Hedonismo puro #1

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Cada noche igual -pensaba mientras secaba mi largo pelo castaño y ondulado frente al espejo- no puedo dejar de pensar en follar -cruzaba mis piernas aguantando la excitación de todas las cosas que me apetecían hacer en ese momento-. Necesito salir ya y acostarme con el primero que se me cruce. Sí, eso haré.

Me rocié un poco de mi dulce perfume, ese perfume que siempre los volvía locos a todos, y me dispuse a coger mi bolsito negro con las llaves para salir. Era de noche, pero no era muy tarde aún. La gente estaba acabando de cenar en los restaurantes de la avenida por donde yo caminaba buscando el local musical al que me dirigía. Vistiendo un bonito vestido corto negro y bajo él unas suaves braguitas de encaje que me autorregalé el mes pasado por mis 19 años. No llevaba sujetador, no me gustaba apretar mis pechos con ellos, aunque tampoco es que mis pechos fueran muy grandes. Además, tampoco era muy alta, apenas llegaba al metro sesenta.

Buenas noches -le dije sonriendo al portero que ya me conocía por ser clienta habitual.

Muy buenas noches Sofía, guapísima -me devuelve la sonrisa muy respetuosamente- hoy vienes sola. Si tienes algún problema no dudes en darme un grito y voy como un rayo.

Si, necesitaba salir un poco de casa, gracias Iker eres un amor.

Iker era un hombretón grande y fornido, con rostro amable. Se había dejado un poco de barba, le quedaba bien, es bastante peludo y tiene un cabello muy bonito, corto, pero sin rapar.

Al entrar me llega el olor del alcohol, la gente ya va fina. Me siento en la barra y me pido una piña colada, me encanta el coco. Echo una mirada al local a ver si encuentro a alguien interesante. La luz es muy tenue, está bastante oscuro y la música suena algo fuerte hoy. Suena techno y el DJ tiene su rollo. Noto el calor en mi entrepierna de nuevo. Un hombre bastante guapo y bien vestido de unos 40 años se sienta a mi lado y se pide una copa. Noto que me mira de reojo y me acerco a su oído para hablar con el:

¿Hola, estás acompañado? -me aparto unos centímetros de su cara para ver si me responde. Él me mira con cierta sorpresa, sonríe.

La verdad es que si, estoy con unos amigos -hace una pausa, se queda mirándome con curiosidad- pero no me echaran en falta si me quedo un ratito aquí contigo, te apetece charlar?

La verdad es que no me interesaba hablar, ni llegar a ningún otro sitio que no fuera una cama, un baño, o cualquier lugar donde poder tener sexo.

Mmm... bueno -pongo mi mano sobre su pierna y me vuelvo a acercar a su oído- me apetece algo más... pero no quiero liarte si no puedes.

Me aparto sin quitarle la mirada, llena de lujuria, sonriendo pícaramente. Me devuelve la sonrisa y nos quedamos mirándonos en silencio.

Tengo el coche fuera -me tiende su mano y salimos del local.


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