La Historia de Pilar y Carlos - Viaje de Negocios (2/6)

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En un santiamén Carlos salió de la ducha y se vistió con ropa cómoda de casa y bajaron a cenar, llamando a gritos a sus hijos.

En la medida de lo posible cenaban en familia ya que el resto del día cada quien andaba en sus cosas, charlando y riendo. Acabada la cena, los muchachos se retiraban y la pareja se quedaba un poco más tomando un café y levantando la mesa. Fue ese momento que aprovechó Pilar para anunciarle el viaje a su esposo.

  • Pasado mañana viajo a la capital, anunció
  • ¿Ah sí?, ¿Trabajo?
  • Un poco, me ofrecí de guía para A que ya vuelve a España
  • Ah, el español, si he escuchado bastante de él, comentó.
  • Si, años que hablamos, pero es la primera vez que viene a vernos
  • Si lo sé, lleva una semana o algo así por aquí
  • Aja, lo llevaré a conocer algunos lugares y comer algún plato típico.
  • ¿Y si quiere conocer a fondo la población local? Preguntó con una ligera sonrisa
  • Pues también podría enseñarle algunas cositas, ¿te molestaría?
  • Sabes que no, sólo que en ese caso me hubiera gustado acompañarte
  • Sólo será un corto paseo, tonto
  • Bueno, pero si ocurre algo más que pasear y comer, ya sabes
  • Si amor ya sé, te avisaré donde estoy y luego te contaré todo.

Lo cierto es que su idea no abarcaba más que pasear, hacer unas compras si se podía y una buena comida, pero siempre movían el tema que sabía que le gustaba a su marido para calentar su ambiente de pareja.

El día siguiente pasó volando y muy temprano del día acordado se despidió de la familia y salió con rumbo a la capital, no le gustaba mucho conducir tanta distancia, pero pensó que para el paseo que tenía planeado haría falta el auto, además así no se esclavizaba de horarios de buses para ir y venir.

Unas 3 horas de viaje y llegó a la ciudad, no fue difícil ubicar el hotel donde se alojaba A, la mañana era fresca lo que hizo más agradable el viaje, se llevaron su auto a estacionar y en la Recepción preguntó por A, quien dio indicación que lo esperara, que venía bajando.

Se acomodó en un sillón admirando la decoración, se había vestido informal, cómoda para caminar con unos jeans y zapatos deportivos y una blusa tipo camisa color blanco, llevaba el cabello recogido en una cola de caballo y por si el sol apretaba llevaba una gorra en el auto.

A salió de prisa de su habitación, en realidad no había guardado muchas esperanzas que Pilar cumpliera lo prometido, pero igual se había levantado temprano y preparado para la ocasión con ropa cómoda para el posible paseo. Bajó y la vio sentada, esperándolo con la pierna cruzada y moviendo rítmicamente su pie.

Se saludan como viejos conocidos y salen al estacionamiento donde su SUV les espera para empezar el día. Pilar lo lleva a conocer algunas joyas arquitectónicas y a caminar por el centro de la ciudad. Él se muestra muy interesado, manteniendo una charla amena y la confianza lleva a algún roce de manos que ninguno nota, o si lo notan no lo mencionan.

Para almorzar, ella ha elegido un restaurant que ofrece un buffet de comidas típicas del país para que A pueda probar de la gran variedad de platos. El sol estaba fuerte ese día y por la tarde siguieron su recorrido, esta vez por el malecón con vista al mar y terminaron de compras para que A pudiera llevarse algunos recuerdos. Se había comunicado con su esposo un par de veces en el día sin ningún inconveniente.

  • Porque no te quedas a cenar, antes que te vayas, propuso A
  • Gracias, pero he caminado todo el día, me siento sofocada y algo sudorosa como para ir a un restaurante
  • El de aquí es muy bueno y si no quieres ir, podemos pedir que lleven la cena a la habitación. Si gustas puedes darte una ducha, tengo toallas extras.
  • ¿Tú crees?
  • Claro, vamos, no muerdo, bueno no siempre

Los dos rieron la gracia y se dirigieron al ascensor sin que nadie los detuviera. Llegaron a la habitación bastante amplia que A había tomado para pasar esos días, perfectamente en orden y con una enorme cama con ropa de cama blanca.

  • Pasa, toma lo que necesites, hay toallas y albornoz y todo lo que requieras en el baño
  • Gracias, respondió y se dirigió al baño
  • Adelante, mientras pediré la cena, ordenaré por ti.

Pilar entró al baño y puso el pestillo, para asegurarse de estar sola, se desnudó rápidamente pensando en quien estaba fuera, la ducha era enorme, con múltiples salidas de agua y tomó nota para comentárselo a Carlos, el agua a presión caía de todos lados y relajaba los músculos, era una sensación bastante revitalizadora, efectivamente el baño estaba bien surtido de jabones y shampoo por lo que escogió los que le gustaron y disfrutó del baño. Cuando por fin se decidió a salir, miró su ropa y los zapatos deportivos y le parecieron incómodos, recordó que A le había dicho que cenarían en la habitación así que pensó que podría quedarse en el confortable albornoz blanco hasta que llegara la hora de partir, no tenía sandalias, pero pensó que con el alfombrado de la habitación no tendría problema de andar descalza. Cerró bien el albornoz, muy grande que le cubría hasta debajo de la rodilla y salió secándose el cabello.

  • ¿Mejor? Preguntó A
  • Gracias por prestarme tu baño, estoy mucho mejor así
  • Pues es mi turno, dijo y se metió al baño sin molestarse en cerrar la puerta

Mientras terminaba con su cabello, Pilar miraba la espectacular vista desde el enorme ventanal sin prestar atención al ruido de la ducha cuando sintió que tocaron la puerta, se puso algo nerviosa y alzando la voz, pero sin entrar al baño preguntó

  • A, están tocando la puerta
  • Debe ser la cena, por favor déjale pasar y que preparen la mesa, no tardo. Ah y mi billetera está en la mesa al lado de la cama, dale una propina por favor.

Así que fue a la puerta y efectivamente era la cena, traída por una camarera perfectamente uniformada, le dio paso y ella se dirigió con su carrito a la mesa, no sin antes darle un repaso de pies a cabeza notando que sólo llevaba un albornoz, pero sin hacer el menor comentario ni cambiar la sonrisa de sus labios.

Sin embargo, Pilar ha notado la mirada, como de burla o reproche velado, pero no hace comentario, la camarera deja la mesa lista y se dispone a retirarse por lo que Pilar busca la billetera, saca un billete y se lo entrega quedando nuevamente sola.

Se sienta a la mesa a esperar, con las piernas subidas y abrazándolas cuando por fin sale A, con un albornoz igual que el de ella.

  • Espero no haberte hecho esperar demasiado
  • No te preocupes, la cena esta lista, contesta enderezándose y sentándose correctamente

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