La Historia de Pilar y Carlos - Una Aventura de Pareja (2/4)

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Finalmente apareció X, un hombre que reunía todas las características que buscaban y que además tenía una charla agradable y educada. A pesar del tema que trataban, siempre fue bastante respetuoso y llevó las cosas de una manera que fluyeron naturalmente.

Llegó el momento en que las charlas no se podían extender más, había que decidir si se seguía adelante o se cortaba la comunicación.

Es una persona agradable, comentó Carlos en un momento que tocaron el tema Es cierto, y su charla es agradable ¿Qué opinas?, dice que ya tiene experiencia así que supongo que nos puede ayudar. ¿Ayudar en qué? Respondió agresiva Pilar No sé, si no sabemos qué hacer en algún momento. ¿Estás seguro Carlos?, no quisiera que arruinemos nuestra vida por unas horas. No te preocupes Amor, de mí no escucharas un reproche. Está bien, espero no nos arrepintamos, contestó pensativa aunque algo excitada, veamos si está en línea y fijemos una fecha.

Y aquí estaban, en el día y hora acordado, tomando un café mientras esperaban, nerviosos los dos.

Los nervios habían ido en aumento a lo largo del día, extrañamente más en Carlos que en Pilar, quien había tomado la actitud de, una vez tomada una decisión, seguirla hasta el final. Carlos la vio escoger su ropa, ducharse, vestirse y maquillarse, muy elegante, pero nada exagerado o llamativo. Cuando subieron a su auto, él le tomó la mano antes de encender el coche y la notó helada, cosa que contradecía la aparente tranquilidad que trataba de demostrar.

¿Estás bien? Sí, vámonos Si quieres cancelamos No, salgamos de esto No quiero que te sientas forzada, en serio Estoy bien, no estoy forzada, vámonos.

El café elegido por X estaba en una zona tranquila, pero relativamente cerca a muchos hoteles y alojamientos, habían decidido que hacer estas cosas en casa era imposible y peligroso e igualmente peligroso ir a casa de un desconocido, así que el encuentro se daría en un hotel, siendo ellos dos, no esperaban que hubieran problemas.

Un hombre de pantalón y suéter gris entró al café y se quedó un momento en la puerta mirando las mesas.

Ahí está, dijo Pilar sin poder evitar una nota de nerviosismo en su voz, había revisado tantas veces las fotos que envió él que estaba segura. Sí, es él, fue toda la respuesta

El hombre los ubicó y una sonrisa se dibujó en sus labios, acercándose hacia ellos. Carlos se puso de pie y se estrecharon las manos, luego se acercó a Pilar y le saludó con un beso en la mejilla, para luego sentarse en una de las sillas disponibles.

¿Cómo están? Preguntó con naturalidad Bien, contestó decidida Pilar ¿Los hice esperar demasiado? No, llegaste a la hora convenida, contestó Carlos.

Ella lo miraba sin dejar de sonreír y seguir la conversación, le parecía atractivo, pero sobre todo le inspiraba confianza por su actitud respetuosa. Se convenció que podía seguir adelante, esperando que Carlos no lo pasara mal y que en realidad fuera lo que deseaba.

El café se acabó y ya no había manera de dilatar más las cosas, fue X quien tomó la iniciativa

¿Qué me dicen? ¿Seguimos adelante con nuestro acuerdo? Sí claro, respondió Pilar Sí, dijo a su vez Carlos Pues conozco un lugar aquí cerca bastante discreto y agradable, o ustedes prefieren algún otro sitio. Creo que mejor donde tú digas, somos nuevos en esto como sabes Ok, entonces vamos, síganme en su auto, nos vemos de nuevo en la cochera.

Pagaron la cuenta y salieron a abordar su auto, vieron a X subir al suyo no muy lejos, salir del estacionamiento y quedarse detenido hasta que ellos lo alcanzaron, para empezar a moverse, guiándolos.

La pareja estaba en silencio, ni siquiera habían encendido la radio, sólo mirando al frente, a las luces del auto que los guiaba.

El viaje fue corto hasta que su guía entró en unas calles tranquilas, alejadas de avenidas principales y se detuvo frente a la cochera de un hotel, tocó la bocina y las puertas se abrieron dándoles paso.

Los dos autos ingresaron sin ver aun a nadie, se estacionaron al lado de X, que ya bajaba de su coche y salieron también.

Espérenme aquí un minuto, dijo y se encaminó al siguiente nivel, donde suponían estaría la recepción.

La espera no fue muy larga hasta que lo vieron regresar con un llavero enorme, típico de hotel, en la mano.

Vamos, dijo, el ascensor tiene acceso desde aquí.

Pilar había imaginado miles de veces la vergüenza que sentiría en la recepción de un hotel acompañada de dos hombres, imaginaba la mirada de reproche de la Recepcionista, o la lasciva burla, si se trataba de un hombre. Todo eso se lo había evitado X en un segundo y estaba mentalmente agradecida por eso.

Subieron al pequeño ascensor, quedando bastante juntos todos, si bien no era tan alto como su esposo, Pilar notó que si era más alto que ella, tal como había dicho y que a diferencia de las fotos, llevaba una pequeña barba de candado, luchaba por aparentar tranquilidad pero pensaba que seguramente los latidos de su corazón desbocado eran audibles en ese pequeño espacio.

Carlos mostraba su agitación mirando nerviosamente a su esposa y a X, a quien se le veía completamente relajado.

Sin darse cuenta, llegaron a su piso y las puertas se abrieron, ambos hombres le cedieron el paso, para que saliera, X miró el llavero que traía en la mano y les indicó una dirección, avanzaron por el pasillo hasta que X dijo sólo dos palabras

Aquí es.

Se detuvieron, X los sobrepasó y abrió la puerta, desde fuera se veía una habitación amplia, con una vista de un parque, que aparentemente estaba detrás del hotel, una mullida alfombra hacía que sus pasos fueran muy silenciosos. X cerró la puerta tras ellos y dejó la llave puesta en la puerta, como para que cualquiera pudiera salir en el momento que le apeteciera.

Los tres se miraron, aun casi en la entrada, la cama era de 3 plazas, la ropa de cama se veía suave y cómoda, un enorme espejo cubría una pared completa, a un lado, dos sillones y una mesita. El silencio empezaba a ser incómodo y Carlos dio el paso que iniciaría todo, tal como siempre había deseado, se sentó en una de las sillas, algo alejado de ellos como para no molestar, pero no sin antes girarla un poco para quedar mirando hacia la cama.

Esa era la señal que X esperaba, sin quitarle los ojos de encima, se acercó lentamente a Pilar, quien permanecía inmóvil, como hipnotizada.

Ella estaba inmóvil, pero todas sus alarmas internas sonaban, “corre”, le decían, “aun puedes llamar a Carlos y salir de ahí, aún no ha pasado nada”, pero otra voz también le decía, “ya estás aquí, déjate llevar y trata de pasarlo bien, quizá nunca se repita esta oportunidad”. Eran estas contradictorias voces las que al final la mantenían inmóvil, pero sus ojos veían a X acercarse lentamente, levantar su mano y acariciarle el cabello, sintió una descarga eléctrica cuando sus dedos rozaron su cuello desnudo y se le escapó un suspiro.

Carlos vio como X se acercaba a su esposa y escuchó el suspiro que escapó de ella, lo sintió como una detonación en su cerebro y una descarga de excitación lo invadió.

Pilar se rindió al sentir esa mano en su cabello y esos dedos rozar su cuello, se acercó y beso en los labios a ese hombre que apenas conocía y que recibió el beso con aliento cálido, besándola con intensidad y abrazándola con una mano en su cabeza y otra bajando por su espalda, aun completamente vestidos los dos, sintió sus pezones endurecerse y algo crecer en la entrepierna de X que se pegaba a ella.


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