La Historia de Pilar y Carlos - Un Recuerdo Lejano (1/6)

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Desde que se inició en este nuevo y desconocido mundo de ser liberales, Pilar y Carlos habían vivido nuevas experiencias, algunas con X, otras con otras personas que lograban contactar, con resultados mixtos, ya que aún no tenían la experiencia necesaria al momento de escoger. También les había permitido hablar de sexo con más libertad y franqueza, cosa que antes no sucedía o se llevaba el tema con mucho cuidado. Podríamos decir que ahora podían soltar cualquier barbaridad sin generar un problema mayor, simplemente una negativa o un ligero bofetón.

Carlos seguía siendo el de la lista de deseos más larga, algunos tontos, como disfrazarse de enfermera o de Caperucita Roja y otros francamente pasados y que sabía muy bien no se realizarían, aunque como el mismo decía, nada se pierde con expresarlo.

Algunas, si las cosas se daban, había aceptado pensarlo ya que casi todas la involucraban a ella y las que tenían que ver con otra mujer en brazos de Carlos habían sido respondidas con un rotundo no.

Seguramente un árbitro neutral diría que no era muy justo que ella tuviera encuentros con otros hombres, pero no quisiera ni pensar en Carlos con otra mujer y se disculpaba pensando que, en primer lugar, no había sido su idea hacerlo y en segundo, él jamás se lo había pedido.

Les hacía gracia y había dado un poco de picante en su vida que pudieran comentar entre ellos, muertos de la risa que tal o cual hombre estaba bueno, o que tal mujer parecía no tener muy conforme al esposo. Todo esto en plan de broma ya que una de sus reglas principales era que nunca nunca nunca se meterían con alguien que siquiera de lejos los conociera.

Así las cosas, vivían con una renovada energía, que la gente notaba en una mayor complicidad entre ellos y un amor que desbordaba, cada uno en sus trabajos y con la sorprendente novedad para sus hijos que algunas noches, su puerta estaba cerrada con seguro, dejándolos libres de vivir su amor, su pasión y sus nuevas experiencias entre ellos.

Un día como cualquiera, Pilar necesitaba acudir a una cita médica, no iba de buen humor ya que su viejo doctor de toda la vida se había jubilado al fin y la había trasladado con otro más joven al que apenas conocería ese día. No dudaba de su profesionalismo, pero no podía quitarse esa sensación al ser revisada y auscultada por un completo desconocido, el que tardaría en ganarse su confianza.

Llegó con facilidad a la dirección indicada, un edificio de consultorios médicos, preguntó en el lobby y tomó el ascensor hasta el piso que correspondía, caminó por un pasillo bastante concurrido con una amplia sala de espera, donde tomaron sus datos y le invitaron a esperar.

La espera se iba alargando, ella sabía bien que había llegado temprano, pero ya pasaban 20 minutos de la hora de su cita y se hacía tarde. Finalmente vio a una mujer con una bata blanca acercarse al lobby, lo que le hizo revisar la tarjeta que le había dado su antiguo doctor, ahí había un nombre masculino, pensó con alivio, la idea de ser revisada por una mujer la había sobresaltado por un momento. Estaba sumida en esos pensamientos y no notó que la mujer de bata se le había acercado y le habló.

¿Señora Pilar? Si, si, contestó rápidamente Buenas tardes, ¿usted era paciente del Dr. Z? Sí, el me transfirió aquí Si Señora, por favor sígame y disculpe la demora, el Dr. la atenderá de inmediato

Caminaba por el corto pasillo pensativa, se le hacía familiar esta mujer, pero no recordaba de donde por más que se esforzaba.

No podíamos ubicar su historia clínica, debido a que aún no he podido archivar convenientemente esos expedientes, pero deme 5 minutos y lo encontraré, le dijo mientras le cedía el paso a una salita bastante bien decorada y amoblada, con una puerta al fondo que suponía daría acceso, al fin, al consultorio médico.

Finalmente, la mujer cogió un expediente y le hizo seguirla, entró sin tocar y la presentó con el joven médico, entregando el expediente y retirándose de inmediato.

Los temores de Pilar se desvanecieron, el médico fue cortés, formal, pero a la vez claro y preciso en sus preguntas, no encontró nada serio, hizo una prescripción para los pequeños problemas encontrados y se puso de pie para acompañarla a la puerta, cerrándola tras ella, dejándola nuevamente en la salita, dónde únicamente estaba la mujer de bata tras su escritorio.

¡Soy la última? Si, el Doctor canceló sus siguientes citas por un tema familiar.

No terminaba de decir esto cuando la puerta se abrió nuevamente y el médico, esta vez sin la bata blanca, salió con prisas despidiéndose sin detenerse.

Mientras esta mujer anotaba sus datos y le hacía su recibo, Pilar la miraba con curiosidad, pero nada venía a su mente, estiró la mano con su tarjeta de crédito y ella se la recibió con una sonrisa y mirándola fijamente.

¿No me recuerdas Pilar?, dijo al fin, mientras pasaba la tarjeta por el POS ¿Nos conocemos?, preguntó intrigada pero decidida a averiguar quién era esa mujer. Soy Sonia, estudiamos juntas en la universidad

Como un rayo los recuerdos vinieron a su mente, Sonia, la loca del salón, Sonia, la hija de padres adinerados que vivía la vida loca y estudiaba por obligación, Sonia, la más solicitada por todos los muchachos, Sonia, la que …, adrede detuvo sus recuerdos ahí.

Hola Sonia, no te había reconocido, ha pasado mucho tiempo Si, que gusto volver a verte, dijo levantándose y dándole un beso en la mejilla, quedándose de pie.

Eran más o menos de la misma edad, pero a la vez muy diferentes, Sonia era más alta, sin contar que llevaba unos tacones altísimos, ojos azules y cabello muy claro sin ser rubio (fruto del teñido pensó Pilar). Mantenía la figura espectacular que recordaba en la universidad, resaltada por una falda y blusa q se avistaban debajo de la bata

Se te olvidó este, comentó Sonia señalando algo en el pecho de Pilar quien automáticamente agachó la mirada.

Sonia no esperó respuesta y llevó las manos a la blusa de Pilar, que presentaba un botón suelto y con habilidad lo cerró, rosando ligeramente la parte del seno expuesta.

Todo ocurrió en un segundo, sin dar tiempo a que Pilar reaccionara o se abotonara ella misma, asombrada vio como manipulaba su blusa en un gesto de ayuda inocente.

Gracias, fue todo lo que pudo decir No es nada Reina, le respondió avivando nuevos recuerdos. Disculpa, estoy retrasando tu trabajo, dijo Pilar a modo de excusa para coger su tarjeta y proceder a retirarse. Yo también estoy de salida, mi jefe acaba de irse, le contestó con una sonrisa, si me das un minuto bajamos juntas.

continuará


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