La Historia de Pilar y Carlos - Un Recuerdo Lejano (2/6)

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No le quedó más remedio que esperar, lo cierto es que siempre le daba gusto encontrarse con viejos amigos, ellas habían sido muy amigas por unos años, pero luego de ese día, se habían distanciado, pasando a simples saludos formales.

Listo, vámonos, la voz de Sonia la sacó de sus pensamientos.

Se dirigieron a la puerta, la vio activar una alarma y luego cerrar con llave, para dirigirse a los ascensores en medio de la actividad de los demás consultorios, entraron las dos solas, sin cruzar palabra y Pilar vio que marcaba el lobby y el sótano.

¿No dejas tu coche en el sótano?, o es solo para pacientes. No tengo coche, fue la respuesta ¿Y cómo te vas? En bus.

Algo no cuadraba en la cabeza de Pilar, Sonia era hija de una familia bastante acomodada y sus pretendientes generalmente andaban en la misma situación así que sus cálculos mentales la hacían poseedora de una posición económica holgada, ya le había parecido extraño verla trabajando de secretaria, pero esto del coche avivaba su curiosidad.

¿Dónde vives?, si quieres te puedo llevar, mi coche está en el sótano Te lo agradecería mucho, respondió dando una dirección que, afortunadamente, le quedaba de paso.

Salieron a la luz del atardecer y se incorporaron al tráfico de esas horas, Sonia reclinó un poco su asiento y con un movimiento se quitó los tacones, masajeándose los pies.

Ay perdona, ¿no te molesta que me descalce no?, todo el día con tacones es agotador. No hay problema, fue la breve respuesta, pero si te cansa tanto, quizá deberías usar unos tacones más bajos. Antes muerta que sencilla, le contestó riendo y provocando a su vez la risa de Pilar.

Pilar no podía contener la curiosidad y empezó con su batería de preguntas

¿Qué fue de tu vida? ¿Te casaste? ¿Tienes hijos? Pues aquí me ves, me casé sí pero la cosa no fue bien y estamos divorciados hace mucho, no tuvimos hijos y creo que fue lo mejor y a estas alturas, dudo que los vaya a tener. ¿Qué me dices de ti? Pues yo si soy casada y tengo dos hijos, ya tenemos mucho tiempo juntos, tú no lo conoces se apresuró a aclarar ante la mirada curiosa de su amiga.

Esos ojos azules eran hipnóticos y podía sentir su mirada mientras conducía, ella sólo podía voltear de cuando en cuando y siempre la encontraba mirándola fijamente.

Y, ¿conoces al médico que me atendió?, ¿llevas tiempo en ese trabajo? Lo que realmente quieres preguntar es cómo terminé de secretaria y sin coche, ¿no es así? No no, balbució Pilar, sólo fueron unas preguntas No te preocupes Reina, pero ya estamos cerca y no creo que me alcance el tiempo, si quieres te invitó un café en mi departamento y te cuento todo.

Efectivamente casi habían llegado y pensó en declinar la oferta y seguir su camino a casa, pero la curiosidad pudo más y con una sonrisa, aceptó la invitación.

Estaciónate en ese espacio, le guio y ante la duda le aclaró, es mío, no te preocupes.

Sonia se puso los tacones rápidamente y guio a Pilar hacia un edificio bastante elegante, pasaron al ascensor que las llevó hasta el 4to piso donde se abrió directamente en un enorme departamento con una impresionante vista de los parques de la zona.

¡Vaya!, exclamó, que hermoso lugar.

Sin embargo, el lujoso departamento aumentó las dudas en su cabeza, dudas que esperaba fueran aclaradas junto con el café.

Sonia había dejado los tacones a un lado y descalza se dirigió a una cocina abierta, donde se afanaba poniendo la cafetera a funcionar e inició la conversación con Pilar, quien se había acercado y sentado en un taburete.

Bueno Reina, supongo que este lugar te habrá generado más interrogantes aparte de las ya mencionadas. No te preocupes, no tienes por qué alimentar mi curiosidad

Pilar estaba algo sorprendida, ese apodo de “Reina” no lo había escuchado hace mucho, ya nadie la llamaba así.

Está bien, es agradable tener visitas y poder conversar un rato, ¿por dónde empiezo? No es necesario No hay problema Reina, este departamento es de mi familia y me permiten usarlo sin costo, una persona del servicio de ellos viene a mantenerlo como lo ves. Qué bueno, es lindo Si, pero no es mío, se inclinó sobre la isla de cocina quedando muy cerca de Pilar. Cuando terminé la universidad me metí en cosas muy malas, me casé con un hombre que resultó un vividor que se gastó mis ahorros y me dejó llena de deudas, tuve una fase de alcoholismo que ya superé. En algún punto mis padres se cansaron de apoyarme, pagaron mis deudas, me permitieron quedarme aquí, pero me retiraron todo apoyo y en gran parte su aprecio. Qué pena lo que me cuentas No te preocupes, conseguí el trabajo a través de unos amigos, nunca he ejercido mi profesión así que a más no podía aspirar, pero me alcanza para vivir tranquila, dijo con un suspiro.

El café estuvo listo y Sonia invitó a Pilar a sentarse a la mesa mientras ella llevaba las tazas y algunos panecillos. Cuando todo estuvo listo, se sentó frente a su amiga.

Ahora cuéntame de ti Reina, ¿qué ha sido de tu vida?, preguntó cogiendo la mano de Pilar que extrañamente no la retiró.

La historia entre estas amigas había sido corta, pero intensa. Se conocieron estudiando en la universidad y congeniaron casi de inmediato a pesar de las diferencias de carácter, Sonia era la extrovertida que andaba de fiesta en fiesta, tenía auto en una época en que pocas de ellas lo tenían y manejaba tarjetas de crédito pagadas por su padre. Pilar era más centrada, estudiosa y si bien no tenía carencias, andaba por la vida en transporte público.

Las amigas eran inseparables, Pilar siempre ayudaba a Sonia con sus estudios y trabajos y buena parte de su título profesional se lo debía a su amiga. Toda esta ayuda llevó al cariñoso apodo de “Reina”, a tal punto que muy rara vez pronunciaba su nombre.

Una noche, después de una fiesta, Pilar conducía el auto de su amiga para dejarla sana y salva en casa, las copas habían hecho su efecto y tuvo que aparcar y llevarla al pequeño departamento que sus padres le habían alquilado, tuvo que buscar en los bolsillos para encontrar la llave y la sentó en un sillón, disponiéndose a llamar un taxi para ir a su casa.

Sonia se había levantado de pronto y le estampó un apasionado beso en los labios que cogió por sorpresa a Pilar y no le dio tiempo de reaccionar cuando su amiga ya se había separado.

Por unos segundos se miraron, pero antes que pudieran hablar, Sonia se sentó y cayó hacia un lado como una muñeca rota, vencida por el alcohol.

Continuará


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