Lengua francesa (II) - gato y ratón

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Continúo con el relato, espero sea de su agrado.

Recapitulando

- ¿Pero acaso no había más estudiantes o el grupo era muy pequeño? Preguntaba yo esta y otras tonterías para prolongar el juego hasta que de pronto, como un trueno la profesora anunció:

- Jóvenes, terminamos esta sesión de forma anticipada por el día de hoy para que puedan apreciar el trabajo de nuestro grupo juvenil de fotografía del instituto.

Salimos todos del aula de forma organizada e ingresamos a la sala de exposiciones cuyos muros exhibían fotografías de paisajes urbanos y rurales variados los cuales han sido azotados por la violencia, fruto de la droga y el crimen organizado. He de comentar que la propuesta me cautivó por lo que me dejé llevar por la muestra de arte y me separé de Sarah, además; era imposible seguir con cualquier plática en vista de que cada ponente alzaba la voz para captar la atención, aunque, poco a poco advertía que Sarah invadía mi vista, como si quisiese estar allí; como si demandase mi atención.

«Maldita cautela» Pensé, sin embargo, algo en mis adentros decía que no era el momento de pasar al contacto físico, ese algo que parece más una mentira contada por un cuerpo temeroso que una precaución real. Me quedé entonces en la biblioteca de la academia por un momento buscando algo de literatura infantil; que mejor que aprender gramática francesa de las fábulas de La Fontaine o El Principito de Exupéri no obstante, la llegada tarde a la clase me pasó factura; salir sin desayunar de la casa, por lo que hora de retirarme. A la salida estaba Sarah ya preparada sobre su scooter para partir, nuevamente nuestras miradas se conectaron como cuando llegó a la academia, aunque esta vez podía imaginarme la expresión oculta bajo su casco.

- Chao, nos vemos pronto, dijo ella a lo que respondí de igual forma con una sonrisa amistosa.

Los días previos a la siguiente sesión anduve ejecutando diferentes planes, tratando de organizar mi vida y asistiendo a varias entrevistas - No nos llames nosotros te llamamos, la vieja y confiable respuesta de todo encargado; en fin, tratando de vivir y no hacerme de ilusiones con las personas o las situaciones el recuerdo de Sarah pasaba como un incógnito fugaz durante el día. No soy fan de los tatuajes, menos de los de ella, si bien su estilo no era el más original ni su cuerpo el más esbelto o su rostro el más bello de la clase de francés su expresión me trastornaba, me excitaba como el crío que fui antes de dejarme llevar por la televisión y la “mass media” de mierda que me bombardeó con ideas absurdas de cómo debería ser, lo que me debería gustar y aquello que debería DESEAR.

Llegaba tarde nuevamente a la clase, advertí a la entrada del insti la ausencia del scooter blanco y aguamarina de Sarah «O llega tarde nuevamente o no viene» Pensé. Al llegar al aula confirmé mi falta de imaginación, allí estaba; sentada en un extremo opuesto y hablando con otro sujeto de la clase. Un torbellino de sensaciones me invadió por unos segundos hasta que finalmente solo pude sonreír y cuestionarme «¿Fácil viene, fácil se va??»

Tan pronto tomé asiento junto a la puerta golpearon. Abrí, era una mujer de algo más de treinta y cinco años con aspecto formal que cruzó y habló unos instantes con la profesora, luego se presentó.

- Hola a todos, mi nombre es Camila y vengo de traslado de otro grupo de francés en cuyo horario me es imposible asistir...

- Ok Camila, siéntate junto a P, la siguiente actividad la vamos a hacer de a parejas, dijo la profesora, indicándole su lugar junto a mí.

Camila era una mujer muy formal, trabajaba en una empresa de costura, venía de estar haciendo el curso, pero debido a rotaciones de horario en su trabajo tuvo que cambiar las clases para el finde. Creo que nos entendimos muy bien, en general no me considero extrovertido, tal vez aquella sinergia entre ambos se debió a que siendo los alumnos más viejos en el aula había muchas cuestiones que habían dejado de importarnos por lo que, entre risas trabajamos desinhibidos.

Mientras realizábamos la actividad de pronombres posesivos pude notar una mirada fantasma. Sarah estaba al extremo opuesto del salón trabajando con aquel otro sujeto, un hombre delgado de cabello largo y barba, botas militares y pantalones caqui, las uñas de su mano izquierda cubiertas por esmalte negro y voz profunda; todo un semental rockero no obstante, la mirada de Sarah estaba perdida.

Advirtiendo aquello y con la mente en la clase me arrojé a la intuición, comencé a bostezar cada seis minutos para advertir que hacía Sarah, esta vez no me equivoqué, unos segundos después de varios bostezos ella estaba bostezando a mi ritmo; el juego del gato y el ratón no se puede llevar a cabo si falta uno de los dos.

La profesora anunció un breve descanso, fui a la tienda por un café y advertí que Sarah estaba sentada a lo lejos tomando café y fumando un cigarro, «Es la hora» Pensé, al acercarme noté que sacó una bolsa roja de su cartera que contenía un pedazo de papaya que; para mis adentros valía oro, de manera literal me estaba "dando papaya" para entrarle de lleno.

- ¡Que comida tan nutritiva! Exclamé con tono sarcástico.

- Obvio ¿Que más nutritivo que una fruta? Respondió ella de forma hostil, estaba preparada para pelear.

- Por supuesto comer fruta y acompañarla con un cigarro; espero no me malentiendas, no es como que tenga algún prejuicio con los cigarros o los fumadores, pero debes admitir que es una mezcla curiosa; le dije entre risas para calmarla y proseguir con la conversación.

- Ja ja ja, lo que pasa es que no desayuné y pues, estaba un poco estresada; respondió conciliadoramente.

- Pero estas bien, ¿verdad? Pregunté.

- Pues, así como vos tan sonriente no tanto sabes; respondió con tono particular.

- Trato de hacerme el ambiente, le respondí amablemente pero alerta - ¿Por qué lo dices?

- Es lo que veo, dijo ella con falta de ideas.

- Camila es una chica simpática, tiene historias interesantes y es graciosa. Respondí con varios propósitos.

- Pues Santiago sabe bastante, es modelo, hay una valla publicitaria con él posando en una de las estaciones de tren, parece un tipo muy interesante. Me dijo ella como queriendo competir.

- Ja ja ja por supuesto, desde la primera clase pude apreciarlo. Le respondí honestamente y preparando el siguiente movimiento.

 

 

Apreciados lectores, el relato se ha tornado algo extenso y tal vez este en particular para su gusto no sea de lejos el más erótico en la lista, pero a mi juicio es una transición necesaria.


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