La Historia de Pilar y Carlos - Viaje de Negocios (4/6)

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Poco a poco Pilar iba retrocediendo y A avanzando hasta que tropezaron con la cama en donde ella cayó emitiendo un pequeño grito para luego reír con risa nerviosa, A quedo de pie delante de ella, quien provocativamente separó las piernas, invitando al hombre a acompañarla en el lecho, quien no se hizo esperar ni repetir la invitación, se acercó acariciando la suavidad de esos muslos separados, el color en los pies, con uñas de un color que contrastaba con el color ligeramente moreno de su piel. Se fue acercando poco a poco a ese sexo que lo esperaba, de bello cuidadosamente recortado, se preguntó para sí si siempre iría así en esa zona o había llegado a visitarlo con la intención de llegar a donde estaban ahora. La verdad no le importaba así que volvió a concentrar toda su atención en esta mujer que respiraba agitada ante el placer que se avecinaba.

Pilar, recostada y apoyada en sus codos, miraba como A avanzaba entre sus piernas, acariciando la piel del interior de sus muslos, provocando que su respiración se agitara, lo que se notaba en el rápido subir y bajar de sus pechos, él le dio una mirada justo antes de llegar a su destino y deslizar su lengua entre los labios que se iban separando con la caricia y provocó un gemido, los movimientos de esa lengua eran lentos al principio pero fueron tomando velocidad , sobre todo al tocar el clítoris que crecía ante el estímulo. Ella cerraba los ojos y se mordía los labios para no gritar, no iba a demorar demasiado en terminar por lo excitada que estaba. Efectivamente en poco tiempo sintió que una oleada de placer subía desde su sexo, recorriendo su columna como un escalofrío hasta explotar en su cabeza. Esta vez no hubo control y gimió y gritó conforme su orgasmo la invadía, llenando de flujos su sexo.

A sintió el orgasmo de Pilar de muchas formas, las piernas se tensaron como listas a saltar, la mano que cogía su cabeza apretó y tiró de su cabello, el sexo se humedecía cada vez más hasta que ella arqueó la espalda, gritó y casi lo pateó con sus piernas fuera de control, pero él no se retiró hasta extraer la última gota de placer de ella que finalmente se relajó.

El espectáculo que tenía frente a él era de un sexo empapado, unos senos que subían y bajaban, no alcanzaba a verle el rostro, pero la imaginaba con los ojos cerrados recuperando la respiración. Hizo el intento de lamer ligeramente ese clítoris hinchado y sensible y cada musculo de Pilar se contrajo acompañado de un gemido. Sonrió al descubrirla multiorgásmica y no haber sido rechazado en este nuevo intento. Sin mediar palabra, la tomó de la cintura y la hizo ponerse boca abajo, tirando de ella hasta que entendió y se puso a cuatro patas, con sus caderas expuestas al borde de la cama.

Pilar sintió que le hacían dar vuelta dejándola de rodillas con el trasero hacia fuera de la cama, pensó que él ya no aguantaba las ganas de penetrarla y estaba a punto de decirle que se pusiera un preservativo cuando sintió que separaban sus nalgas con cierta violencia y una lengua le invadía desde atrás, recorriéndola toda, desde su otro camino hasta la vulva que brillaba de humedad. El placer volvía a nacer a los primeros roces y casi involuntariamente empezó a mover las caderas mientras A no cesaba en sus caricias, que, a la lengua, habían agregado unos dedos que la invadían sin ninguna dificultad por lo mojada que estaba.

A se sentía en el paraíso con la cara entre esas nalgas, acariciando suavemente el ano y jugando con sus dedos muy dentro de ella, quien empezaba a mover las caderas, señal que lo que sentía le gustaba, él siempre había sido un apasionado del sexo oral y los olores y sabores de una mujer lo enloquecían y excitaban mucho, tanto como para no querer parar, la sintió nuevamente tensarse y los flujos que emanaban de ella delató un nuevo orgasmo pero no detuvo sus caricias logrando encadenar un tercer orgasmo que provocaron los gemidos de Pilar y que se lanzara hacia adelante para alejarse de la caricia.

Pilar creía que enloquecería, su cuerpo bañado en sudor se tensaba como la cuerda de una guitarra al aproximarse uno y luego otro orgasmo, A parecía no querer detenerse y ella boqueaba apenas pudiendo respirar por lo que se lanzó hacia adelante sobre la cama, separándose de su amante.

En esos momentos de tanto placer, pensó en su esposo, que la esperaba en casa, sabiendo donde estaba ella y lo que estaba haciendo, al principio no había entendido el morbo que él sentía con esto, pero luego de un tiempo de practicarlo le agradecía la oportunidad de explorarse a sí misma y la confianza que le tenía y que ella no defraudaría por nada.

Una idea cruzó su mente y le provocó una sonrisa, A se estaba acostando en la cama a su lado cuando ella se levantó y se dirigió a la cómoda que estaba al frente de la cama, donde estaba su cartera y demás cosas. Tomó su teléfono, lo puso en silencio e hizo una video llamada, sin que aun contestaran lo apoyó con la cámara principal apuntando a la cama y para disimular tomó unos preservativos que vio en una canastilla, para regresar con ellos a la cama.

Muy lejos, Carlos miraba televisión en su dormitorio, sus hijos cada uno en su mundo y él distraído y excitado pensando en su esposa ausente, cuando de pronto sonó su teléfono, era una llamada de Pilar, contestó, esperó que la conexión se estableciera, pero sólo vio lo que suponía era una mano acomodando el teléfono y cuando se retiró vio a un hombre desnudo acostado en una cama, al poco rato apareció su Pilar, desnuda y subiéndose a la cama con este hombre. La excitación subió mil puntos de inmediato pensando en la locura que su mujer acababa de hacer, rápidamente se puso sus audífonos para que algún sonido no fuera a delatarlos frente a sus hijos y permaneció mudo, observando.

Pilar regresó con una sonrisa a la cama, dejando el preservativo en la mesa de noche ya que para lo que quería hacer, no lo necesitaría. Arrodillada en la cama, tomó el miembro duro y listo de A, acariciándolo con su mano, para sin mediar palabra, metérselo completo en la boca provocando un gruñido de sorpresa y placer, empezó un movimiento de vaivén acariciando completo ese pene que se endurecía cada vez más.

Que gusto das mujer, le oyó decir ¿Te gusta? Preguntó ella sonriendo ante lo innecesaria de la pregunta No pares, que bien lo haces madre mía

Ella jugaba con su lengua en la cabeza del miembro mientras sonreía, dio una ligera mordida lo cual generó una reacción de tensión y una exclamación, pero el pequeño dolor provocado fue compensado metiéndose el miembro entero en su boca. Continuo con ese juego, sabiendo que Carlos la observaba, completando la caricia de su boca con sus manos.

Me pierdo, eres una experta joder ¿Tú crees?

Continuará


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