmenso en el que caben numerosas granjas rodeadas de un entorno ecológico superior. Árboles frondosos, vegetación verde, ríos. Parece un jardin-granja, de una perfección visual similar a un cuadro. Su tamaño es descomunal... Quizás unos cien kilómetros de diámetro...

Aparte de la luz de la luna, las Neipas utilizan luz artificial en grandes cantidades, para que su paraíso particular lleve a efecto la fotosíntesis. La cúpula es un gigantesco panel que capta neutrinos, y a partir de ellos, se produce energía de forma permanente e inagotable.

Cuando llegamos al exterior del hábitat, una plataforma se extiende hacia afuera y nuestro insecto se posa en ella, las libélulas se posan más abajo.

El Vivo aparece emergiendo delante de nosotros y nos dice que solo puede entrar Iria. Yo me quedo. Los hombres no son bien recibidos. No obstante pregunto qué hacemos aquí. El Vivo dice que las Neipas tienen un fragmento del diario en el que existe un Viviente esencial para cumplir la misión: Entregar los objetos a los Logos. Solo él conoce donde están.

Entonces Iria toma el diario y se va con el Vivo al interior del cascarón energético.

Mientras tanto, yo observo desde lo alto la vida que transcurre abajo. Sólo hay hombres trabajando en el campo. Las flores abundaban, los frutos rojos y amarillos oscilan al son de la suave brisa, que los mece ante la atenta mirada de los pájaros. Se ven vacas pastando y pavos reales extendiendo sus plumas para llamar la atención de las hembras. Parece irreal, como sacado de un cuento para niños. Podría quedarme aquí unos cuantos "días", bañandome en el río.

Estoy ensimismado, no sé el tiempo que ha transcurrido. Las luces se apagan y la tenue luz de la luna aún deja ver detalles del movimiento ahí abajo. Horas después se vuelven a encender y el ajetreo surge de nuevo.

Entonces aparece Iria sonriendo y exhibiendo el fragmento que faltaba. Sube a nuestro vehículo y salimos en la dirección indicada por el nuevo Viviente. Aunque el Vivo sigue siendo la imagen de interlocutor y guía.

Atravesamos montañas de nieves perpetuas, que proyectan un blanco fulgurante en comunión con los fotones lunares. Aquí también hay movimiento. La vida se da por doquier. El Vivo dice que se trata de seres emergentes. Víctimas principales de los sin-forma.

Iria saca de su bolsa un pequeño mapa que le habían regalado las Neipas. En él se observa perfectamente por donde discurren las montañas que estamos atravesando.

Más adelante empieza la región fría gobernada por la raza Acai. Individuos negros de más de dos metros de altura, muy torpes, pero muy inteligentes. Se caracterizan por hacer competiciones de caza de los sin-forma. Dominan los minerales de este mundo. Conocen los poderes de algunos de ellos.

El Trodio es impenetrable.
El Drugeno se ilumina cuando se acerca algún sin-forma.
El Fusoro es puro veneno para ellos, pero para los Acai es inocuo.

También inventaron unas urnas especiales para encerrar a los sin-forma. Ahora están investigando la manera de comunicarse con ellos a través de la urna.

Nosotros seguimos el viaje en la dirección que señala el Vivo. Según él, ya falta poco para llegar a la morada de los Logos. Miramos alrededor y solo vemos un páramo hostil lleno de piedras negras en las que se refleja la luz de las luciérnagas. El desplazamiento es silencioso a pesar del aleteo de los insectos. Es como si el aire fuera más denso, más cálido. La luz aumenta y se mueve como en una aurora polar.

Es una imagen insólita: una libélula iridiscente y dos luciérnagas luminosas a través de las franjas boreales de colores violeta y verde.

Vemos a distancia un bloque gris de apariencia megalítica. Sobresale entre los colores circundantes por su altura. El Vivo dice que hemos llegado. Los Logos nos recibirán en la cima del monolito. Nos acercamos y no vemos a nadie. Nuestros insectos se posan en la superficie negra y lisa. Parece un cristal negro tan pulido que nos reflejamos.

El Vivo dice que depositemos los Tres Únicos en la mesa que está a nuestra derecha. Así lo hacemos y de manera imprevista empiezan a aparecer todos los Vivientes del diario. Ya no son proyecciones luminosas. Son hombres y mujeres muy similares a los de la cultura Amat. Altos, azules y con un gran cráneo hacia arriba soportado por un cuello ancho y musculoso.

El Vivo ya no está de manera  individual. Ahora todos somos el Vivo, dice uno de ellos.
"En un pasado remoto cuando llegamos aquí, siguió hablando, fuimos expulsados por la especie que habitaba este planeta. Al principio todo iba bien. Intercambiamos conocimientos, progresamos, pero ellos desconfiaban de nuestra capacidad superior. Crearon un libro, que vosotros llamáis diario y nos encerraron en él.

Podíamos comunicarnos con ellos y proyectar una imagen luminosa a través del libro. Nos convertimos en exclavos dadores de conocimiento. Las gente de aquella especie que nos había encerrado, preguntaba insistentemente por las más cosas más variadas.

Llegamos a tener simpatizantes entre ellos que creían que no estaba bien tenernos encerrados. Un grupo de ellos se hizo con la ubicación del cofre y de la llave con el objetivo de liberarnos.

Mientras tanto las guerras entre ellos estaban haciendo desaparecer todo rastro de vida. Así que enviaron los tres objetos a un destino desconocido. Abrieron la puerta y lanzaron el libro y la llave a través de ella. Inmediatamente la puerta desapareció y la vida en este mundo fue extinguiéndose lentamente."

"Para los Logos o Vivientes tal como queramos llamarles solo les quedaba que alguien, allí donde fueran a parar los Tres Únicos, estudiará el significado de los objetos y se involucrara en el peregrinaje a este mundo."

- La fuerza universal os eligió a vosotros - dijeron, y gracias a ello volvemos a existir de igual forma que hace millones de años.

Entonces los Logos abrieron la puerta para el regreso de Simón y de Iria, pero antes les regalaron una impronta mental, para que pudieran  comunicarse entre ellos dos sin palabras...

 

 


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