LA PINTORA HUMILLADA ( 1ª PARTE)

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María Jesús y Pilar, cuñadas, se ven en una cafetería del centro de la ciudad.

-Ya sabes que tu hermano y yo nos hemos comprado una casa en un pueblo dle Pirineo -le dice María Jesús.

- Sí, me lo dijo él.

- Es un sitio muy tranquilo, con hermosos paisajes, ideal para que pintes. Hay un alcalde pedáneo, media docena de habitantes censados y una sala en donde se reúnen para jugar a las cartas, ver la televisión y tomar algo. Ahí podrías exponer algunos cuadros. El próximo fin de semana ven con nosotros, así conoces la casa y el lugar.

Pilar aceptó la invitación. Al viaje se llevó los bártulos de pintura, una caja llena de tubos de óleo de todos los colores y varios lienzos. Durante el viaje de tres horas pararon una vez a repostar el coche y tomarse un café. Antes de meterse en un congostro, Antonio, el hermano de Pilar y marido de María Jesús, detuvo el coche es un espacio llano al margen de la carretera. 

-Vamos a dar un paseo para estirar las piernas y buscar unas plantas, enseguida volvemos -le dijo María Jesús.

- ¿No puedo ir con vosotros? -preguntó Pilar.

- No, quédate en el coche, por si acaso -le dijo su hermano.

María Jesús y Antonio desaparecieron en el bosque y al cabo de media hora, Pilar, impaciente, salió del coche y se dirigió hacia el bosque. 

Al cabo de unos pasos, oyó gemidos. Avanzó con lentitud, procurando no meter ruido con sus pisadas.

Oculta tras una mata de altos arbustos, vio a su hermano y a su cuñada desnudos, follando en un pequeño calvero.

 

Ella a cuatro patas, él detrás, embistiendo repetidamente entre gemidos de ambos. Apurada, inició la retirada sin poder impedir que unas ramitas crujieran bajo sus pies. Aceleró entonces el paso hacia el coche, se metió en él y esperó a la pareja.

Mientras Antonio y María Jesús se vestían, él preguntó.

- ¿Crees que nos ha visto?

- Ha podido ser ella, otra persona o un animal, pero a mí no me importa. Es más, me gustaría que tu hermana nos mirase mientras follamos. 

- A mí también me gustaría, a ver si la convences.

Regresaron al coche y reiniciaron el viaje.

- No habéis traído nada -comentó Pilar.

- No hemos encontrado lo que buscábamos -contestó María Jesús.

Una vez en el pueblo, enseñaron la casa a Pilar y en el cuarto que le destinaron pudo colocar sus cosas en un gran armario. Después dieron una vuelta por el pueblo y visitaron el local, acompañados del alcalde, en el que se reunían los habitantes de vez en cuando. Después de comer, Pilar cogió una libreta de apuntes, un lapicero y se dio una vuelta por los alrededores del pueblo dibujando bocetos para un nuevo cuadro que pintaría. Mientras lo hacía se le acercaron algunos lugareños para hacerle una serie de preguntas sobre su afición. Especialmente el alcalde, que no la dejó ni a sol ni a sombra.

Después de cenar se tomaron los tres varias copas de distintos licores, envueltos en una música sugerente que puso María Jesús en un tocadiscos. El matrimonio se sentaba en un sofá de tres plazas, Pilar en un sillón de enfrente. 

Antonio y Pilar empezaron a hacerse carantoñas, a acariciarse y besarse.

- ¿No te molestaremos? -le preguntó María Jesús a Pilar.

- No, yo ya me retiro a mi habitación.

Pilar se levantó, pero se sintió mareada y cayó sentada en el sillón. La cabeza le daba vueltas.

- Espera a que se te pase el mareo -le dijo María Jesús.

El que ya no esperó más fue su marido, que empezó a desnudarla.

María Jesús se puso a cuatro patas sobre la alfombra, Antonio se bajó los pantalones y la ensartó desde atrás. María Jesús gritó como una posesa mientras el falo de Antonio entraba, salía y entraba en su coño con gran ímpetu. Pilar no podía evitar mirar con atención. Se excitó, se levantó la falda y metió una mano bajo su braga para acariciarse. Las dos mujeres gruñeron de placer al unísono. Su hermano intentó que ella se dejase follar, con la anuencia de María Jesús, acostada en el suelo, pero Pilar se negó. Se limitó a acariciarle los cojones y la polla, a masturbarle y a recibir en la cara su semen. 

Pilar durmió en el sofá. El matrimonio en su habitación.

A la mañana siguiente, los tres actuaron como si nada hubiese sucedido. Pilar dedicó todo el día a pintar un paisaje en la calle, junto a la casa. 

De regreso a la ciudad de residencia, a Pilar la contactó un periodista de un diario local para hacerle una entrevista. Su nombre empezaba a sonar. En la entrevista habló del pequeño pueblo en el que había pintado su último cuadro y habló mal de sus pocos habitantes, calificándolos de catetos, ignorantes y pesados. La entrevista apareció en el diario dos días después. Su cuñada la citó en una cafetería y le reprochó que hablase mal del pueblo en donde había pasado el fin de semana. Antonio y el alcalde estaban muy enfadados, también el resto de los pueblerinos por haberles insultado.

- Lo siento, no sé por qué lo dije. 

-Has causado un grave perjuicio a los que viven allí.  Gente de los pueblos de alrededor visitan el lugar para reírse de ellos.

- No sé cómo compensarles. Llamaré al periodista que me entrevistó y le diré que era falso lo que dije de ellos.

- El alcalde quiere de ti otra cosa.

Pilar miró inquieta a su cuñada.

-¿De qué se trata? Haré lo que sea.

- Se trata de que te humilles.

- ¿Cómo quieren que me humille?

- Han perdido su dignidad con tus palabras, quieren que tú también la pierdas frente a ellos. 

- ¿Qué esperan de mí? Estoy decidida a lo que sea.


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