LA CIRCUNCISIÓN COMO MARCA DE PROPIEDAD (2/2)

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     Nuestra subsiguiente preocupación fue a quién acudir, porque aun así le daba cierto pudor el dar a conocer su inconveniente, y deseaba preservar lo más posible la privacidad. No me quedó más opción que consultar del tema a mi amiga de confianza, la enfermera a quien en otras ocasiones había hablado de tantos temas íntimos. Me dijo que realizar la circuncisión no era un tema tan privativo del personal muy especializado, y que por encima de todo lo que más hace falta es una correcta higiene previa, y tener material médico con que atender la herida en los momentos posteriores. Hablamos largamente y en varias ocasiones, hasta que me sentí suficientemente capacitada como para eliminarle el prepucio redundante a Julio.

     Lo siguiente de relevancia es detallar las etapas del caso. Se desnudó, se acostó en la cama sobre una lona impermeable y separó las piernas convenientemente. No pude resistir la tentación de darle una buena felación, antes de nada, como premio adelantado a lo que vendría y tendría que soportar. Luego vino la concienzuda y amplia higiene del área genital, procurando lavarle intensamente el pubis y el escroto con toda su vellosidad, incluyendo el pene, ya fláccido y retraído, procurando desplazar el mismo prepucio para limpiar el glande. Mi amiga enfermera había hablado de cómo aplicar las inyecciones de anestésico, pero Julio me especificó claramente que no quería nada de anestesia, sino que deseaba sentir en un todo las etapas de la circuncisión, incluyendo la misma mutilación de su prepucio, porque deseaba tener un intenso recuerdo de la marca que yo le iba a dejar en su pene; es decir, ya no sería solamente una impronta física, sino también una huella en la memoria. Eso me encantó.

     Así que, para no entrar en detalles que no hacen al interés de esta historia, lo que hice fue tomar una pinza quirúrgica con mi mano diestra, asiendo el prepucio de Julio y estirándolo para poder tener un panorama general de todo lo que debía eliminar y hasta dónde, mientras con la izquierda sostenía la navaja con que de modo efectivo y eficaz circuncidé y eliminé tan desagradable excedente de piel. Inmediatamente se retrajo el material que debía ser conservado, y en la pinza quedó el prepucio como resto eliminado. Julio se quejó un tanto los primeros segundos, pero casi de inmediato logró aguantar valientemente el dolor punzante que le invadía sus genitales, al tiempo que su glande y parte del tronco de su pene quedaban expuestos definitivamente y para siempre. De inmediato cubrí la herida con una pomada que a la vez es desinfectante y cicatrizante, y le puse una venda suave. Mi amado Julio había sido limpiamente circuncidado. Luego daría inicio la convalecencia hasta lograrse la completa cicatrización, lo que le insumió un plazo de unos cuarenta días hasta que fue completa, y tuvimos la plena certeza de que no habría ninguna clase de lesiones sorpresivas ante roces, las primeras nuevas erecciones e incluso felaciones.

     De acuerdo al asesoramiento recibido, él estaría teóricamente recuperado a los 35 o 40 días luego de ser circuncidado, pero a los 50 días aún se sentía algo temeroso o preocupado de que pudiese lesionarse inesperadamente. Huelga decir que se sentía algo dolorido pero, principalmente y por encima de todo, bastante incómodo ante la nueva condición de su pene, dado que el glande y la parte expuesta del tronco estaban muy sensibles al más mínimo contacto, y el más leve roce con su ropa interior le resultaba extremadamente molesta; aunque simultáneamente, por paradójico que resulte, eso mismo lo llevaba a tener frecuentes erecciones, durante las que pude apreciar que la circuncisión había quedado razonablemente bien realizada, y la cicatriz se hallaba bastante lejos de la corona del glande, con lo que la piel conservada se estiraba extraordinariamente, incluso levantando un poco el escroto y, así, impidiendo completamente el acto de la masturbación. En resolución, que por un lado ganó en estética y en facilidad de higiene, pero terminó perdiendo en sensibilidad y en la capacidad de masturbarse, al menos por algunos años.

     Pasadas las primeras semanas de convalecencia, y poco a poco reiniciada su actividad sexual, Julio empezó a reportar con extrañeza y no cierta preocupación el hecho de que su sensibilidad al placer había cambiado definitivamente; y no es de extrañarse, dado que la parte correspondiente al prepucio definitivamente ya no existía; y, por otra parte, su glande expuesto de continuo le daba una sensación permanente. Y su vida sexual tuvo una mejoría neta destacada, ya que cada vez que sentía deseo sexual y no podía masturbarse, tenía la necesidad de establecer intimidad o con Nadia o conmigo. Ella y yo sabíamos que, antes de ser circundicado, él a veces se masturbaba, pero nunca llegamos a saber con qué frecuencia; y ahora, finalmente, quedaba de manifiesto su urgencia.

     Honestamente, debo decir que también yo salí ganando con todo esto, ya que empezó a querer frecuentarme con mayor asiduidad, lo que evidentemente me daba mayor gusto y placer; y si le sumamos que desde aquél momento se tarda mucho más en eyacular, entonces para mí es la felicidad total.

     Como consideración final, hoy día me permito reflexionar que estéticamente me gusta más el varón circuncidado que el intacto, además de que me brinda placer continuado durante más rato en cada encuentro sexual. Aparte de una higiene más rápida y fácil, el pene circuncidado casi nunca tiene olor desagradable, al paso de los años va formando una especie de película o cobertura de células menos suaves, quizá un poco más rugosas, lo que de algún modo estimula por frotamiento las paredes de la vagina, y esto redunda en una mayor estimulación y consiguiente satisfacción para la mujer. Y un pene circuncidado resulta más erótico. Por eso, desde estas sencillas palabras me gustaría alentar a mis lectores varones a que se dejen circuncidar en la adultez; me gustaría que accedan libremente y por propia voluntad, con pleno conocimiento de los amplios beneficios que les reportará, porque van a encontrar que su vida sexual se enriquecerá notablemente. Y a las mujeres, me permito alentarlas a que alienten a sus parejas varones a que se dejen circuncidar; principalmente, que ellas mismas puedan ser quienes los circunciden, en tanto que este acto puede ser motivo de un estrechamiento en la relación afectiva y de pareja: habrá un motivo extraordinario que les genere un recuerdo en común y una vivencia indeleble e incomparable.

     En nuestro caso particular, Julio me ha manifestado reiteradamente que no hubiera sido lo mismo haber sido circuncidado en una clínica y por cualquier profesional desconocida. Se siente honrado con que haya sido yo quien modificó su pene de un modo perdurable.

     Sobre todo, deseo dejar muy aclarado que me gustan los varones circuncidados ya en la adultez, aunque lo hayan sido de muy jóvenes, porque eso significa que previamente conocieron lo que es tener un pene intacto, pudieron conocer el cúmulo de sensaciones que ello produce, tienen la posibilidad de comparar el “antes” con el “después”, han tenido la capacidad de elegir libremente, y siempre tuvieron la oportunidad de masturbarse como para conocerse a cabalidad y saber de qué se trata exactamente el funcionamiento de sus genitales al momento de encarar una relación de pareja.

     Sin otro particular, solamente me queda terminar este pequeño escrito recordándole a mi público mi correo electrónico: careliaarcadievna@hotmail.com

     ¡Saludos, feliz orgasmo y exitosa circuncisión!


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