Porno drama comedia (I) - Putas fail (parte II)

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Continuación.

- ¡Vamos papi! Dijo, dejando escapar de su boca el aliento olor a pola.

«Será confiar y esperar» pensé en ese instante como El conde de Montecristo al final de la novela; cuan equivocado estaba, ese personaje resolvió tal idea después de hacer todo lo posible por no dejar al azar aquello que estuviese en su poder, y confió a la mano de Dios solo esas cosas que irremediablemente quedasen fuera de su propio control. Así pues, la bandida me llevó a un pequeño aparta hotel ubicado dos cuadras al norte del bar donde quedamos; yo como una oveja la seguí al ser incapaz de pensar con mi cabeza y no con la trola, que seguía dura después de todo.

Ingresamos a una habitación pequeña y sin ventanas con olor a humedad, paredes blancas manchadas y una cama sencilla en la mitad, la fulana se desprendió de su ropa como un rayo y yo todavía cargaba mi malestar estomacal. Pude apreciar a la primera sus hermosos ojos verdes teñidos de rojo por la resaca y el vicio, los muslos y la celulitis tan brava que arrastraban, nalgas caídas que engañaban al ojo por sus caderas prominentes, un par de pechos grandes y operados que no disimulaban en absoluto como el cirujano le había metido las siliconas por los pezones los cuales parecían rodajas de jamón dañado. Eso pensé en aquel entonces; ahora me resulta irrelevante después de tantas experiencias, lo que me cabreó en ese instante me jodería de igual forma al día de hoy, el problema no es el físico ni la estética sino el hecho que mintiese, eso era un puto negocio entre ella y yo y me estaba ofreciendo un servicio horrible con una mercancía que no se parecía en absoluto a lo que vi en el perfil de la web. Malditos filtros.

- Bueno mi amor a lo que vinimos. Me dijo la muy perra, con lo que pasó en el bar seguro pensó que yo era de carácter dócil y ciertamente no se equivocaba.

«¿Y ahora qué hago?» me preguntaba con el deseo del váter prevaleciendo sobre el de coger a la perra a vergazos.

- Dame unos minutos, voy a bañarme. Dije, tenía que sentarme en el váter.

- Dele mi rey, yo lo espero. Respondió ella sacando su móvil del bolso y acostándose en la cama.

Ya en el baño me saqué de encima la ropa y abrí la llave de la ducha para dejar escapar algo de agua y conseguir algo de tranquilidad usando el váter, el alivio fue inmediato. «Carajo, todo esto va de la mierda, cuando me venga me voy» pensaba insistentemente pero ya con la polla a medía asta; al poco tiempo, comencé a oír voces provenientes de la habitación, ella estaba hablando con alguien.

- No baby, es que eso no funciona de esa manera.

Cerré un poco la llave de la ducha y me asomé a la puerta para escuchar mejor.

- Lo que pasa es que si le pagan una hora, usted no se va a dejar culear durante todo el servicio, usted tiene que ver como hace tiempo, a veces hasta los clientes terminan enredándose ellos solitos. Decía la forajida, que estaba mandando notas de voz por Wp a una colega sin duda.

Ya con cara de idiota era momento de pararme ante la situación. «Vine aquí a que me robaran de frente»; con mi garrote tornándose flácido por la afrenta y la claridad volviendo a mi mente procedí a ejecutar un elegante y sofisticado plan, el de hacerme el gilipollas. Salí del baño apenas en toalla y la confronté como la comadreja acechando a una gallina.

- Chica voy a la recepción, tengo un billete grande y necesito forros, salgo a comprarlos a la recepción y consigo algo de cambio para pagarte lo acordado, no demoro ¿de acuerdo?, le dije con aire desinteresado previendo que pudiese tener como canjearme el papel moneda en su bolso y me pudiese agarrar.

- Hágale, aquí lo espero amor. Respondió sin dejar de ver su móvil.

Por fin había encontrado una apertura y era el momento de tomarla, me vestí tan rápido como pude, frente a ella, quedando todo desaliñado en comparación a como había asistido; corrí por la plaza como si realmente me hubiesen asaltado, volteando en cada momento para confirmar que no me estuviese siguiendo algún sujeto amigo de la meretriz o su padrote propiamente, no me detuve hasta que llegué al metro, durante el trayecto hacia la casa mi móvil no dejaba de vibrar en silencio, llamada tras llamada ignorada no hacía más que reírme sólo, después de esquivar la bala; había dejado a esa mal parida estafadora metida en la alcoba del horror con un pastel de mierda aparcado en el váter. Si es por mí, que se lo trague joder.


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