M, mi primera madura (III) - Suave tormento y transición

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Apreciados lectores

Después de aventuras y desventuras que me alejaron durante años de la pluma retorno a culminar este relato, tal vez no de la forma más satisfactoria, pero con la necesidad de un remate que me ayude a dar paso a la experimentación de nuevas formas. Los cuentos previos pertenecientes a esta historia están dispuestos en la página por si están interesados.

 

Retomando

 

Todo un mes pasó en quince minutos ante mis ojos, exámenes fallidos producto del encierro en el piso donde tenía sexo desenfrenado y comida regalada acorralaron mi cuerpo y mente al rincón más animal, salvaje e instintivo; esta demás decir que M; tan complaciente como era ante mis apetitos, no me ayudaba a dominarme en absoluto. Todo se tornó serio cuando D volvió al piso.

Era una bochornosa tarde de septiembre en la que volvía del campus después de un breve encuentro estudiantil del grupo artístico extraclase del que yo hacía parte, había ingresado allí para conocer más personas y en particular más chicas, sin embargo; la parafernalia que implica relacionarse con los demás no era mi fuerte por aquel entonces por lo que volvía con el rabo entre las patas a la madriguera para perderme entre las piernas de M y finiquitar mis ansías de variedad femenil.

Entré al piso, en cuyo salón comedor aguardaba sentado a la cabecera de la mesa un hombre de complexión gruesa, talante severo, cabello corto, mirada inquieta y la piel blanca teñida de un rosado camarón como el de ese turista mal bronceado en la playa.

-¿Usted es el inquilino, verdad? Pregunto sin titubeos.

- Si señor, mi nombre es P, un placer conocerlo...Hice algo de conversa a aquel sujeto, puras trivialidades como si supiese de él nada en absoluto y realmente sabía poco acerca de él más que era policía y trabajaba lejos; no era un tema interesante al momento de platicar con M, y menos cuando la veía más para cogérmela que para chismosear respecto su vida en familia, craso error. Me disponía a culminar la charla para ir a mi habitación, pero de pronto el sonido de una llave entrando al cerrojo captó nuestra atención, era M acompañada de F y J; al parecer venían del instituto.

- ¡Llegaron las bellezas! Exclamó D con aire de sarcasmo.

- Y espere a ver lo que tienen que decir, dijo M confrontando a D.

Al escuchar a M pude advertir que su semblante había cambiado, no reparó en saludarme y solo me indicó el favor de retirarme. Así lo hice, dejé mi mochila en la habitación y salí un rato a caminar por el barrio a fumar algo de yerba, absorto en el aburrimiento de un polvo fallido imaginaba lo que estaba pasando, ni F ni J eran buenos estudiantes por lo que aquella escena estaría relacionada con eso, algo como repetir un curso, por ejemplo. Me senté un rato en la plazoleta a observar a los transeúntes y perderme en las cavilaciones vacías inducidas por la maría hasta medianoche; era momento de volver.

Abrí la puerta del piso que estaba a oscuras, ahora M se hallaba sentada en el sofá de la sala con la mirada en dirección de la ventana, la escasa luz de la calle que entraba por ésta me ayudo a distinguir en su rostro una expresión de tristeza acompañada de lágrimas. Me acerqué a ella para calmarla y por supuesto informarme respecto la situación.

-¡Vete! Ahora no te quiero aquí. Dijo gruñendo; la lasciva gata que conocí me mostraba los dientes de leona fiera.

- Ok, dije resignado yendo a mi habitación, rogando al destino que la visita de D acabase lo más pronto posible, no fue así.

Sin más, transcurrió una semana en la que inicialmente me propuse pasar más en el campus, estudiar y mejorar mis notas, sin embargo, me había anclado a la yerba traicionera por lo que aquel tiempo sin supuestas distracciones se escurrió entre mis dedos. Ya se iban a completar dos semanas sin señales de cambio hasta aquella noche.

F y J estaban de fiesta, M, D, y yo quedamos en el piso; por mi parte, estaba en mi cama dando vueltas inquieto, no podía conciliar el sueño sin la yerba y tenía una horrible sensación de tener arena en los ojos, de pronto escuché gritos y golpes que provenían de la habitación contigua que era de M.

-¿Cómo pudo? ¿Es que no tiene vergüenza? 

- Yo hago lo que se me dé la gana, a usted la mantengo como a una reina; mírese el culo, yo le pago su gym, el mercado y la vida.

- ¿Cuál vida? F va repetir todo el último año, ellos necesitan un papá...

Atento situé mi oído al muro divisor para escuchar y entender la situación; al parecer M pilló infraganti a D mientras respondía una curiosa llamada en su móvil, resulta que el buen D; que trabajaba como poli en aquél pueblo a no menos de seis horas y venía cada tres meses, había comenzado otro proyecto familiar; por no decirlo de otra manera, con una querida que conoció en aquella zona lejana donde trabajaba y a la cual ya había dejado en cinta hacía poco tiempo sin mencionar que, la susodicha querida no sobrepasaba las veinte primaveras, o eso fue lo que entendí porque de golpe el silencio retornaba al piso como si toda la pelea que aconteció se hubiese tratado de una alucinación producto de la maría o tal vez, porque recordaron que yo estaba allí en la alcoba contigua tratando de dormir. Y efectivamente sin más ruidos mis ojos cayeron cansados mientras mi pensar navegaba desconcertado porque aún con esa información no tenía alguna claridad respecto a mi posición en ese lugar o como obtener algún beneficio.

A la mañana siguiente me levanté y fui al tendedero de la cocina por ropa limpia; allí estaba M en el fregadero; volteó la vista al advertir mi presencia. Llevaba un pantalón rosa corto muy justo para sus piernas carnosas de yegua fina y una camisa blanca holgada, era su pijama; su cabello rizado estaba cogido en cola, que rico lucía.

-Hola M. Le dije a modo de saludo rápido.

- F y J llegaron a la madrugada, por lo que están profundos. Dijo ella como si nada; mientras lavaba su ropa interior en el fregadero.

- Ok. le dije habiendo retirado mis prendas del tendedero y yendo a mi alcoba, me bañé, cambié y preparé la mochila como un relámpago para salir, en aquel entonces; y aún por esta época, el reconocimiento de ciertos signos no se me da muy bien. Procedía a retirarme para ir al campus y fui a la cocina para despedirme de ella.

- M nos vemos más tarde, que tengas lindo día, dije.

- D salió muy temprano esta mañana, va para el pueblo. lo dijo mordiendo ligeramente sus labios.

«La puta madre, aquí fue» pensé, mi cuerpo la extrañaba y mientras iba hacia ella, que había vuelto a su oficio en el fregadero; mi verga se ponía como un garrote.

Me situé a su espalda y la rodeé con mis brazos, cada roce con su cuerpo aún vestido me quemaba por dentro, sus manos buscaban mi rostro para guiarme a su cuello que, descubierto de su cabello recogido, se mostraba terso y tierno. Aún sin que hubiese tomado el baño me encantaba el sabor de su carne y sudor, de una mano sostenía su cabellera que jalaba hacia mí, mientras con la otra exploraba dentro del camisón en sus pechos turgentes. Hay de mí, que rico apretarle esas tetas tan deliciosas, estaba poseído por el hambre de su cuerpo, su cara que hace varios días expresaba malestar hoy se dejaba llevar pausadamente por el placer de ser deseada, o eso pensaba yo; advertí que ella tenía su mirada aún hacia el frente y aunque su vista cada tanto se perdía hacia el techo de la cocina; ya sea porque le excitaba mi lengua en su piel o porque mi mano se lo ordenaba, su mirada volvía al mismo punto. No podía contenerme más.

- ¡Quiero estar dentro de ti! Le dije muy excitado, le bajé su pantalón corto apenas lo suficiente y me deshice del mío, levanté su camisa, ella volteó su vista de inmediato a verme mientras peloteaba sus nalgas redondas como perra, sabía lo mucho que me encantaba su culo que dirigía lentamente hacia mí, su sexo estaba húmedo pero firme, el gym de las últimas semanas lo ha fortalecido, movía su cadera de diosa de arriba a abajo forzando mi verga a entrar en su coño. Yo estaba a su espalda y sin embargo ella era la que controlaba la situación, el solo recuerdo de su juego con mi cipote me puso muchas veces más en el futuro cuando caía víctima de la nostalgia por la memoria de semejante hembra. 

No sé cómo pasó al estar yo absorto en tal frenesí, pero mi vista captó movimiento a través de la ventana del fregadero; el cual provenía de las plantas del jardín, M advirtió mi turbación y también volteó su mirada. Una forma humana apenas visible se podía distinguir allí y cuya vestimenta verde se camuflaba perfectamente entre el follaje, era el jardinero.

El espanto empezaba a recorrerme la médula, no obstante, la mano de M; que fue en busca de mi barbilla, fue más rápida guiándome a lo que tenía que ver realmente, no paraba de mover su cadera; estaba muy excitada. Volvió nuevamente su mirada al jardín, yo hice lo mismo y pude notar que aquel hombre se estaba masturbando mientras nos veía, M lo disfrutaba y era mi turno; sin soltar la melena que hacia de rienda de semejante fiera, le recorría desde culo a los pechos y viceversa; la empotré tan fuerte como pude contra el fregadero, con mi corazón gritando no y mi cadera diciendo si; podía sentir el cómo mi verga se abría paso y chocaba con su sexo para resbalar dentro de su ser, que estaba todo mojadito por la excitación.

- ¡Oh si, dame más!, decía M tratando de contener su voz; mientras, el jardinero a lo lejos se jalaba la polla siguiendo nuestro ritmo que iba en aumento.

 Mi cadera chocaba contra la suya víctima del deseo frustrado, los sonidos se hacían más duros y agresivos, sus gemidos más hondos, tuve que agarrar una de sus tangas aún sin lavar y ponérsela en la boca para ahogar su clamor; esto me puso mucho más a mí que, con mi sexo a más no poder, exploté en un orgasmo para el recuerdo en el que ese jardinero morboso nos acompañó a lo lejos y nos llevó a M y a mi hasta el éxtasis.

Con mis bolas descremadas, el jardinero ausente, M bañada en sudor y postrada en el fregadero; partí al campus con el cuerpo y el espíritu libres, pero con la mente inmersa en una atmósfera de sospecha, malestar y alerta.

 

Continua parte (IV)


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