La droga como alivio

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El drogadicto encuentra paz cuando fuma, inhala o se inyecta su dosis favorita. Un detonante de felicidad momentánea. Minutos después, este alivio se ha desvanecido y es momento de conseguir otro más. Así continúa, hasta formar un ciclo interminable que le costará la vida por intoxicación o si tiene suerte, saldrá de ese infierno por su cuenta aunque expuesto a una recaída.

Cuando se le pregunta a un consumidor habitual; ¿Cuál es la causa de esa conducta destructiva? Algunos responderán que sienten un gran placer y olvidan sus problemas; otros culpan a las fiestas con amigos; hay casos donde las usan para combatir la depresión e incluso para rendir mejor en el trabajo o estudio.

La droga es usada para potenciar el efecto de relajación y a su vez suprimir los pensamientos negativos. Por esa razón, cuando alguien ajeno prueba por primera vez, pese a que sea una dosis pequeña, existe una probabilidad muy alta de dependencia. Esa falsa sensación de placer extremo, euforia, fuerza física y valentía la quiere experimentar de forma permanente, por lo que busca aumentar la dosis hasta convertirse en adicto.

El consuelo es lo que se busca. Ya que en realidad, el adicto es consciente de lo que entra en su cuerpo y a cambio, pone su salud en riesgo sin importar las consecuencias a futuro. Sacrifica todo por obtener una alegría pasajera.


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